•la mirada DE ROBERTO GARCIA

Cleopatra

Vengan a mí”, invitaba como el Señor, generoso, en una suerte de estampita del Sagrado Corazón, con los brazos abiertos. Esta invocación religiosa describe a Néstor Kirchner y a la gracia que les propone a los intendentes bonaerenses por si éstos incurren en pecado.

23-08-2026 | 12:55

Vengan a mí”, invitaba como el Señor, generoso, en una suerte de estampita del SagradoCorazón, con los brazos abiertos. Esta invocación religiosa describe a Néstor Kirchner y a lagracia que les propone a los intendentes bonaerenses por si éstos incurren en pecado o, al margende esas imperfecciones humanas, por si necesitan apoyatura política o económica en estos tiempos decarestía. Espíritu y materia en el ex mandatario. Así lo leen quienes escuchan el mensaje,advirtiendo que ese convite lleva implícito otra sugerencia: no es necesario que pasen por LaPlata, sede del gobierno provincial, para “llegar a mí”: hay vía directa y sin escalasentre las municipalidades y Olivos, entre esos feligreses municipales y el Vaticano kirchnerista.Sólo un zafio ignora que esa pródiga iniciativa pretende vaciar la autoridad de Daniel Scioli,puentear su estación de gobernador con un tren bala. Quien antes de las elecciones era “elamigo y compañero Daniel”, como siempre repetía el Sagrado Corazón en los mitines políticos,ahora hasta evita nombrarlo. Como en sus tiempos de presidente, cuando recomendaba nosaludarlo.

Por si alguno de los intendentes resultaba duro de entendederas, en su discurso Kirchner confesósu lamento por desviaciones de la oveja descarriada, su decepción por la forma de gestionar deScioli, incluyendo en la crítica inapropiadas designaciones ministeriales contrarias a su estética,sus tropiezos con algunos colaboradores directos del gobernador y hasta insinuó sospechas sobreprácticas non sanctas que, en todo caso, debiera plantearlas ante la Justicia. Sobre todo él, quiena cada rato repite con cinismo: “Yo me someto a la Justicia argentina”. Casi como sifuera propia y, por lo tanto, adecuada a sus intereses. Sorprende la ofensiva sobre Scioli, el bypass que promueve Néstor, un descubrimiento tardío y abrupto de un fallido administrador y conpresuntas irregularidades. Más bien parece la consecuencia de la última derrota electoral, unatransferencia de culpabilidades frente a esa complicación política que el sureño no reconoce peroque su estómago –recordar que el sensible curso digestivo de Kirchner siempre le ocasionódisgustos y sangrías, lo que lo obliga a una estricta metodicidad a la hora de comer– no cesade recordarle con agravios dolorosos en su cuerpo.

Por la razón que sea, repentinamente Scioli escaló a grados inusuales en el barómetro de ladesconfianza K, a pesar de que fue el sumiso y obligado ladero hasta la noche de la catástrofe.Inclusive, hay otra curiosidad más contradictoria: el ex presidente ahora ensaya alianzas conintendentes a los que entonces calificó de “traidores” (y a quienes, se prometió, iríana buscar a sus casas para sancionarlos por el encomendero Ishi, quien demostró poca palabra y menosacción en esa tarea) mientras decide distanciarse del gobernador con quien se abrazó en suprincipal y fracasado emprendimiento electoral. Veleidades de la política, tal vez.

El precio de una infidelidad

Unos creen que Kirchner enfría a Scioli porque éste, tras los comicios, persiguió algunacercamiento pacífico con el irritado sector agropecuario, señalándoles a los hacendados en suvisita –acompañado por otro de los favoritos de Néstor, el ahora sospechado senador JoséPampurro– que no se olvidaran de un dato elemental: “Daniel, el que está aquí, es elDaniel Scioli de siempre” (como si el de la candidatura testimonial hubiera sido otro). Unafrase que, amplificada, lastimó la piel oficialista cuando todos saben que, para Kirchner, no haytregua en su batalla con el campo (enemigo número 2) y con el Grupo Clarín (enemigo número 1), sonrazones de vida, el alimento de su supervivencia matrimonial, la guerra imprescindible, en marcha ytodavía a completar. Una infidelidad menor la de Scioli, si se quiere. Pero en el ojo del amo, enla visión de Olivos, ese episodio se multiplicaba por otros adicionales: el piropo y la entrevistadel gobernador con Eduardo Duhalde (enemigo número 6), consideraciones favorables hacia el exministro Roberto Lavagna (enemigo número 78), silencio capcioso en la discusión por la Ley deMedios, guiños de amistad al vicepresidente Julio Cobos (enemigo número 4 ) y, finalmente, unadesembocadura en la jerarquía de la Iglesia Católica (monseñor Bergoglio, enemigo número 3, a quien–se comenta– nadie del Gobierno nacional, incluyendo allegados, puede ver porinstrucciones precisas) que, como es público, la sola apelación a su existencia desata urticaria enel matrimonio. Hecho que, para ella, la Presidenta, resulta de particular cuidado: es una mujer contendencias eruptivas, afectada –entre otras causas– por picazones del stress, según eldermatólogo que la asiste en forma periódica.

