•la mirada DE Roberto Garcia

Cobos, por las dudas

Por más que uno se disfrace de oráculo, cuesta vaticinar una reforma política cierta o un acuerdo sobre precios y salarios como final del doble o múltiple diálogo que montó el Gobierno para escaparse del último infortunio electoral. Aún así, con la perspectiva más escéptica, el desfile de luminarias partidarias, legislativas, sindicales o empresarias ha promovido novedades en tiempo récord, al menos si uno confronta los últimos siete días con el último lustro.

23-08-2026 | 04:18

Por más que uno se disfrace de oráculo, cuesta vaticinar una reforma política cierta o unacuerdo sobre precios y salarios como final del doble o múltiple diálogo que montó el Gobierno paraescaparse del último infortunio electoral. Aún así, con la perspectiva más escéptica, el desfile deluminarias partidarias, legislativas, sindicales o empresarias ha promovido novedades en tiemporécord, al menos si uno confronta los últimos siete días con el último lustro.
Por ejemplo, en un juego imaginario de la oca, ella se movió con presunta autonomía en eltablero: algún empresario que la entrevistó a solas reconoce que, en privado, Cristina Fernández deKirchner no repite ni agobia con la cantinela publicitaria que ofrece en público sobre el modeloperfecto que protagoniza. Escucha, atiende, admite debilidades –no puede entender por qué lapoblación no le cree– y ni siquiera hace la señal de la cruz frente al diablo cuando lehablan de sinceramiento estadístico, mutilación de subsidios o de acudir a posibles auxilios decréditos internacionales (léase FMI).Ha comenzado a entender, se supone, que el rigor de losnúmeros asedia a su Gobierno y que una buena cosecha, el año próximo, no alcanzaría para salir dela crisis. Demasiada espera y demasiada fe en el Dios argentino.


No ignoran esos optimistas del empresariado, claro, que en Olivos hay otro personajedecisivo, irritado y desafiante, quien parece ajeno a estas conversaciones. Más bien, advierten, él–a quien le atribuyen malestares, rabietas y hasta excesos no acostumbrados– se enredaen batallas menores y personales (desde invadir otra vez Chubut contra Mario Das Neves a fulminarcon agravios a algún jefe comunal bonaerense), permanece en sospechoso silencio y preparando,metafóricamente, el asalto al Cuartel de Moncada (siempre son capciosas las citas a la revoluciónde Fidel Castro) quizá este mismo fin de semana, en el aniversario de Evita, y con la módicacompañía de las organizaciones sociales, esos núcleos que se imaginan sin subsistencia en el casode que el kirchnerismo pierda el poder (al revés, claro, de lo que piensa el peronismo en general).
Otra forma de ver la vida en su caso, tal vez, de la que algunos quieren creer que ahoraempieza a verla su esposa. Ella, en apariencia, dispuesta a frenar, doblar eventualmente; él, porel contrario, entusiasmado con la aceleración, el volante inamovible, sin pensar siquiera en elraspón en la curva. O algo más.
Frente a ese alimento contradictorio entre marido y mujer, en ciertos círculos de la calleprospera una mezcla de deseos ocultos y de prevenciones obvias. No en vano, hace 72 horas, en unareunión de empresarios ávidos por noticias, el vicepresidente Julio César Cleto Cobos –antela insinuación de que él podría, frente a un desenlace institucional, no suceder a Cristina deKirchner– sostuvo: “Yo asumo”. Le agregó, claro, la responsabilidad que le otorgala Constitución en ese sentido, a la cual juró respetar.
Sorprende que un pronunciamiento de este tipo, en la Argentina, hoy provoque tanto revuelo.Desmentía Cobos en ese breve encuentro la especie atribuida a todo el radicalismo: alvicepresidente no le conviene asumir en lugar de Cristina, la UCR está harta de resolver losproblemas del peronismo, de suministrar el mal gusto del remedio para curar a la sociedad y queésta, casquivana, luego no le pague al médico. Es mejor, proclaman, que se desfonde el saco, selimpie y, luego, en elecciones, Cobos llegue al poder. No cuentan esos correligionarios con supensamiento, el que expresó en la reunión privilegiada con ejecutivos: él entiende que laemergencia argentina no es tan grave y sólo se espiraliza por la persistencia de la errada y tercapolítica de los Kirchner.
De cualquier modo, como deber periodístico, a los empresarios que lo bombardearon a preguntascon sus propias urgencias temporales les señaló: “Hay que esperar la evolución de losacontecimientos”. Jamás a un radical alguien habrá de asustarlo con exigencias de rapidez,incluso tampoco le imputarán el llamado a un clima destituyente. Al menos, reiteran ese mensajehartamente discutible con la historia.

