Carótida

Pululaban no pocos indeseables. Fueron felices con Menem, con Duhalde, y lo han sido con los Kirchner. Pero al margen de ellos, o a pesar de ellos, ese mediodía fui testigo de una profunda reparación. Mientras el septuagenario José Mujica hablaba, las conclusiones eran inapelables.

Carótida
24-08-2026 | 06:14

Pululaban no pocos indeseables. Fueron felices con Menem, con Duhalde, y lo han sido con losKirchner. Pero al margen de ellos, o a pesar de ellos, ese mediodía fui testigo de una profundareparación. Mientras el septuagenario José Mujica hablaba, las conclusiones eran inapelables.
El nuevo gobierno del Frente Amplio uruguayo (construcción política plural nacida hace 41años) presentó ante la comunidad de negocios del Río de la Plata a su binomio José Mujica-DaniloAstori y eligió para hacerlo no sólo a Punta del Este en el vórtice de un verano esplendoroso, sinoal rumboso Conrad, hotel kitsch al que el medio pelo progresista percibe como quintaesencia del“nuevorriquismo”, enemigo del pueblo.
Tuve el privilegio de estar cerca de Mujica, en una de las 300 mesas integradas porejecutivos de empresa, aunque no faltó el toque farandulero que se arrima a “la movida”con pétreo oportunismo.

Se podía constatar, 45 minutos antes de abrirse las puertas del ostentoso paquebote hotelero,que se venía un éxito. Una muchedumbre esperaba pacientemente para entrar, bajo un sol descomunal.Un risueño oriental que deambulaba por los pelotones de capitalistas, no pudo con su ingenio y meencaró: “Che, ¿pero qué pasa? esto parece la entrada del Centenario antes de unPeñarol-Nacional”.
La primera moraleja fue evidente antes de que empezara el almuerzo organizado por la Cámarade Comercio Argentino Uruguaya bajo el sugestivo lema “Los empresarios en el proyectonacional: desarrollo y reducción de la pobreza”, al que se arrimaron 400 empresarios deArgentina y decenas provenientes de Brasil, Chile, Paraguay, Venezuela, Israel, Estados Unidos,Alemania, Bélgica, Italia, España y China, además de centenares de uruguayos. Juicio inapelable ysabio: Kirchner lo hizo.
Los argentinos, encantados con el gesto y las palabras de Mujica y Astori, participaban de loque en la Argentina corrosiva y tóxica de estos años es inconcebible. Los uruguayos no se privaronde ninguna “humillación” para con los pedestres y belicosos argentinos, enfermos deagresividad, odio y revancha. La empatía inmediata que se percibía se fraguó en el espectáculo decivilidad colosal de los orientales

Si el chileno Sebastián Piñera, el colombiano Alvaro Uribe, el mexicano Felipe Calderón o elperuano Alan García ha-blasen de estímulos a la inversión, bajos impuestos, apertura a losmercados, seguridad jurídica y lucha contra el delito, sería muy sencillo obliterarlos,definiéndolos como perros guardianes del imperialismo yanqui. Pero quien hablaba a pocos metros deuno de los casinos más imponentes del hemisferio, estuvo 13 años en las garras del régimen militaruruguayo, incluyendo un primer lustro de confinamiento solitario enterrado en un agujero, como ésedel que nunca pudo recuperarse Raúl Sendic, fundador de los Tupamaros.
Mujica no fue uno de los jefes prominentes del Movimiento de Liberación Nacional, pero sí unode los más aguerridos combatientes de su vanguardia armada en los años de plomo, cuando esaguerrilla operativamente audaz pero políticamente dogmática y prepotente se burlaba de lademocracia y pretendía convertir a Uruguay en el Vietnam urbano en Sudamérica.

Al igual que los que sufrieron en serio (Mandela, Bachelet), en Mujica no hay odio, sarcasmoagresivo o pedagogismo discursivo. Revolucionario de armas tomar y con el cuerpo lleno decicatrices, primero saludó y agradeció la presencia de Julio María Sanguinetti y Luis AlbertoLacalle, ex presidentes legítimos de la democracia uruguaya, del Partido Colorado el primero, delNacional (blanco) el segundo.
No conforme con ese guiño de país maduro, agradeció a otros dirigentes políticos de losámbitos más diversos, como el blanco Jorge Larrañaga, el colorado Pedro Bordaberry y elindependiente Pedro Mieres, todos ellos civilmente sentados a las mismas mesas, todospertenecientes a un solo país.
Mujica no sólo no se cree superior: hace un culto de la sencillez. Podría ser una astutamaniobra de posicionamiento, sobre todo ante la desesperante y vergonzosa arrogancia argentina,pero quienes lo escuchaban se derretían cuando el hombre que asume la presidencia el 1º de marzodijo que el Frente Amplio ganó sólo porque sacó “unos votos más”.

Mujica se ufana, deleitado, cuando dice que, dentro de todo, y a pesar de sus problemas, en elUruguay los políticos caminan por la calle igual que la gente de este pequeño país, sin mayoresproblemas. Entrecerrando sus ojos pícaros y oscuros, el viejo guerrillero, soldado hace cuatrodécadas de una patrulla de audaces profesionales de la violencia que mataron gente, secuestraronpersonas y robaron a destajo, mientras peroraban que el poder nace “de la punta de unfusil”, deslumbró hasta el asombro a una platea cautivada.
Cinco ejemplos de la singular potencia de una verba popular auténtica, unida a conceptosespecialmente movilizadores:

“Quieran al Uruguay. No es perfecto. No se coman la pastilla.”

“Invertir no es una timba ciega. El gobierno tiene el deber de aminorar al máximo posiblelos márgenes de riesgo y ofrecer estabilidad.”

“Lo tenemos que afirmar los políticos, que ponemos la caripela con la gente.”

“Necesitamos un clima que propicie la inversión. Históricamente, hemos sido undesastre, preferimos sacarla para afuera, colocarla en un banco, no invertirla acá. Jugala acá, queno te la van a expropiar ni te van a doblar el lomo con impuestos.”

“Si queremos recaudar aumentando los impuestos sobre la misma masa de riqueza,estamos fritos, porque matamos la gallina de los huevos de oro.”

Sinceridad, modestia, claridad, sensibilidad popular, inteligente lectura de la época. Mujica esel antiverso, un viejo revolucionario que, derrotada su organización en la guerra, no sólo depusolas armas, sino que se desembarazó de las mentiras y trampas del populismo patotero como el quegobierna a la vecina Argentina.

Fue goleada, no sólo de Uruguay, del Frente Amplio y de Mujica. Era la reveladora radiografía decontraste con este desventurado tiempo argentino.

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