No dudó, ni pestañeó. Cuando le ponen un micrófono cerca de los bigotes, primero dispara ydespués pregunta. Venía hablando de los facinerosos que hace una semana se amucharon para cargarcontra los judíos que participan de una fiesta cívica en homenaje a los 61 años de Israel. Alguienle preguntó por un tal Roberto Martino, sindicado como numen de un supuesto Frente de AcciónRevolucionaria (FAR), los responsables de los violentos incidentes de ese domingo. El ministro fuefiel a sí mismo y recordó su época de ministro de Carlos Ruckauf, en 2000, cuando Martino llevó 200personas a esa cartera y se apoderó de ella. “Detuvimos 59 personas, entre ellas a estecachivache, que estuvo 40 días detenido”.
Cachivache es la definición del ministro de Justicia y Seguridad para definir a un ciudadanoargentino de tendencias beligerantes, habitualmente atrincherado en grupos vociferantes yprovocadores. Además de ser un fenomenal insulto a la inteligencia más módica, la definición deAníbal Fernández, que hace una década larga cobra su sueldo como funcionario estatal, es de unaperturbadora frivolidad.
Si se supone, como dicen los diccionarios y estudios de modismos, que cachivache es un utensiliou objeto arrinconado por inútil, y así se suele denominar a las atracciones de feria, los trastos,bártulos, enseres, cacharros, cachirulos y armatostes, es complicado aceptar la definiciónfernandesca. Si quiso decir que el piquetero antijudío es “un artilugio u objeto al que nosreferimos de manera informal o un poco peyorativa, por encontrarse en mal estado, o por serinútil”, es más difícil aún admitir o relativizar el exabrupto ministerial.
El problema con Aníbal Fernández trasciende su oscuro y petulante manejo del castellano, esacompulsión insuperable a funcionar desde el sarcasmo irrespetuoso o la ironía mediocre. Máximofuncionario argentino en el sistema de seguridad interior, tiene la obligación de ser serio,riguroso, frugal en su retórica y preciso en sus definiciones. Es, en cambio, una figura folclóricay de verborrea vergonzosa. Así y todo, en una sociedad tan alevosamente subvertida en valores yprincipios, la ideología lingüística del ministro Fernández merece ser tomada como parangón paramedir otros casos, otras situaciones.
Martino es un cachivache, postula Fernández. Quiere decir que no tiene importancia, que es unchanta, un lumpen de poca monta, un perejil de tercer nivel.
La policía halló 107 proyectiles (diez balines de barro, 63 de vidrio y 34 de metal) en lariñonera de uno de los cinco detenidos (Leonardo del Grosso, Viviana Segovia, Damián Vekelo, DanielTerzano y Osvaldo Vázquez). Luego se supo que la escuadra del cachivache tenía una base enFlorencio Varela, en donde se secuestraron dos revólveres calibre 38 y otro calibre 32, veintebotellas molotov, gomeras, bulones y “miguelitos”.
Esta es la gente que se lanzó contra el acto al grito de “judíos sionistas, mueran”y “fuera judíos asesinos”. La patrulla del cachivache podría ser procesada porlesiones, resistencia a la autoridad y pertenencia a una organización “que quiere imponer susideas por la fuerza”, previsto esto último en el artículo 213 bis del Código Penal, con penamínima de tres a cuatro años y medio, y no es excarcelable. Dos de los cinco acusados carecen dedomicilio fehaciente.
Del quinteto detenido, sólo Del Grosso, notorio por su paso por el oscuro y servicial grupoQuebracho y participante en numerosos ataques callejeros similares, aceptó declarar ante el juez.Fue para alegar que él y sus camaradas sólo querían protestar contra la política de Israel en losterritorios palestinos.
El asunto se pone de un espesor truculento cuando se agrega que el grupo del cachivache disponíade 800 planes sociales, para manejarlos en su zona de influencia. El mismo tipo de subestimaciónintolerable practicada desde el Gobierno cuando les encuentran cadáveres en el ropero se aplica alas revelaciones de Luis D’Elía, devoto de Hugo Chávez y de la República Islámica de Irán,cuya confesión de que, enviado por Néstor Kirchner, arregló con Fidel Castro en La Habana el armadode la “anti” Cumbre de Mar del Plata donde la Argentina era el país anfitrión.D’Elía nunca fue rectificado. Este odiador profesional usa las mismas categorías que loscachivaches del FAR: no son antijudíos, son antisionistas.
En un teórico e imposible pedido de informes, se le podría interrogar al ministro Fernández porepisodios diversos y encarecerle que responda cómo los categorizaría.
¿Cuándo Néstor Kirchner habla del “ruidito de helicóptero” con el que estigmatiza atodo lo que lo precedió, es porque él y su mujer se manejan siempre por vía terrestre y sin esasmáquinas? Cuando sostiene que si el oficialismo pierde en las elecciones teóricamente legislativasdel 28 de junio les sobrevendrán los horribles del “neoliberalismo de los años 90”, ¿esporque él y quienes lo acompañan nada tuvieron que ver con ese período o con el gobierno peronistaque lo condujo?
¿Es Kirchner el mismo político que lanzó la campaña contra el Grupo Clarín, acusándolo de seruna usina golpista diseminadora de mentiras destituyentes y que abre las puertas de Olivos y comemedialunas con un conductor de Radio Mitre que, él sí, nada tuvo que ver con el Proceso, ni con los90 y jamás mintió?
¿Cómo calificaría Fernández a un Kirchner que asegura que con Carlos Reutemann “en lamayoría de las cosas hemos coincidido, hemos conversado, ha estado acá (Olivos) conversandoconmigo”? ¿Cómo se sostiene en Santa Fe la campaña kirchnerista del martirizado AgustínRossi, candidato de la pureza K en una provincia donde el oficialismo califica a Reutemann deenemigo jurado del “modelo”?
¿Cómo etiquetar los actos de una presidenta que, al repartir dinero a los siempre hambreadosactores, lo hace de la mano de Nacha Guevara y luego le asegura a Soledad Sylveira no estar encampaña, para lo cual le concede una “¿entrevista?” televisiva a la actual pareja delvicepresidente de Fernando de la Rúa, Chacho Alvarez?
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