Altos muros, rejas, garitas de vigilancia, cámaras remotas, agentes armados, alarmas yreflectores son algunos de los nuevos elementos que comienzan a dominar el paisaje de los barrioselegantes para protegerlos de la delincuencia. Doblando la apuesta, han asomado los cercoseléctricos, comercialmente denominados “barreras psicológicas” o “sistemasdisuasivos”.
Mauricio –quien prefiere reservar su apellido– es uno de los vecinos deltradicional barrio de La Horqueta, en San Isidro, que colocó cercos eléctricos en el perímetro desu casa. Se decidió a partir de que unos delincuentes entraran a su domicilio e intentaran robarleslas bicicletas de su jardín.
“Si bien el hecho fue sin violencia, y no llegaron a ingresar al interior de la casa,la verdad es que uno se siente muy desprotegido”. Agrega que eran menores, estaban drogados yaunque intervino la policía, no los pudieron detener debido a su minoría de edad.
Antes de difundirse su uso urbano, los cercos eléctricos eran sólo utilizados en áreasrurales para contener al ganado, en grandes predios industriales, en cárceles o en instalacionesmilitares.
Se trata de sitios donde el acceso o egreso de animales y personas debe ser radicalmenterestringido. Sin embargo, su aplicabilidad domiciliaria ha tenido un importante crecimiento en lasgrandes ciudades.
Según Daniel Banda, secretario de la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) ypresidente de la empresa de seguridad ProtekSeg, el 82% de los países del continente americanoutiliza como protección los “cercos perimetrales energizados”, tal su nombre en lajerga técnica. Y destaca como casos distintivos a las ciudades de San Pablo, Lima, Caracas, Bogotá,México y Santiago de Chile.
Si nuestro país fue hasta ahora una excepción, en el último año, impulsados por el avance dela delincuencia urbana y potenciados por la sensación de desprotección cotidiana, han crecidoexponencialmente los pedidos de colocación de cercos eléctricos tanto en countries y barrioscerrados, como en clubes deportivos, fábricas y hasta en casas particulares. Con todo, resultacontradictorio que esta práctica ya instalada no esté regulada. Su correcta instalación se deberíaajustar a la normativa del Ente Nacional de Regulación de la Electricidad, con la obligatoriedad decumplir con las normas de la Comisión Internacional de Energía (IEC) para instalaciones eléctricas.Sin embargo, el Registro Nacional de Armas (RENAR), que es el organismo que entiende en el tema,confirmó la inexistencia de legislación que avale o prohíba la utilización de cercos eléctricos enáreas urbanas.
El cerco, dice Banda, si está bien instalado “patea, pero no mata”: muchas dudaspresentan los usuarios porque suelen confundir la electrificación del alambre con la instalación deun sistema de cercos electrizados, cuyo alcance es apenas intimidatorio dado que genera una breve ycontrolada descarga energética. Cumple la función de disuadir.
Técnicamente, el sistema consiste en un tendido de alambres en cuatro a seis hileras sobremuros, rejas, balcones o medianeras. Los alambres se conectan a un generador de pulsos de altatensión, alimentado por una corriente alterna de 220 V. A través de un transformador se conviertenlos 220 V a 12 V, y se mantiene activado el circuito con una batería para casos de corte deenergía. La descarga recibida consiste en un shock eléctrico de alto voltaje y bajo amperaje,evitando de este modo, que quien lo toque quede “pegado” o sufra heridas. El micropulsoque se genera al contacto causa dolor pero no riesgos sobre la salud del intruso. En correctascondiciones de instalación, dicen quienes lo comercializan, el sistema detecta la“preintrusión” e inhibe la violación.
Sin embargo, a medida que esta práctica se difunde, los accidentes se suceden. Muchas veces,los propietarios conectan el cerco directamente a la red eléctrica de 220 V y allí cualquiercontacto es fatal. Ha habido varios accidentes. El último conocido fue el 21 de enero en Concordia,Entre Ríos, donde falleció una nena de 4 años. En tanto no se encuentre regulado, el tema es unproblema a resolver por la Justicia.
Para el arquitecto Ramón Rojo, especialista en normativa edilicia, como en general los cercosse colocan en viviendas ya construidas, nunca se presentan planos municipales que avalen lainstalación. Y al no existir un control por parte del Estado sobre el tema, se produce un mero actode buena fe: como sociedad, suponemos que se colocará bien, que lo hará un personal idóneo, que elproducto es competente y que la instalación eléctrica domiciliaria se encuentra en óptimascondiciones.
Mauricio, el vecino de La Horqueta, se asesoró sobre el funcionamiento y la legalidad delsistema e instaló los cercos con una empresa especializada, la que también le brinda un servicio deaviso en caso de violación del perímetro. “Uno nunca está seguro, pero este sistema nos damucha más tranquilidad”, dice.
Hasta demostrar inocencia. Como método de seguridad, además de novedoso, el cerco ofrece uninterés diferencial: su bajo costo frente a otros sistemas mucho más onerosos y no menoseficientes, ya que electrificar el perímetro de una vivienda pequeña cuesta menos de 6 mil pesos.Según Banda, colocar de cuatro a seis hilos de montaje sobre un paredón cuesta entre 65 y 90 pesospor metro lineal de cerco eléctrico. Una vez en funcionamiento, tienen el consumo energético de unalámpara pequeña.
En tanto se consolida la tendencia a instalar cercos eléctricos, el abogado Guido Ingrassia–especializado en Derecho tributario– asegura que dado que los cercos dan cuenta de unamayor capacidad contributiva por parte de los propietarios, éstos podrían ser alcanzados enproporción por los impuestos correspondientes. Para tal fin, debiera reconocerse un apartado paracercos en las declaraciones de mejoras a inmuebles, tal como se hace con diferentes tipos de techoso de pisos. En el Conurbano bonaerense, el paisaje suburbano de barrios tradicionales de San Isidro–por ejemplo– da cuenta de una utilización profusa e indiscriminada de este nuevoproducto “disuasorio”. Junto a las garitas de vigilancia y a los agentes uniformados,hoy conviven los cercos electrificados, alentados por una perniciosa y creciente sensación de miedoen la sociedad. La respuesta improvisada a esa falsa seguridad promovida –para RamónRojo– no es el miedo, sino la contención del problema a partir de una política de inclusiónsocial. Lo cierto es que los cercos eléctricos como sistemas disuasivos parecen haber llegado paraquedarse. Si bien por un lado hay empresas que los instalan a bajo costo y que garantizan sueficiencia, existe un enorme vacío en materia de regulación y de control que abre el juego a lasimprovisaciones. Y en el fondo de la cuestión, el cerco eléctrico ha tenido la habilidad de colocar–sin prejuicios– un espejo en el que la sociedad se mire y acreditar su rumbo.






