El cambio de año calendario acompaña una modificación en las expectativas políticas. El hechocentral de 2008 fue el agotamiento del ciclo de hegemonía kirchnerista, iniciado en 2003. Lacuestión fundamental en 2009 es la modalidad y el ritmo que asumirá la crisis política derivada deese agotamiento. Porque, a diferencia de lo que sostienen la mayoría de los analistas políticos,los cambios de ciclo que periódicamente ocurren en la Argentina no siempre son el resultado de lairrupción de una alternativa superadora al statu quo, sino que muchas veces es la crisis de esestatu quo lo que genera la irrupción de alternativas. Nuevamente, la Argentina se acerca a unacrisis por implosión. Sus características surgen más de la propia dinámica de la acción delgobierno, en este caso de la constante iniciativa política de Néstor Kirchner, que de la acción dela oposición institucional.
Entre 2003 y 2007, el núcleo de las expectativas giraba en torno de la consolidación del poderhegemónico de Kirchner. En 2008, estuvieron centradas en la descomposición de ese poder hegemónico,resultado de la profundización de la actitud negativa de la opinión pública (clase media de losgrandes centros urbanos), sumada a las consecuencias de la crisis económica, que empezaron agolpear con fuerza no sólo a las clases medias urbanas y rurales, sino también a los sectoressocialmente más postergados, último bastión electoral del oficialismo.
El desafío de octubre genera un cambio drástico en la situación del peronismo. La percepción esque los resultados serán adversos al oficialismo. La consecuencia sería la pérdida de la mayoríaparlamentaria. Esto implicaría que el Gobierno no conseguiría la prórroga de los“superpoderes” y de la “emergencia económica”, y que cedería su control delConsejo de la Magistratura. Esta secuencia, grave para cualquier gobierno, sería mortal para elsistema de concentración de poder construido por Kirchner, fundado en el empleo sistemático de losfondos presupuestarios para disciplinar gobernadores e intendentes.
La mayoría de los gobernadores e intendentes peronistas están forzados a un delicado equilibrio.Por un lado, necesitan mantener sus lazos con la Casa Rosada para afrontar sus urgenciasfinancieras y beneficiarse con los planes de obras públicas. Por el otro, tratan de“provincializar” las elecciones, para escapar al efecto de un “votocastigo” contra los Kirchner. Saben que en todos los casos su imagen positiva más que duplicaa la imagen de Cristina Fernández de Kirchner.
Distintos sectores de la oposición avanzan en negociaciones para construir opciones conjuntas endiferentes distritos. Todos ellos miran con interés la posibilidad de articular un frente común enla provincia de Buenos Aires. Si bien esa confluencia es una hipótesis de difícil materialización,hay consenso en que el impacto de una candidatura de Néstor Kirchner podría allanar diferenciashasta ahora insalvables.
En el peronismo territorial (gobernadores e intendentes) cunde la impresión de que es necesarioorganizar una versión propia del “postkirchnerismo” para 2011. Algunos se ilusionan conla posibilidad de convencer a Kirchner de la conveniencia de una “retirada ordenada”.Otros descreen de esa alternativa, pero prefieren acompañarlo hasta octubre y prepararse para“el día después”. El mayor beneficiario de esta última tesis sería el gobernadorbonaerense Daniel Scioli. La precandidatura de Carlos Reutemann constituye otra expresión de estarealidad.
Es cierto que este juego táctico de la mayoría de los gobernadores e intendentes peronistasrequiere un elevado ejercicio de acrobacia. Pero su existencia tiene efectos inmediatos, ya queacentúa el debilitamiento de la imagen gubernamental. De allí que se haya incentivado en eloficialismo la exigencia de una ofensiva contra el vicepresidente Julio Cobos, cuya permanencia enel cargo es vista como una amenaza potencial que podría dispararse en cualquier situación decrisis.
*Analista político.





