El único obstáculo para que El secreto de sus ojos ganara el Oscar a la mejor película extranjera era PabloRago (su actuación, su maquillaje). Justo es decirlo, esas inadecuaciones quedaron sepultadasdebajo de las deslumbrantes performances de Soledad Villamil, Ricardo Darín y Guillermo Francella,sin las cuales la película de Juan José Campanella se nos habría revelado sólo como lo que es: unepisodio de una serie norteamericana de tema legal (un drama de cortes) alrededor de un viejo casocuya resolución se muestra como ejemplo del modo en que la historia, esa pesadilla, oprime la mentede quienes han conseguido sobrevivirla: una ética.
¿Qué significa que El secreto de sus ojos ganara el premio más famoso de la industriacinematográfica? Un reconocimiento, es decir: una forma de comprensión según la cual aquellos quela votaron como “la mejor película extranjera” (esa desmesura) se reconocen a sí mismosal mismo tiempo que reconocen en la película algo que los interpela. Sin ese juego deidentificaciones, lo sabemos, el cine no existiría y tampoco se sostendría el alucinado mundillo delas premiaciones, las glorias y las celebridades.
Antes del Oscar, la película de Campanella había ya sido recompensada por las audiencias que, enArgentina, alcanzaron cifras históricas.
Habría, aparentemente, una coincidencia entre el público argentino y los miembros de la Academiade Artes Cinematográficas que le dieron a Campanella y Telefé la preciada estatuilla: esa alianza(esa complicidad) vuelve a plantear complejos procesos de identificación. Al reconocerse en unapelícula, el público no hace sino mostrar en qué patrones genéricos su percepción (¿de la ficcióncinematográfica?) ha sido formada. Al mismo tiempo, al aceptar una determinada resolución de losconflictos (amorosos, penales, políticos e históricos), revela cuál su horizonte ético: lareparación (a toda costa) de la falta, la memoria como motor de las acciones y el cumplimiento delpropio destino como una condena de por vida.
Se pretenderá que esa ética que atraviesa las circunstacias políticas (sin dejar de serarrastrada por ellas) está fundada en un puñado de lugares comunes de discurso (los mandamientosbíblicos, entre ellos). A esa objeción no hay argumento que oponerle, salvo que Campanella(entrenado como pocos en los modos narrativos de los géneros de masas) no ha querido sino urdir unaficción que se sostuviera como una mota de polvo en el aire a partir de todos los lugares comunesdel caso, entre los cuales la discreción y la moderación cumplen un papel fundamental.
El secreto de sus ojos es una película moderada y discreta, lo que tal vez la vuelva para muchosinsatisfactoria como forma de arte. Comparada con La historia oficial, sin embargo, en la que todoera desmesura, indiscreción, maniqueísmo y subrayados enfáticos, la película parece balbucear algosobre la imaginación argentina (si tal cosa existiera) a propósito de la historia y sobre los modosde vivir juntos (condensados en un plano fraguado de Isabel Martínez de Perón): no nos identificael amor, sino el espanto.





