•conflicto en la universidad

¿Clases públicas o particulares?

24-08-2026 | 18:38

Soy profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, perodurante el último mes no pude dar clases: el edificio estuvo “tomado” y lasinstalaciones ocupadas en lo que constituyó una especie de lock-out promovido por el Centro deEstudiantes, que impidió a trabajadores docentes y no docentes cumplir con sus obligacioneslaborales. Todo empezó en apoyo a las protestas de los secundarios y a los reclamos de otrafacultad, y siguió con una exigencia: imponer un proyecto propio para la construcción de un futuroedificio para Filosofía y Letras y una serie de limitaciones y condicionamientos para sufuncionamiento. Detrás de una retórica con remedos revolucionarios, es fácil descubrir la actitudde consumidores de un servicio, que pretenden derechos prioritarios para decidir sobre cómo debeser ese servicio –la enseñanza universitaria, que reciben gratuitamente– y estándispuestos a hacer valer esa pretensión a cualquier precio.

En este caso, grupos que sumaron algunas centenas de estudiantes ocuparon la sede principal dela Facultad, impidieron el paso a sus autoridades y montaron un escenario de movilización queincluyó el corte de la calle Puán por varias semanas, el simulacro de clases en los pasillos y larealización de asambleas para decidir sobre la marcha de la protesta. A las clases las llamaron“públicas”, cuando en realidad se trató de clases “particulares” porencargo del Centro de Estudiantes para grupos limitados de alumnos que se encontraban en el lugar.A la asamblea la llamaron “soberana” y pretendieron que sus resoluciones fuesenconsideradas la única expresión válida de la voluntad del claustro estudiantil. Este tipo deasambleas, una instancia de decisión no contemplada en el estatuto universitario, se presenta comouna forma de ejercicio de la democracia directa. Pero en lugar de constituir un espacio demanifestación plural de las voces de los estudiantes, en los hechos, se ha convertido en unmecanismo eficaz para la construcción de poder por parte de quienes saben controlarlas. En esasreuniones, por más amplias que sean, sólo participa una parte menor del estudiantado, la palabraqueda, en general, monopolizada por unas pocas voces y, siguiendo una larga tradición en lamateria, las votaciones decisivas se dejan para las 2 o 3 de la madrugada, para desalentar a losindependientes.

Cabe aclarar que, según las leyes que rigen el funcionamiento de la UBA, el máximo órgano degobierno de la Facultad es su Consejo Directivo, que tiene representantes estudiantiles (electospor voto secreto y obligatorio de todos los alumnos), así como de los demás integrantes de lacomunidad universitaria. En este caso, en lugar de llevar la discusión sobre el edificio a eseámbito representativo y ampliar su resonancia a través del debate público, los dirigentes delCentro (con mayoría del Partido Obrero, pero con apoyo de otros grupos) prefirieron la presióndirecta a través de la toma, con resultados a la vista: cinco semanas sin clase ni acceso a lasaulas, oficinas, bibliotecas, institutos de investigación y demás dependencias de la Facultad. Lasautoridades (el decano y su equipo) actuaron lentamente, como si apostaran al desgaste de losocupantes. Pero esa táctica terminó desgastando a todos, pues sí, finalmente, de la mano delConsejo Directivo, se llegó a un acuerdo que permite salvar la cara de los involucrados y diluirsus responsabilidades; nadie, en cambio, podrá salvar a la institución y a sus integrantes de laspérdidas generadas por un mes de parálisis.

La movilización estudiantil tiene larga tradición en la Argentina y fue, en algunos momentos, unmecanismo importante de defensa de la educación pública. Pero hace tiempo que vemos otra cosa:grupos de estudiantes se erigen en dueños de la verdad y buscan imponer sus proyectos por mediosviolentos. Así lo hicieron ante las dos últimas elecciones de rector de la UBA y así también,ahora, en Filosofía y Letras. Como en otros ámbitos de la vida nacional, frente a conflictos queson propios de una sociedad plural y compleja como la nuestra, se prefiere el uso de la fuerza a ladeliberación y la confrontación regulada a través de los mecanismos institucionales vigentes endemocracia.


*Historiadora, UBA/Conicet. Su último libro: Buenos Aires en armas. La revolución de1880.

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