Educando al gobernador

Quienes esbozan esa teoría suponen que hoy Scioli ha vuelto al ciclo taciturno que ocupaba entiempos de la Presidencia de Néstor –cuando una vez se permitió indicar que las tarifasdebían rectificarse–, época en que los dos popes familiares lo hundían en la indiferencia,cuando no en el desprecio. Otros, en cambio, le otorgan a esa movida otra intencionalidad superiory perversa: debido a que el gobernador es el más importante en el orden provincial, la eventualcabeza de una agitación federal, el oficialismo se sirve de él como modelo ejemplificador a tomaren cuenta por el resto de los colegas del interior. Una advertencia sobre castigos futuros por sialguno se insubordina, tentando a su vez a rivales o ambiciosos por el cargo del rebelde,denunciando a la víctima por inconductas o fabricándole anomalías, tarea en la que ha descolladoNéstor y su aparato informativo. Por si persiste la ignorancia: a Scioli lo tratan desde la CasaRosada como a un crío al cual se le conceden monedas antes de ir al colegio, cuatro pesos para elsándwich, tres para la gaseosa, dos para el viaje. Aunque le corresponda otro derecho más adulto alEstado provincial, como a él mismo. Pero el sosegate kirchnerista a través del goteo de dinero parapagar sueldos o continuar obras no sólo educa a un gobernador, intimida a otros.

Para Scioli, se inicia una etapa ardua, escaso de fondos, con el by pass de los intendentes yacechado por quienes se prueban su traje para el 2011: desde el jefe de Gabinete Aníbal Fernández,con pronóstico reservado en las encuestas, hasta el sempiterno continuador de su estilopositivista, Sergio Massa, otro que se marchó de Cristina por magro apego a la lealtad y ahora, conla reversión ambiental, se postula al retorno aunque sea al fútbol aficionado en Olivos, hasta deaguatero. Pecó, como su antecesor, de urgente oportunismo: al menos, así lo cree el matrimonio,descalificándolo por no preveer los veloces cambios de humor en apenas 60 días. No fue el único enerrar sobre el tiempo, ese lapso en que reinaba la depresión extrema en la residencia (recordar elforzado silencio de Néstor) hasta la llegada de estos nuevos vientos, cuando el dúo empieza arespirar exaltación, un triunfalismo atávico del Sur, casi para descorchar el champagne con lapizza. Si hasta se modificó, aseguran, el estado de ánimo de “Cleopatra”, esa canichetoy o pekinesa clarita –perdón por la falta de versación al respecto– que persigue ydomina a Cristina como Jazmín a Susana Giménez, entregada a los caprichos de esa mascota concerebro diminuto y excentricidades histéricas. Aunque más de uno lo piense, en este caso el animalno responde al carácter de la patrona: “Cleopatra”, nombre que en el bautismo caseroeligió la hija de los Kirchner, ya arrastra en su origen debilidades congénitas, justamente las queprovocan el afán protector de la Dama Primera. Casi semejante al mismo espíritu que trasciende aNéstor cuando dice: “Yo, ahora, voy a estar más por los pobres (incluye piqueteros y barrasbravas), son mi refugio para más adelante”. En su caso, está hablando de votos.

La política de quemar naves

Mérito de la recuperación, entienden, exclusivamente reservado a la pareja presidencial: nocomparte el rédito con nadie –nada nuevo esto, basta ver su declaración patrimonial–,no le deben consejos a ningún Alberto Fernández (como éste solía vanagloriarse antaño), a ningúngrupo asesor, mucho menos a determinado ministro, ya que en mayoría sugerían modificar actitudesdespués de la derrota para aliviar la tensión en el país. Un avanzado en ese sentido era Julio deVido, a quien Néstor suele apartar con la expresión: “Vos, de política, no entendésnada”. Sólo los Kirchner persistieron en su designio radical a favor del enfrentamiento condeterminados sectores –más ella que él, por momentos, casi una pasionaria DoloresIbárruri–, quemando naves para evitar defecciones, imponiendo decisiones a rajatabla y acosta de expresiones más concesivas que, a espaldas del matrimonio, susurraban los laderosasustados por su propio futuro. De ahí que Néstor y Cristina, por lo tanto, son los únicosautorizados a cobrar el billete premiado en la ventanilla si hoy se admite que el bolsillo políticoy económico ha comenzado a darse vuelta a su favor.

