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Casuística de la soberbia

Ignacio Echavarría suministra un ejemplo del “esperpéntico anecdotario” de persecuciones que sufren hoy los ciudadanos en nombre de los derechos de autor: como una sentencia de 2006 autorizaba a la Sociedad General de Autores y Editores de España a cobrar por la música que se ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo, la SGAE demandó hace unos meses a un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canon correspondiente, utilizando como prueba de su denuncia un video de cuatro minutos grabado durante la celebración.

Casuística de la soberbia
22-08-2026 | 20:28

Ignacio Echavarría suministra un ejemplo del “esperpéntico anecdotario” depersecuciones que sufren hoy los ciudadanos en nombre de los derechos de autor: como una sentenciade 2006 autorizaba a la Sociedad General de Autores y Editores de España a cobrar por la música quese ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo, la SGAE demandó hace unos mesesa un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canoncorrespondiente, utilizando como prueba de su denuncia un video de cuatro minutos grabado durantela celebración. Los novios demandaron la SGAE por grabar sin autorización ese video que vulnerabala intimidad del acto, y la entidad fue condenada a pagar 60 mil euros de multa.
Podemos agregar otros casos. Hace unos años, una profesora de literatura muy devota de losderechos de autor retrasó la inclusión de una novela agotadísima en sus programas de trabajo porquesabía que al año siguiente sería reeditada y no quería perjudicar a la editorial que habría depublicarla (el sello de referencia suele cobrar las ediciones que realiza, particularmente a losinvestigadores universitarios, que pagan con fondos que las universidades públicas proveen). Dichode otro modo: la profesora (que sabe manejar un mercadito cautivo) modificó sus necesidadespedagógicas para favorecer a una editorial privada.


Un profesor norteamericano pide a su colega argentino que le mande un artículo que piensarecomendar como bibliografía obligatoria, “así me ahorrás el trabajo de escanearlo”. Elargentino se niega, amparándose en derechos abstractos y mezquinos.
Hace unos meses, los sabuesos del capitalismo bloquearon el acceso a las páginas Derrida enCastellano, Nietzsche en Castellano, Heidegger en Castellano. Por fortuna, sus contenidos fueroninmediatamente replicados en servidores extranjeros.


La mistificación y fetichización de los autores (y de sus derechos), sin precedentes, quedomina nuestro horizonte, corre pareja con una creciente soberbia según la cual el autor es laúnica fuente de la obra y no debe nada al conjunto de relaciones que constituyen sus condiciones deexistencia (ni a las instituciones que le paga salario y le otorga becas).
Invirtiendo los torcidos razonamientos de las cámaras y logias de los usureros del concepto,habría que decir que las universidades o los DJ no deberían pagar un solo centavo en concepto dederechos, sino cobrar a las editoras un canon por la difusión y promoción de ciertas obras. Despuésde todo, el docente que recomienda la lectura de un capítulo de tal novelista o crítico estáindirectamente promoviendo la compra del libro, como las radios que promocionan los lanzamientos delos discos de las multinacionales.
Que alguien pretenda, en nombre de otra abstracción, el “trabajo”, arrogarsederechos de cobro en relación con públicos cautivos y agentes de prensa que cumplen obedientementesus funciones sin pedir retribución a cambio, sólo puede molestarnos, nunca preocuparnos.
El Mal no puede triunfar y no va a triunfar. Cuanto más paranoicos se vuelvan sus agentes (ycuanto más cínicos se revelen sus aliados, los “autores”) más claro quedará qué hay querecomendar que se lea y qué no. Los “convertidos en agentes del orden, en furibundosinstructores de legislaciones restrictivas y penalizadoras, en vigilantes celosos, en ávidoscontroladores, en perseguidores”, para usar palabras de Echavarría, que pasen a formar partedel índex de aquéllos cuya lectura no promoveremos.

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