•La IMPORTANCIA DEL DEBATE

Cómo crear políticas de Estado

24-08-2026 | 16:29

Nicasio Oroño fue un destacado político santafesino del siglo XIX, embanderado en todas lascausas progresistas de la época, desde el matrimonio civil hasta la educación y la inmigración. Porcuestiones que hoy parecen menores, se enfrentó con Sarmiento, pasó buena parte de su vidaconvencido de que sus ideas eran contrarias a las del sanjuanino, y murió aborreciéndolo.Probablemente tuvieron diferencias, y no menores, sobre inmigración y educación. Pero enperspectiva, esas ideas, y las de muchos otros, forman parte de un común emprendimiento detransformación de la Argentina, sumamente exitoso, impulsado por el Estado en las últimas décadasdel siglo XIX. Hoy lo llamaríamos “políticas de Estado” y nos admiramos del consensocon que se construyeron. Olvidamos los debates y las diferencias y apreciamos la coincidencia.Miramos el bosque e ignoramos los árboles.
En la década de l960 no se hablaba de políticas de Estado. Era común referirse al Proyecto dela Generación del Ochenta. Eran los tiempos de la planificación y de los Planes de Desarrollo, demodo que predominó una imagen tecnocrática. La gran transformación finisecular habría sido elresultado de un proyecto formulado por técnicos calificados y políticos expertos: la famosa“generación del Ochenta”.

Otros preferían hablar, para éste y otros casos, de un “proyecto nacional”. Endistintos momentos, el proyecto nacional habría expresado la voluntad unánime del pueblo,encolumnado detrás de objetivos de grandeza nacional. Los técnicos eran importantes, pero tambiénel líder, capaz de encarnar y dar forma a la aspiración unánime del pueblo nacional.
En los tiempos democráticos actuales desconfiamos de esa unanimidad, que tiene resonanciascastrenses. Pero apreciamos la idea de políticas de largo plazo, a las que finalmente llamamospolíticas de Estado. Son estables y continuas. No dependen de los cambiantes humores políticos delos gobiernos, ni de las coyunturas electorales, sino que se apoyan en saberes técnicos y enconsensos. Hoy, las políticas de Estado aparecen en muchas propuestas como las antípodas deldecisionismo kirchnerista. Su ideal parece ser un programa redactado por expertos y rubricado porpolíticos. Combina la ilusión tecnocrática con una dosis de otra ilusión: el consenso, quecomúnmente es compartido con los Pactos de la Moncloa.

No es así como sucedieron las cosas en 1880. Entonces la Argentina adoptó un camino que resultóexitoso, en parte porque se adecuó a las circunstancias del mundo, y en parte porque hubo debatesásperos y enconados sobre cuestiones tan decisivas como el régimen monetario o el laicismo. Luegode ellos, se tomaron decisiones, que supusieron la victoria de unos criterios y la derrota deotros. Fueron debates enconados, y sus protagonistas, lejos de felicitarse por los consensos, amenudo murieron amargados y convencidos de su derrota, como Oroño o el propio Sarmiento.
Así se construyó lo que a la distancia llamamos exitosas políticas de Estado. Son políticasporque hubo confrontación. Pero también son de Estado, y esto es un punto importante hoy, cuandonuestro Estado, tan maltrecho, desatiende una de sus tareas básicas: impulsar y coordinar losdebates colectivos que, una vez decantados, sustentarán y orientarán sus políticas. Esta es latarea de quienes gobiernan el Estado y de quienes integran su burocracia y sus agencias técnicas, yde su calificación e idoneidad depende en buena medida el resultado.

Pero también se requiere un funcionamiento institucional que facilite la circulación del debatepor los órganos representativos, los partidos, la prensa y los ámbitos civiles de opinión, queprecedan la decisión política. En el transcurso de esa circulación habrá combates. Así, aunque susprotagonistas no lo adviertan, se decantarán los consensos que asegurarán la continuidad del meollode las políticas. Hoy no tenemos ese “estado donde la sociedad piensa sobre sí misma”,según la frase de Durkheim. Construirlo es un requisito para tener políticas de Estado.

*Investigador principal del Conicet. Dirige el Centro de Historia Política de la Unsam.

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