•taiana y despues

Boudou, en zona de riesgo

En Olivos analizan el cambio de ministro de Economía. Cristina buscará reconquistar a la clase media y se envalentona: mide mejor que Néstor.

24-08-2026 | 14:12

Sostiene Cristina que el café no está amargo. Al revés de Pereira en aquella memorable novela deTabucchi, ambientada en Lisboa. Para ella, entusiasta y autosatisfecha –como las palomascuando se miran al espejo, según algunos etólogos–, todo ha cambiado a su favor luego de lossufrientes años que empezaron en el advenimiento de su gobierno, a los tropiezos, con la nefastavalija de Antonini Wilson y sus 800 mil dólares venezolanos. Confía en la economía para el restodel año (este mes y el próximo la taparán con dólares), supone que el último índice del costo devida no es estacional (por lo tanto, duradero) ni mendaz la cifra del Indec. No se asusta por lafalta de inversiones ni por el retiro de empresas extranjeras. Inclusive, avala las aparicionesvictoriosas y temporales de Amado Boudou con el superávit fiscal, operativos mediáticos paraocultar el fracaso por el canje de la deuda; a pesar de sus esfuerzos, Boudou es sospechado, másque nadie, para el tiro de decreto que lo desaloje de Economía, destino que también se atribuía aJorge Taiana, quien partió ayer de la Cancillería como anticipándose a un desenlace venidero y conla excusa de incompatibilidades con la Casa Rosada hasta ahora desconocidas en su dilatadatrayectoria en la alfombra roja. Al episodio Taiana, entonces, hay que agregarle la remocióneventual de Boudou, abriéndole la puerta al hoy titular de la Anses, Diego Bossio, comoreemplazante, quien encaja como el sucesor de Taiana, Héctor Timerman, en la más absoluta devocióna la pareja oficial. Además, a su equipo de jóvenes formados en la Universidad Católica que, seestima, también encantan a Néstor: al menos, los ha incluido como colaboradores para una escuelapolítica del kircherismo puro. Para el futuro, claro, como si descontaran que ese destino les estáasegurado. Cada uno con su gusto para el café.

Además, las encuestas empiezan a sonreírle a la dama –más que a su propio marido, lo cuales un triunfo del género–, la oposición ganadora el año pasado ni siquiera le arrancó lanecesidad de un veto (quizá, pronto, si se logra modificar la ley del Consejo de la Magistratura osi extiende el plazo para que Clarín venda sus activos a tres años en lugar de los 365 días queimpuso la norma de medios) y, sobre todo, ha resuelto en forma transitoria un dilema de tres años ysiete meses que la torturaba: el corte de Gualeguaychú, iniciado con su venia y la de Néstor enaquellas jornadas en las que se codeaban en dulce coro, por la ecología litoraleña, hasta con JuanCarlos Blumberg. Supone que la vía expedita al Uruguay podrá congraciarla con la tenaz clase mediarenuente a su gestión. Por lo tanto, siguiendo con la literatura, para ella ahora el café estádulce.
Tan dulce que hasta su idea de utilizar a la Justicia –con la intimidación de imputarpenal y nominalmente a los piqueteros del puente– como sucedáneo de la Gendarmería podríaconvertirse en doctrina y, quizá, servirse de ella para impedir futuros bloqueos callejeros en laprovincia de Buenos Aires y Capital Federal por gente quejosa y díscola, más atenta al bolsillo, elestómago y la política que al medio ambiente. El tema de la Justicia ahora parece arrebatarla:analiza una reforma, junto a su consultora de confianza, influyente y silenciosa que la acompañadesde los tiempos del Senado, la mujer de Bossio, Valeria Cora –no es casual tampoco elposible ascenso del joven funcionario– para quitarles autoridad a los jueces o colocarlos enun lugar menos activo y entregarles todas las causas a los fiscales, hoy por hoy no demasiadodestacados y más bien atentos a las instrucciones del procurador de la Nación. Casi un remedo de laoperatoria en los tribunales bonaerenses. Para Elisa Carrió, seguramente como para el resto delarco opositor, se trata de una medida que robustecerá aún más el poder oficial sobre laJusticia.

Inclusive, dicen, hasta rescataría la posibilidad del juicio por jurados, institución inservibleen los Estados Unidos aunque el cine la haya convertido en un modelo del derecho, pero que suponemiel para los oídos de la clase media. Tan poseída se encuentra por esta alternativa que noinvolucra a sus ministros en la propuesta –léase al polifacético Aníbal Fernández o al másespecífico Julio Alak–, seguramente para no distraerlos de las tareas cotidianas, al mejorestilo Néstor, e incurre en sugerencias externas como las que puede proveer el ex y cuestionableministro León Arslanian y su partner Carlos Beraldi, gente que para los santacruceños exhudaperfume francés. Una noticia desagradable para los magistrados, sin duda, los mismos que atiendennumerosos casos del próspero estudio Arslanian.

En el medio de los proyectos y en su nueva estabilidad, habrá de lidiar Cristina con el casoClarín, del cual con su esposo piensan emerger como salvadores de la libertad de prensa, losderechos humanos y otras transgresiones del pasado, sea por la suspicaz adopción de los hijos deErnestina Herrera o la anómala transferencia de las acciones de Papel Prensa, hace mucho más detres décadas. Tanto interés ha planteado en esta puja que, burlando su propia contención, en undiscurso presidencial habló de la mujer de Clarín como apropiadora, una violación inaudita degarantías constitucionales mínimas, y que por supuesto nadie denunció. A menos que ella dispusiera,en ese momento, de los resultados genéticos que todavía –se supone– no aportó elhospital Durand de los principales herederos del grupo.
Otro punto a considerar en estos tiempos de entretenimiento futbolístico –propiciospara realizar cambios sin que nadie se ocupe demasiado– justamente apunta a las derivacionesdel Mundial en Sudáfrica. Sobre todo, si la Argentina logra el título, presea o maleficio que noalcanzaron Carlos Menem ni Eduardo Duhalde y que Raúl Alfonsín no supo aprovechar en términospolíticos, quizá porque su entorno había contrariado a Carlos Bilardo. Más de uno aprende de lahistoria reciente, de los fracasos –para enrostrarlos convenientemente– y, de paso,usufructuarlos si el equipo de Messi supera el trance que falta y se consagra. Como elBicentenario, que es de todos pero especialmente nuestro. De los que presidimos.

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