Posiblemente, usted esté curtido de leer sobre firmas de declaraciones rimbombantes que noquedan en nada. Pues bien, asómbrese, ése no fue el caso de la Declaración de Chapultepec y susdiez principios, que ponen en horma a los gobiernos y otras autoridades del continente respecto alcumplimiento de los principios de libertad de prensa.
Han transcurrido exactamente 15 años de su firma y ya la han firmado 55 jefes de Estado. Algunospresidentes no fueron invitados, como Fujimori, mucho menos Chávez. En Castro ni se pensó. A unoque otro firmante se le debió recordar, en su momento, el compromiso adquirido.
Tuve el honor de estar presente en el Palacio de Chapultepec y firmar en la primera página de ladeclaración. Hoy hay más de 75 mil firmas pertenecientes a políticos, jueces, ministros yciudadanos en general.
El organizador e impulsor de Chapultepec, James McClatchy, había dispuesto diez mesas en elpatio del histórico palacio. Alrededor de ellas, había personalidades de todo el continente comoJavier Pérez de Cuellar, intelectuales como Octavio Paz, y lo más granado del periodismo de Américalatina.
La declaración de Chapultepec ha sido el documento que más ha contribuido a darles el marco alos gobiernos sobre lo que pueden o no hacer cuando actúan en temas de prensa. Ha impulsado a que13 países hayan aprobado normas que obligan a las oficinas públicas a que proporcionen a losciudadanos la información que poseen; once países eliminaron normas de desacato y muchos tambiénreformaron sus códigos para ajustarse a los principios de Chapultepec. Fue el primer ordenamientodoctrinario que fijó el derecho a la información como un derecho humano. Sirvió de base para laDeclaración de Principios sobre la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos(OEA). Al año siguiente inspiró la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión deAfrica.
En el caso concreto de Argentina, me tocó, durante mi presidencia de la SIP, viajar en agosto de2005 con una misión especial para ver prioritariamente el uso abusivo que el gobierno de NéstorKirchner hacía de la publicidad pública (que no se use para premiar o castigar, dice Chapultepec).La reunión con Jorge Fontevecchia fue emblemática. El castigo que mediante la supresión de pautapublicitaria del Gobierno recibía Editorial Perfil era abusivo. Ahí surgió la idea de iniciar unreclamo judicial que hace unas semanas ha recibido un fallo favorable en el Tribunal. Se espera quela Corte Suprema lo ratifique. Chapultepec empieza con lo fundamental: que el ejercicio de la libreexpresión no es una concesión ni una dádiva de las autoridades, es un derecho inalienable delpueblo, un derecho humano. Alerta luego sobre las más emblemáticas agresiones a la libertad deprensa: entre otras, las interferencias a los medios y el uso de la fuerza para doblegarlos; lanecesidad de abrir la información pública; no aplicar la censura previa y el uso de la publicidadestatal para premiar o castigar a medios o periodistas.
¿Qué se ha hecho para que Chapultepec funcione? Mucho. Se han realizado reuniones hemisféricascon magistrados de las cortes supremas y con congresistas. Visitas a redacciones, reuniones conuniversitarios, entregas de premios y 30 foros nacionales en los que se evaluaba el cumplimiento decada país tomando como referencia el decálogo, y luego se publicaban los resultados con el pedido alas autoridades de que corrigieran las normas necesarias.
Lo invito a repetir este divertido ejercicio: revise las normas de Chapultepec (en el sitiowww.declaracióndechapultepec.org) y determine, sobre diez, cuáles se cumplen. Esa será la nota queusted le pone a Argentina.
Como puede ver, la declaración de Chapultepec sí funciona. Si usted quiere adherirse, ingerse aesa página web y coloque sus datos. La libertad de expresión se lo agradecerá.
*Editor de Cosas Internacional y ex presidente de la SIP.




