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Cada vez más lejos de aquel “orgullo nacional”

Pasado mañana, Independiente recordará con nostalgia que hace 25 años empataba 0-0 con Gremio de Porto Alegre en Avellaneda y se quedaba con su séptima Copa Libertadores, que lo convirtió en el Rey de Copas, al menos en esta parte del mundo. Después, Boca le discutió ese título y la cosa se transformó en una cuestión marketinera más que real.

23-08-2026 | 04:17

Pasado mañana, Independiente recordará con nostalgia que hace 25 años empataba 0-0 con Gremio dePorto Alegre en Avellaneda y se quedaba con su séptima Copa Libertadores, que lo convirtió en elRey de Copas, al menos en esta parte del mundo. Después, Boca le discutió ese título y la cosa setransformó en una cuestión marketinera más que real. El Rojo había ganado 1-0 en la ida, en Brasil,con un golazo de Burruchaga y una actuación muy cercana a la perfección. Era lo que hacía falta.Gremio había ganado la Copa en 1983 y estaba peleando la del ’84. Esa vez, más el gran equipoque armó Jorge Solari en la temporada ’88/’89, más el de Brindisi que ganó el Clausuray la Supercopa ’94, deben haber sido los últimos equipos rojos que la gente recuerda dememoria. Goyén, Clausen, Villaverde, Trossero, Enrique, Giusti, Marangoni, Burruchaga, Bochini,Bufarini, Barberón. Esa era la formación, modificada a veces por Reinoso, Merlini, Bufarini oMonzón. En la segunda mitad del ’84, Percudani sucedió a Bufarini y se convirtió en broncepor el gol al Liverpool, con el que el Rojo completó el cuadro ganando la Intercontinental.
Una vez, Héctor Grondona –titular del Rojo en los títulos de Brindisi y en la Supercopa’95 del Zurdo López, último galardón internacional del club– dijo off the record:“Antes era más fácil. Había que tener contento a Bochini y armarle el equipo alrededor. Conun cinco que corriera y recuperara, un volante de buen pie que le devolviera las paredes y un buendelantero que concretara los pases del Bocha, Independiente podía contar con un buen equipo o conuno competitivo que peleara los cinco o seis primeros lugares. El problema empezó cuando se fueBochini. Nos quedamos sin referencia”.


Acá podría estar el origen del mal que Independiente arrastra desde hace muchos años: lafalta de referencia de un crack. El club no puede retener a ninguna figura. No pudo con Milito, nopudo con Forlán, no pudo con Agüero ni con Ustari. Ni siquiera pudo quedarse con Denis. Ya no hayun crack alrededor del cual hacer girar el equipo. Por supuesto, hay otro dato fundamental. Enaquel tiempo del que hablaba Grondona, el club tenía una economía sana que le permitía mantenercontentas a sus estrellas. Entonces, como era capaz de retener al Bocha, podía pensar en unaformación competitiva.
Había inferiores sólidas (de ellas salieron Reinoso, Percudani, Luli Ríos, Monzón, Garnero,Gustavo López, Rotchen o Rambert). Y en cuanto a incorporaciones, la última realmente importanteque contrató fue José Luis Calderón. No porque fuera mejor que los que vinieron, sino porque locompró en la cresta de la ola. Caldera venía de ser el goleador del torneo anterior. Independientefue, puso la plata y lo sumó. El club tenía prestigio y crédito. Ahora no pudo traer a Gary Medel yhace seis meses a Bolatti, luego de lo cual tuvo que conformarse con el paraguayo Diego Gavilán.
En 1986, Independiente fue por Islas –que tenía 22 años y era el mejor arquero de laArgentina– y se lo compró a Estudiantes porque el jugador lo forzó, sabiendo que ese pasesiginifica un progreso en su carrera.


La debacle actual tiene varios padres. Ya en los 90, Independiente pagó un millón de dólarespor Ramón Hicks, otro tanto por Arístides Rojas, dos millones por el Pepe Albornoz, otro tanto porel Yagui Fernández… En estos tiempos, el ecuatoriano Moreno le costó 900 mil dólares, lomismo que Damián Luna. El precio de 3.200.000 dólares que se pagó por Leonel Núñez alcanza parapreguntar quién lo vio jugar antes de traerlo. Porque después ningún presidente pudo detener lacaída (lo del ’94 fue una brisa, pero no marcó tendencia) y, lo que es peor, poco y nada sesabe del destino de cierto dinero importante que entró al club. Independiente vendió a Forlán,Vuoso (cinco millones de dólares al Manchester City, ahora no pudo repatriarlo desde México),Milito, Agüero, Ustari, Denis… Esto, sin contar a las operaciones menores…
¿Cómo es que no tiene el estadio listo?, ¿cómo es que no tiene un equipo competitivo?Agreguemos que las inferiores no sacan jugadores que rompan los moldes, que quien hace lasnegociaciones por lo general fracasa, que uno puede explicar la elección de Américo Gallego comoentrenador pero de ninguna manera la de César Menotti como mánager… No es Menotti alguien quele haya aportado demasiado a Independiente.
Hace 25 años, Independiente ganaba su última Copa Libertadores. Lleva 14 años sin obtener untítulo internacional. Fue ejemplo en el continente, fue el mejor club del mundo y el argentino másfamoso. Uno decía “Independiente” en cualquier parte de Europa y un futbolero de leynombraba de una al Chivo Pavoni, a Pepé Santoro, a Bochini, al Pato Pastoriza…
Ningún dirigente de la era moderna supo hacer valer esa gloria acumulada a través de tantos ytantos años, a través de tantos y tantos jugadores que hicieron de la camiseta roja una forma devida. Peor aún: la tiraron por la borda.
Da pena ver que este equipo ya no sea el orgullo nacional. Da muchísima pena ver que, si lascosas no se modifican radicalmente, el color sepia de las fotos de los tiempos de gloria se iráacentuando. Hasta ajarse.

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