Llegó la hora de la venganza

Para el matrimonio, ha cesado el peligro, se conservan ciertos focos del incendio a extinguir yahora se imponen otro raid, venturoso –creen– para ambos y quizás vengativo. Disfrutancon la economía que les depara un mínimo brío, una parcial recuperación de la actividad, niprotestan porque unos pocos ganan mucho dinero con los bonos, agradecen que en el mundo se hayacontenido la recesión, sonríen porque en lugar de irse, la flamante amenaza es que los dólaresvengan (negocio financiero, es cierto), al fin de esta semana, la señora Cristina podrá decir queha cambiado el FMI, se arreglará con los hold-outs y el Club de París, además llueve anticipandopromisorias cosechas y el 2010, en suma, promete mejorar la performance del que lánguidamentecaduca. Si hasta el dúo relata que el curso elegido por Amado Boudou le concedió al ministerio otrorol, más fulgurante, y en ese sentido no temen reiterar: “Es el mejor de todos los quetuvimos en Economía. Silencioso, el muchacho, aparte”. Como si Carlos Fernández, el que loprecedió, no hubiera sido callado.

Está claro que Boudou se ganó un lugar a la vera de la pareja, pero las preferencias personalesde Cristina se detienen en la consulta frecuente al marido de una ex secretaria, Diego Bossio, hoya cargo del ANSES, un treintañero venido del Banco Hipotecario (instituto que tambien donó unasesor clave en Economía: Mario Blejer). Bossio ya es un habitué de Olivos, polifuncional, triscapor la casa con cierta autoridad y sin apelar al felpudismo de alta y baja altura que caracteriza aOscar Parrilli, retransmisor de los comentarios radiales de la mañana o de los comentariosaparecidos en los diarios, con algun aditamento delator sobre los autores. Más o menos, la mismafunción que durante una hora y media, todos los días, ejercía un jefe de Gabinete con NéstorKirchner. Parrilli también es hombre de consulta –como otros pocos privilegiados–cuando la señora, ya con menos tiempo que antes, se prueba el vestuario a utilizar durante el día,antes de partir a la Casa Rosada y desde una tarima ad hoc les pregunta a los testigos: ¿Cómo mequeda? Por supuesto, en esas ocasiones se permite una vueltita, al mejor estilo Mirtha Legrand.

Si la economía se endereza y no estimula crisis para lo que resta del año, la enajenada políticaque vaticinaba desbordes explosivos como la Italia de antaño, también se permite respiros. Gracias,claro, a una hilera de victorias de Néstor sobre el terreno, gusten o no: asumió el fútbol“gratis para todos” (con la consiguiente poda al poder económico de Clarín), obtuvopara su mujer las “facultades delegadas” que la oposición pretendía negar, movió fichasque descolocaron al sector agropecuario (enemigo número 2) con varias incorporaciones políticasimpensadas (Julián Domínguez, peronista de la Cuarta como su jefe Aníbal, ex colaborador de CarlosRuckauf) y poco deseadas (María del Carmen Arcón y Miguel Saredi), finalmente recolectó un holgadonúmero en Diputados para modificar la Ley de Radiodifusión que, utilizando más ciego tesón queinteligencia, defendía el Grupo Clarín. Todo indica que en el Senado sumará la parte que le falta,aún cuando el proyecto vuelva para ser aprobado por mayoría simple, a la Cámara Baja, con algunacorrección. Hizo lo que nadie ni siquiera intentó desde el Poder Ejecutivo en las últimas décadas ydesde el declive electoral. Si bien apunta a destripar a su enemigo número l, no parece disponer delos órganos extraídos: al menos, se truncaron ciertas apetencias majestuosas con el negociotelefónico (aunque hay otros pendientes, como los cables del interior). Debe incluirse en esteproceso otra novedad: de las posiciones irredentas, inclaudicables de Kirchner, ahora aceptanegociaciones, los canjes, otra metodología. De la hoguera al éxtasis, de caminar con la cabezagacha hace dos meses, casi esperando burlas y preocupado por la permanencia en Olivos, inclusivehasta inquieto por la seguridad personal, pasó ahora a la fantasía del 2011, a la construcción detorres propias para seguir en el poder. Como si las encuestas lo estimularan –lo que no escierto, cada vez está más abajo la pareja–, con la expectativa de que si Hugo Chávez perdióuna elección y luego ganó en la siguiente, a ellos dos les podría ocurrir lo mismo. Finalmente,para su ocurrencia, los pueblos pueden ser parecidos. Si para muchos el matrimonio antes eraintratable, ahora se volverá insoportable: Aníbal Fernández, además de dominar por decreto toda lapublicidad del Gobierno, acaba de enviarles una nota a sus ministros de que los hará responsablesde cualquier violación en la materia. Kirchnerismo puro.

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