Si la operada de carótida hubiera sido Elisa Carrió, seguro que el lenguaraz de Aníbal Fernándezhabría dado por confirmado que a la chaqueña no le sube el agua al tanque. Pero el intervenido deurgencia resultó ser Néstor Carlos Kirchner, y Fernández (como Cristina y demás voceros delcaudillo aún en terapia intensiva) evitaron cualquier mención al verdadero nivel alcanzado por laaterosclerosis kirchnerista y a los riesgos cerebrovasculares del episodio. “La operación fueun éxito”, se limitaron a informar, cosa que era cierta y, a la vez, daba la idea de que DonNéstor acababa de alcanzar otro rutilante triunfo, cosa que no podía haberle salido de otra maneraa quien llegó al quirófano horas después de jugarse flor de picadito y con apenas un leve hormigueoen el brazo y la pierna. Nada más que un trámite, si se lo compara con los cuadros de cegueraparcial, desvanecimiento o desvarío con que suelen llegar a tales circunstancias la mayoría de losmortales, a riesgo de dar por hecho que lo son.
—En el quinto piso nadie tiene pensado morirse. Así que puede ir nomás, padre–tuvieron orden de decirle los custodios presidenciales al sacerdote Juan Torrella, enviadoallí por el arzobispo Jorge Bergoglio para darle a Kirchner, con presumible mal gusto, la unción delos enfermos.
La puerta del Sanatorio de Los Arcos iba tomando un color llamativo, entre un santuario y unacto de campaña. Imágenes del ex presidente y su sucesora esposa, velas, carteles de“¡Fuerza, Néstor” y jóvenes de La Cámpora (agrupación juvenil fundada por Máximo, elprimogénito K) con remeras que decían “Perón vive, Néstor vuelve”, que en ese contextosonaban a “Néstor vive” y carecían del espacio suficiente para explicar que Perónvolvió porque estuvo casi veinte años exiliado y no ansiando una virtual tercera reelección desdela inédita y mucho más cómoda categoría de primer caballero y flamante diputado
nacional.
Me dicen que, ya de vuelta pero en la residencia de Olivos (donde tiene indicada una dieta sinnada de colesterol y que ni se le ocurra agacharse a levantar nada), a Kirchner le llamó laatención que el más impresionado por su tajo en el cuello fuera Jorge Milton “Coqui”Capitanich, quien lo visitó durante largas tres horas el martes. Las malas lenguas pingüinassusurran que, en realidad, lo que más impactó al gobernador del Chaco fue la decisión de adelantarla reasunción de K en el PJ para el 10 de marzo en Resistencia, donde también se haría (en julio)la reunión de presidentes del Mercosur. El mandatario norteño dio las gracias, pero parece que losbesucones con el Gobierno nacional ya lo alteran aún más que su ex mujer, Sandra Mendoza,empecinada en defenestrarlo: la actual diputada está armando una red por mail y mensajitos de textopara lograr que no la aparten de sus hijos.
Mientras Capitanich dejaba la quinta, los asistentes de Cristina redondeaban la visitapresidencial a la inauguración de la nueva sede de la Federación Nacional de Peones de Taxis, aldía siguiente. Allí, ente una multitud de tacheros con banderas y gorritas y flanqueda por HugoMoyano y Omar Viviani, la Señora reforzó el estilo stand up de sus últimas apariciones públicas:
—Kirchner nunca se fue de la cancha ni se irá, sólo está en el banquito por unos díasporque se lesionó. Don Quijote decía: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”. Perovoy a adaptar la frase a una versión cristinesca: “¡Ladran, Sancho, señal de que sonperros!” –dijo. Curiosa la comparación entre la arteria que alimenta el cerebro y losligamentos cruzados de una rodilla o un isquiotibial. ¿No? Curiosidad II: uno de los principalesescuderos comerciales de los Kirchner se llama Carlos Sancho.
Tres taxistas que me llevaron de acá para allá esta semana (sin tener la menor idea de quiénsoy ni de qué trabajo) me contaron que estuvieron en el acto de su gremio y que no llegaron allíprecisamente por pasión, militancia o simpatía. Para cada uno había una gorrita y una bandera. Losregentes de las principales paradas de la ciudad (que son las más rentables y en las que hay quepagar para pertenecer) eran los encargados de las “gentiles invitaciones”. Les preguntési conocían La marcha del taximetrista, compuesta por Rodolfo Sciamarella (autor de célebres tangoscomo No te engañes, corazón y Llevátelo todo y de la mismísima Marcha peronista). Ninguno se lasabía. A dos se las canté: “Los taximetristas / para el pueblo entero / somos mensajeros defelicicidad. / Somos peronistas / y justicialistas de verdad”. No lo podían creer.