Duhalde recargado
Ocurren estos hechos mientras en otros mentideros abundan detalles imaginarios (en sustérminos, naturalmente) de la entrevista que mantuvo el ultrakirchnerista José Pampuro–segundo en la sucesión presidencial, luego de Cobos– con Eduardo Duhalde, quien sinhaber ganado ninguna elección y ni siquiera haber votado, ahora parece dominar la políticaargentina.
Ficción o no, se aburre de recibir gente, encarga trabajos, habla por mensajería como sifuera Juan Domingo Perón en Puerta de Hierro y hasta le ordena a Osvaldo Mércuri –se criaronen el mismo barrio, nunca se amaron demasiado– que puntee congresales del PartidoJusticialista, al cual desea capitanear otra vez (ya lograron garantizarse un presupuestoextraordinario para la Cámara baja provincial, de la cual Mércuri es experto). Si hasta el propioMércuri se recuperó: no pudo ir él de candidato por problemas de apellido en la última elección, ydebió enviar a su mujer en la lista de Francisco de Narváez.
Hablando de esposas, se supone que en la cumbre Pampuro-Duhalde no participó la señoraChiche, quien guarda memoria obsesiva sobre su ex amigo de Banfield, al que acusa de tránsfugairredimible.
Más de Duhalde: se jura por la existencia de una o más reuniones con Daniel Scioli, unposible elector a la Presidencia en el caso de que la crisis derive en Asamblea Legislativa, comolo fue él mismo en la crisis de 200l. Viajó solitario el gobernador a Italia, sufriendo la derrota,y desde allí forjó alianzas (entregó secretarías y cargos) con intendentes bonaerenses que Néstorhabía empezado a odiar luego de conocidos los resultados.
No fue lo único en su desprendimiento: hasta convocó al agro, que ahora lo considera uno delos suyos. Mandoble al maltrecho de Olivos: su presunto delfín negocia y se asocia con laoligarquía terrateniente y, además, se envuelve con los exponentes de la “viejapolítica” a la cual el santacruceño le endosó la culpa por haber perdido en la Provincia,luego de haber contribuido generosamente –con el dinero del Estado, claro– a sucontinuidad.
Una reflexión tardía, lamento de esos giles de lechería –dirían en la esquina–que pagaron una cuota a cuenta de un bien que jamás podría venderse, como el Obelisco.
Estos tres capítulos (rentrée dudosa de Cristina, ostracismo de Néstor, expectativas de Cobosy otros aspirantes) parecen el núcleo vital de la cáscara del diálogo que obnubila por el aluvionaldespliegue fotográfico y televisivo al que se prodigan los políticos involucrados. Con infinidad deadicionales, por supuesto, algunos provocativos.
Disparates
De la simpática entrevista Macri-Cristina, con obsequios incluidos, dos jefes de Estado quese permiten presumir de dos policías para un mismo distrito. Falta que en Flores, Floresta, LaBoca, Montserrat y otros barrios se arroguen autoridad para instalar uniformados propios en susfronteras. Un disparate a solventar por los ciudadanos comunes, como el pago mensual de salud: a laNación, al gremio, a la empresa, a la privada.
Claro, el dinero no es de ellos (jamás ocurriría esta situación en un país serio y rico); y,si discrepan en la responsabilidad policial, a la hora de invertir en el negocio de las camaritasvigilantes, todos coinciden, oficialismo y oposición (tambien parte de la prensa). Claro, el paístiene como prioridad la seguridad (de los proveedores).
De ese diálogo entre el ingeniero y la dama, a la conclusión empresaria de su charla-almuerzocon Amado Boudou: es sensato. Como si no lo hubieran sido, en su momento, Martín Lousteau o SergioMassa, con ideas semejantes y mejor expresadas. Como si a éstos no los hubiesen doblegado, en elinicio, al igual que ahora a Boudou, quien asimiló un secretario no deseado (Felletti), tuvo quehundir a uno suyo (Guiñazú) y quizá integre a otro del Grupo Fénix con el que jamás ni pensó en iral cine (Morán); hasta aceptó funcionarios de otros en el INDEC y, lo que es peor, su revolución enel organismo es la revisión del índice CER con diez años de retroactividad.
Con lo cual, es de imaginar, se anticipa un desbarajuste contable excepcional: a los quequerían discutir los fraudes de Guillermo Moreno les impondrán el debate sobre lo que se aplicóluego de la crisis de 200l. Ni a Néstor Kirchner en su gobierno se le había ocurrido tamañaconfusión.
Boudou, quien llama “tío” a De Mendiguren (parece que ennovió con una de sussobrinas), igual está feliz: piensa quedarse mucho tiempo sirviendo en el Ministerio, instalógimnasio y, se supone, le protegen sus ya vencidas espaldas los hijos noctámbulos de otro colegaministerial inamovible.
Además, en la óptica del poder, no lo atemoriza la sombra de Martín Redrado –con quiende imberbe pasó varios largos veraneos en Mar del Plata, en familia, cuando sus padres eran vecinosy jugaban al golf juntos–, de confianza relativa para Néstor, quien siempre vio las reservasdel Banco Central de la República Argentina (o los depósitos en dólares) como una posible tabla desalvación ante las dificultades del Gobierno.
Hasta ahora, ambos se impusieron límites, pero los tiempos y los vencimientos fiscalesapremian. Para Boudou, en este ejercicio, tambien quedó postergado otro competidor eterno y enciernes a la cartera: Mario Blejer. Por demasiado caro a los intereses empresarios, lo redujeron alrol de asesor ocasional ad honorem, aunque nadie advirtió que no podría ejercer otra función: esvicepresidente del Banco Hipotecario e integra el directorio de YPF-Repsol.

