•Estrategias politicas

Campos minados

Lo hemos visto muchas veces en el cine: los ejércitos que se retiran dejan detrás un campo minado, para que sus perseguidores vuelen en mil pedazos.

23-08-2026 | 17:47

Lo hemos visto muchas veces en el cine: los ejércitos que se retiran dejan detrás un campominado, para que sus perseguidores vuelen en mil pedazos. Otra escena típica: alguien se conecta auna bomba y amenaza con hacer volar todo –si hay niños, mejor– en caso de que laPolicía quiera detenerlo. Cambiando un poco las cosas, campos minados y bombas de tiempo sonrecursos políticos usados por quienes sienten amenazado su poder y piensan: “El que vieneatrás, que arree”.

José Alfredo Martínez de Hoz, súper ministro del dictador Videla, soportó cada día los embatesde otras facciones militares, especialmente los marinos. Se defendió con la “tablita”cambiaria; ésta garantizaba el valor de recompra de los dólares que por entonces entrabanmasivamente, y se colocaban en plazos fijos. Gran negocio, “plata dulce”, pues lainflación corría muy por delante de la tablita. Los ahorristas locales se sumaron y así, hacia1980, toda la plata del país, incluyendo la de la deuda externa, estaba colocada a treinta días deplazo. Bastaba con una sospecha sobre la vigencia de la “tablita”, para que todo elmundo corriera a comprar dólares. La suerte de la “tablita” estaba unida a la delministro, quien diría: “Si me tocan, salta todo”. Esto le permitió a Martínez de Hozdurar en su cargo cinco años, un tiempo récord. Dejó minado el campo, que estalló en 1982arrastrando, junto con varios bancos y muchos ahorristas, al general Viola, sucesor de Videla.

El campo minado de Carlos Menem fue la convertibilidad. Los primeros años, el mágico “unoa uno” redujo la inflación al mínimo y posibilitó el flujo de dólares que, como en tiempos dela “tablita”, podían recomprarse a un cambio fijo. Sirvió para que muchos se dieranmuchos gustos, cada uno a su medida. Muchos sabían que sólo se trataba de una “cadena de lafelicidad”. Pero cualquier salida gradual y regulada que intentara el Gobierno introducía laduda y anticipaba un estallido del que nadie quiso hacerse cargo. Ignoro cuál fue el cálculo de Dela Rúa. El de Menem me parece claro, dada su personalidad: dejó el campo minado para que la crisisle estallara a su sucesor, fuera De la Rúa o Duhalde. Le tocó a la Alianza cargar con los costos, ycomo resultado final, permitir el retorno de los peronistas.

Con Néstor Kirchner se arma una nueva bomba de tiempo. No se basa en los préstamos externos,sino en los ingresos extraordinarios generados por las exportaciones y concentrados en la caja delgobierno central. La clave de la bomba son los subsidios estatales. Los fondos fiscales se repartenentre las distintas instancias de Gobierno, con el arbitrario criterio de dar a unos y no dar aotros, sean gobernadores, intendentes o congresistas. Por otro lado, se subsidian los combustiblesy el transporte, así como algunos otros consumos masivos. Una tercera parte se distribuye a travésde las llamadas “organizaciones sociales”, y cumple la doble función de atenuar losconflictos sociales y a la vez, producir los votos necesarios para mantenerse en el poder.

Es posible que, en tiempos de vacas flacas, al mismo Kirchner le cueste mantener el sistema. Conseguridad, su sucesor en 2011 querrá cambiarlo, ya sea por razones presupuestarias, políticas, debuena gestión o éticas. Allí se verán los efectos de la bomba de tiempo armada por Kirchner: elreacomodamiento traumático de los precios, los legítimos reclamos de los actores del nuevo repartofiscal, hoy acallados por el látigo disciplinador, y los efectos que tendrá el corte de fondos aorganizaciones que mueven mucha gente y que reclamarán por lo suyo. Visto en el largo plazo, seráuna transición positiva. Pero en el corto plazo, el de nuestras vidas, sin duda las minasestallarán y quien más quien menos, muchos de los que vengan detrás de Kirchner volarán en pedazos.Otra vez, pensando en la índole del personaje, probablemente sea un efecto deseado.

*Historiador.

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