Si se enterara, algo ciertamente imposible, Jorge Luis Borges tal vez comentaría: “¿No selos había dicho? Los peronistas no son ni buenos ni malos; son incorregibles”. Es que losviejos adversarios políticos del gran escritor quieren repatriar sus restos, que descansan desdehace casi 23 años en el cementerio del barrio de Plainpalais, en Ginebra, para llevarlos a labóveda de su familia, en la Recoleta porteña.
De esta manera, Borges seguiría el camino de otros destacados argentinos que murieron en elexterior y cuyos restos ya fueron repatriados, como José de San Martín, Domingo Faustino Sarmiento,Juan Manuel de Rosas y Juan Bautista Alberdi.
La intención del oficialismo es concretar el traslado en agosto, cuando se cumplan 110 años delnacimiento de Borges.
La iniciativa es de la diputada “kirchnerista” por la Capital Federal María BeatrizLenz, quien planea presentar un proyecto de ley a fin de este mes o principios de marzo con elrespaldo de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), cuyo presidente, Alejandro Vaccaro, es unode los biógrafos más conocidos del escritor.
“Borges es un ícono de los argentinos. No importa si somos lectores hedónicos tal comoquería; él ya ocupa un lugar en nuestro corazón. La repatriación de los restos de Borges es algoque nos debemos y que le debemos”, explica Vaccaro en su departamento en la Recoleta, al queha convertido en una suerte de museo dedicado al escritor.
Por su parte, la diputada Lenz asegura que su proyecto de ley reclamando la repatriación de losrestos de Borges cuenta ya con el respaldo del titular de la Cámara de Diputados, AlbertoBalestrini; la vicepresidenta de la Cámara Baja, Patricia Vaca Narvaja, y el jefe del bloqueoficialista, Agustín Rossi.
Borges y el peronismo siempre se llevaron mal; el escritor nunca ocultó su antiperonismo furiosoy su desconfianza sobre la democracia (no sobre la República) pero, con sabiduría, relegó el tema alas declaraciones periodísticas: “Nunca la política intervino en mi obra literaria”,dijo una vez, y los estudiosos de su obra coinciden en eso, salvo el cuento La fiesta del monstruo,escrito junto a Adolfo Bioy Casares y publicado en 1955 en un semanario uruguayo.
En una Argentina profundamente dividida entre peronistas y antiperonistas, Borges tenía susrazones: a los pocos días del inicio del primer gobierno de Juan Perón, en 1946, fue“ascendido” de su puesto en una biblioteca pública a “Inspector de Aves yHuevos” de los mercados municipales. Dos años después, su mamá y su hermana fueron detenidaspor la policía en plena calle Florida porque, junto a otras personas, habían gritado contra Perón ysu esposa, Eva. Un juez las condenó, luego, a un mes de prisión.
Ahora, cuando aquella Argentina ya es historia, los peronistas, esos “incorregibles”como él los definía, quieren traerlo de Ginebra, donde murió el 14 de junio de 1986.
Según la voluminosa documentación reunida por Vaccaro, Borges manifestó varias veces su voluntadde que sus restos descansaran en la bóveda de su familia.
Por ejemplo, en su primer libro de poemas, de 1923, Borges “evoca una tarde cuandorecorrió ensimismado las ‘veredas que apartan los panteones enfilados’ y observó qué‘hermosa es la serena decisión de las tumbas, su arquitectura sin rodeos y las plazuelasdonde hay frescura de patios’. Luego de esa descripción poética en La Recoleta, se rinde asus pies: ‘Lo anterior: escuchado, leído, meditado, lo realicé en la Recoleta, junto alpropio lugar donde han de enterrarme’”.
“En el mismo sentido, muchos años después, en su Antología Personal, aclara: ‘Nopaso ante la Recoleta sin recordar que están sepultados ahí mi padre, mis abuelos y tatarabuelos,como yo lo estaré’”, agregó.
De acuerdo con Vaccaro, Roberto Alifano, amigo y colaborador de Borges durante más de diez años,afirmó que “en reiteradas oportunidades, no una vez ni dos, sino muchas veces, Borges expresóque su voluntad era que sus restos descansaran junto a sus antepasados en la bóveda familiar delCementerio de la Recoleta”.
Lo mismo había dicho la hermana del escritor, Norah Borges de De Torre, el 18 de junio de 1986.En una carta publicada en La Nación, Norah sostuvo que se había enterado “por los diarios quemi hermano ha muerto en Ginebra, lejos de nosotros y de muchos amigos”, y recordó que él“siempre quiso estar con los antepasados y con su madre en la Recoleta”.
Los partidarios de la repatriación de los restos de Borges han buscado toda esta hilera deargumentos porque prevén la oposición de María Kodama, la segunda esposa del escritor.
“Todos los argentinos están de acuerdo con esto; sólo se podría oponer María Kodama. ¿Porqué? Por un lado, es difícil de entender su mentalidad. Por otro lado, si Borges viene a laArgentina, ella lo pierde ya que va a la bóveda de los sobrinos de Borges”, sostuvo Vaccaro,quien ha mantenido disputas más bien sonoras con Kodama.
En su momento, Kodama, quien no pudo ser ubicada para este artículo, logró bloquear en laJusticia helvética un pedido de traslado de los restos del escritor a la Argentina realizado por susobrino, Miguel de Torre.
Por ese motivo, tanto la diputada Lenz como el biógrafo Vaccaro sostienen que la única manera derepatriar los restos de Borges es si lo reclama el Estado argentino a través de una ley. Segúnellos, “el antecedente histórico que más está emparentado con este caso es el del poetaRicardo Güiraldes, muerto en París en 1927. Sus restos fueron repatriados por una ley de laNación”.
“Además, el bisabuelo de Borges, el coronel Manuel Isidoro Suárez fue repatriado desdeUruguay y sus cenizas descansan en una urna de madera en la bóveda de los Borges, que fueconstruida para esa ocasión e inaugurada en 1879. Borges, presente siempre en los homenajes, avalóesa acción”, completó Vaccaro.




