•el senado y la continuidad del desacuerdo

Como en una riña de perros

La empatada sesión de la Cámara alta le devolvió protagonismo a Carlos Menem y agrandó la figura de los halcones de ambos bandos

24-08-2026 | 07:38

Eramos pocos y, faltazo mediante, reapareció Menem”, sentenciaba con una sonrisauna voz que habita los pasillos del poder. Y ese faltazo del ahora senador riojano le ha agregadoal turbulento escenario político argentino un nuevo ingrediente, propio de relato de realismomágico del que tanto abunda en nuestra historia. “Cometimos un grueso error en la forma encómo manejamos el asunto”, reconocía un legislador de la Unión Cívica Radical que todavíamascullaba bronca por lo sucedido en el Senado en la tarde del miércoles. De hecho, el presidentedel partido, Ernesto Sanz, le hizo un severo reproche al titular de la bancada radical, el senadorGerardo Morales, por ese error. Hay que recordar que, en ocasión de aquella crucial votación en laque se rechazó la Resolución 125 en la Cámara alta, Sanz, que por entonces era jefe del bloque desu partido, trabajó intensamente la presencia de Carlos Menem a través de su fluida relación con suhermano Eduardo. Incluso, hubo una activa participación de Zulemita Menem para asegurar el trasladode su padre, afectado ese día por una fuerte gripe, desde un sanatorio en donde era atendido, hastael Congreso.

Son momentos de alegría para el ex presidente, quien volvió a tener, por unas horas, elprotagonismo que tanto añora. Hombre astuto que no ha perdido sus mañas, una de sus escasasvirtudes es la paciencia. Y el miércoles, esa paciencia tuvo su premio al ocupar el primer plano dela escena política, circunstancia que aprovechó para pasarles facturas principalmente a losintegrantes del peronismo disidente. Ahí ni se lo ha tenido en cuenta ni se lo quiere mucho. Es quehay una verdad innegable: nadie que aspire a tener un futuro político próspero quiere aparecerpegado al ex presidente. Su imagen negativa sigue siendo muy alta y su gobierno es considerado unemblema de la corrupción. Claro que para muchos de ellos hay un problema: el de haber sidofuncionarios que alabaron fervorosamente aquella gestión. El abanico es amplio y va desde NéstorKirchner pasando por Daniel Scioli y llegando hasta Felipe Solá. Néstor Kirchner supo decir queCarlos Menem era el mejor presidente de la historia argentina; Daniel Scioli le obsequiaba losmismos elogios con los que hoy halaga a Néstor Kirchner y mañana, al que venga; y Felipe Solá erael infaltable integrante del equipo de fútbol que armaba el ex presidente y que, en aquel momentodel apogeo menemista, siempre ganaba sus partidos. Contra todos ellos y muchos otros, Carlos Menemacumula tirria. Ya ha dicho que va votar contra el kirchnerismo; pero también ha dicho que no es“una cosa sino un ser pensante” (sic) y que reclama tener voz y voto en comisionesclave del Senado. Sabe que, a partir de ahora, la situación de paridad que se vive en la Cámaraalta le dará un peso que, hasta aquí, sus pares de bancada del justicialismo disidente le hannegado.

Pero lo que pasó el miércoles en el Senado tiene, a su vez, un significado mucho más profundo einquietante: la imposibilidad de llegar a acuerdos entre oficialistas y opositores. El Gobierno seniega a reconocer la nueva realidad política surgida tras las elecciones del 28 de junio pasado.Sigue trabajando, pues, con la metodología de la imposición. Una voz del oficialismo, que sesinceraba sobre esto, lo resumió muy bien: “Que nos haya salvado Menem es una paradojaincreíble e incómoda. Hemos perdido el dominio del Senado. Sería muy malo que en estos dos años quenos faltan de gobierno reinara la vetocracia”.
Al actuar así, lo único que logra el kirchnerismo es exacerbar a los halcones de laoposición, ávidos por implantar la misma metodología de la imposición de la que ha venido haciendouso el oficialismo. La orden emanada desde Olivos para que los legisladores del Frente para laVictoria dejaran sin quórum la sesión del Senado dio pasto a los integrantes del peronismodisidente que habían pretendido quedarse con la estratégica presidencia provisional de la Cámara,objetivo que no lograron debido a que, en una actitud atinada, ni el radicalismo ni el socialismoapoyaron esa pretensión. El funcionamiento del Senado pende de un hilo ya que, ante la manifiestaparidad de fuerzas, lograr el quórum habrá de ser un trabajo de orfebre.

Lo que tampoco produjo felicidad fue la reunión del matrimonio presidencial con los empresarios.Antes de ese encuentro, hubo otro entre algunos de esos empresarios y el ministro de Planificación,Julio De Vido. Allí hubo imposiciones del Gobierno: una, que los hombres de negocios aceptaron conrenuencia, fue la de no hablar de la inflación; la otra, que rechazaron, no sin algún temor, la defirmar un documento de apoyo al Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad.Uno de los asistentes a la reunión en Olivos, que suele ser complaciente con el Gobierno, no pudoocultar su inquietud al confesar que “varios salimos de ahí muy preocupados por la falta deun plan o esquema alternativo de contingencia ante el aumento de los precios que ya existe y quepuede dispararse aún más tras la negociación paritaria. Esto no se arregla con los gritos de NéstorKirchner”. Esa alusión se refería al deslucido acto organizado el jueves pasado en La Plata,destinado a castigar al intendente de esa ciudad, Pablo Bruera, quien hace rato se alejó de lasorillas del kirchnerismo. En su discurso de reaparición tras la operación de su arteria carótidaderecha, el ex presidente en funciones abundó en el autoelogio y repartió palos para todos. Nadanuevo si no fuera por la insistencia en incorporar dentro del creciente mundo de sus enemigos a laJusticia. Esto fue consecuencia de la decisión de la Sala IV de la Cámara de Apelaciones en loContencioso Administrativo de otorgar el recurso de apelación extraordinario ante la Corte Supremaque presentó el Gobierno sobre la prohibición de crear el Fondo del Bicentenario dictaminada tantopor la jueza María José Sarmiento y ratificada por la Sala I del fuero Contencioso Administrativo.El Gobierno aspiraba a que en simultáneo con el otorgamiento del recurso de apelación, la Cámaradispusiera una medida suspensiva de los fallos anteriores, con lo que el Poder Ejecutivo habríapodido hacerse de las reservas del Banco Central mientras corriera el tratamiento del tema en elCongreso. Al respecto de ello, un operador del kirchnerismo en la Justicia precisaba que “esaaspiración gubernamental no tenía ninguna posibilidad de concretarse ya que, habiendo dos fallosadversos al Fondo, hubiera sido un escándalo que la Sala IV hubiese decidido ordenar la suspensiónde sus efectos”.
El Fondo del Bicentenario, por el que los Kirchner desesperan, tiene, hoy día, más destino defracaso que otra cosa.
Así termina febrero, otro mes de oportunidades perdidas en la increíble y paradojal historiade la Argentina, el país del mañana mejor que nunca llega.


Producción periodística: Guido Baistrocchi

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