Fondos e inversiones
Pero la ética no parece figurar en un país donde se difunde una declaración jurada delmatrimonio presidencial que, al margen de las sólidas críticas a sus rendimientos fenomenales,ofrece un costado egoísta inexplicable: ¿por qué ellos, señores de Santa Cruz, no le aconsejaron ala provincia en la que impusieron señorío los mismos trámites de inversión que se aplicaron a símismos?
Si así hubiera sido, ese punto lejano del sur y sus habitantes nadarían en millones, comoahora lo hace el matrimonio Kirchner. Al revés de ellos, que multiplicaron su fortuna en losúltimos años, Santa Cruz diluyó sus ahorros –esos fondos nunca precisados–, vive encontroversia social y requiere de un empréstito para pagar los sueldos.
Ese dato de puño y letra ante la AFIP, una confesión, le ha producido a la pareja más dañoque el último resultado electoral. Con sus más queridos aliados, inclusive (las organizaciones dederechos humanos). Habrá que tenerlo en cuenta junto a la explosión de la CGT, el tropiezo de HugoMoyano con sus colegas –todo se resolvió con amor, ¿no es cierto?– y, especialmente,las sugerencias que algunos gobernadores le comienzan a susurrar a la señora Presidenta.
Piensan (no en el caso de Jorge Capitanich, quien defraudó a más de uno en su primera yfelpudista entrevista con Cristina) con la misma sintonía de los empresarios que reclamannormalidad económica para que ésta devengue en normalidad institucional. Se diría que es un apoyoen principio, aunque en Olivos el consorte dirá que es un recorte de atribuciones.
No vaya a ser que, por ayudarla, promueva un movimiento de tierras que luego no pueda sercorregido. Diría, claro, Julio Cobos.

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