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Casi nada

Un vendedor de fósforos, como un cordero extraviado, se instala en el jardín donde desayunan Edward y Flora. Su mudez desata el derrumbe, una caída en cámara lenta que incluye un pony que emerge sigiloso de las nieblas del pasado.

21-08-2026 | 15:31

Un vendedor de fósforos, como un cordero extraviado, se instala en el jardín donde desayunanEdward y Flora. Su mudez desata el derrumbe, una caída en cámara lenta que incluye un pony queemerge sigiloso de las nieblas del pasado.
Rose y Bert alquilan una habitación. A Rose le gustaría que esta pieza fuera el refugio dondeel pasado –informe y huidizo como las palabras– no pudiera alcanzarla. Pero un hombreque vive en el sótano la llama por su nombre, incitando a las cosas a ser otras, otras que tal veznunca hayan sido.
Albert Stokes es humillado por su madre y por unos invitados en una fiesta, así que opta pordesquitarse, tan erráticamente como les es dado a los perdedores, con una prostituta que atesorauna foto propia de cuando era niña, y la presenta como su hija.
Dos asesinos a sueldo esperan en un sótano las instrucciones para matar, pero sólo recibenpedidos de comida a través de un montaplatos.
Deeley está casado con Kate. De pronto reciben la visita de Anna, una vieja amiga de ella.Esposo y amiga compiten por construir una versión de Kate que los incluya, porque el pasado ocurretodo el tiempo, y es probable que el presente se desvanezca, y ellos con él.
Harold Pinter se ha ido. No voy a despedirlo. Opto por mencionar esos rincones oscuros quevuelven a mí cada vez que pienso que el teatro es algo grandioso, imprecisable y balbuceante frentea la inmensa, tosca y pétrea injusticia del mundo.
Se lo rotuló hace tiempo como “un teatro de amenaza”. Supongo que fue peyorativo.Una manera de decir: es un teatro que “amenaza” con acontecimientos que nunca ocurren.Pinter hizo mucho más que eso: le dio al teatro la posibilidad de la sutileza, algo sin lo cualnuestra actividad sería hoy una pieza de museo.
¿Por qué escribía Pinter una nueva obra? “Para corregir los errores de laanterior.” Simple y cautivante. Implica saber que cada obra es imperfecta e inacabada, y quelo importante no tiene que ver con la producción de mercancías (u obras) sino con el procesoirracional que nos lleva a querer depurarlas. Sin ser religioso, Pinter le ha prestado al teatro deeste siglo la capacidad de trascendencia que se basa en el carácter amorfo y sagrado de lo no dichoy de lo que ocurre fuera de las palabras.
Pinter se retira. El autor vivo más importante de mi época empieza a vivir eternamente encada silencio de Kate, en cada balbuceo de Rose. Pinter ya es infinito, y allí a donde va loesperan Beckett, Chejov, Williams. Imagino que no se dirán nada. O casi nada. Ya entregados a lacontemplación pura. Y sin el estorbo fútil de las palabras.

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