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Cómo hacen los ricos

25-08-2026 | 08:32

Las transformaciones científico-tecnológicas del último siglo han determinado que lasposibilidades de crecimiento económico y de desarrollo social estén, cada vez más, basadas en ladisponibilidad y capacidad de gestión del conocimiento. De allí que los países de más rápidodesarrollo son los que hacen mayores inversiones públicas y privadas en educación y en actividadesvinculadas con la acumulación de conocimiento. La importancia del conocimiento en la economía no esuna novedad histórica, pero sólo desde el siglo XIX el conocimiento específico y la investigacióncientífico-tecnológica sistemática se convirtieron en factores productivos cruciales.

La primera revolución industrial, basada en la industria textil y otras de baja complejidad, nofue el resultado de aplicaciones de conocimientos teóricos sino, en lo fundamental, dedescubrimientos y de desarrollos técnicos realizados por hombres prácticos como fabricantes,hombres de negocios y hasta trabajadores. James Watt, que perfeccionó la máquina de vapor e inventóel motor rotativo, fue, según Kemp, uno de los pocos inventores influenciados por la ciencia de laépoca y en contacto con ella.
El cuadro cambió en el siglo XIX, cuando el desarrollo industrial comenzó a depender deindustrias más intensivas en conocimientos especializados, como la química, la siderúrgica y la debienes de capital. El aumento en la complejidad de las máquinas, de los materiales y de losprocesos de producción, y la tecnificación de servicios como el transporte y las comunicacioneshicieron indispensable la aplicación de la ingeniería y de la investigación científica. Por lotanto, para realizar esas tareas se requirió contar con trabajadores capacitados, técnicos,profesionales y científicos.
En ese nuevo escenario, Gran Bretaña sufrió un progresivo retraso frente a otros países porla debilidad de su educación técnica. La educación británica era básicamente privada y orientada alas ciencias humanas, y el Estado no tomó medidas para desarrollar los conocimientos técnicos querequería la nueva etapa del desarrollo capitalista. La educación pública fue instaurada en GranBretaña recién a fines del siglo XIX.

Los liberales británicos se opusieron a la participación estatal en la educación con el mismoénfasis y con el mismo éxito con que se opusieron a que el Estado protegiera industrias en declive.“Los británicos”, explica un historiador de la tecnología, “trataron de vivir unasegunda revolución con las mismas herramientas que habían empleado en la primera, tal como ungeneral aplica las tácticas de la última guerra a las que está peleando en el presente. Laaplicación sistemática de las ciencias naturales, de reciente desarrollo, se vio retrasada por laperdurable tradición de aficionados y chapuceros, y por la virtual ausencia de educacióntécnica… El sistema educativo, que nunca ha sido la institución más progresista de GranBretaña, se opuso a la incorporación de las ciencias aplicadas dentro de su programa de estudios.El entrenamiento informal, de antigua tradición, siguió siendo el principal medio de transmisión dela información tecnológica.”
En ese período, los científicos británicos se dedicaban prioritariamente a la investigaciónbásica y daban poco lugar a la aplicada. Y, mientras el Estado y la sociedad británicos adherían a,según la expresión de Keynes, “la religión del laissez faire”, sus competidoresllevaban a cabo políticas de Estado para el desarrollo educativo y científico-tecnológico.
Los gobiernos del continente europeo promovieron la educación primaria –aunque en formalimitada, porque la escolarización completa hubiera significado retirar a los niños de las fábricaso de sus tareas rurales– y crearon escuelas públicas de educación superior.

En Francia, Napoleón I profundizó la tarea de formación de la élite técnica y científicadestinada al servicio del Estado que había iniciado el Antiguo Régimen. En Alemania y en losEstados Unidos, las investigaciones de las universidades estaban vinculadas con la producción y enmuchos casos directamente con las necesidades de grandes empresas. Alemania se distinguió por suimpulso a las escuelas de artes y oficios, y a los estudios de ingeniería que abastecieron lasindustrias de la segunda revolución industrial, las de la química y la siderurgia.

La mayoría de los países europeos, explica Mokyr, fundaron escuelas técnicas, que desempeñaronun papel decisivo en la actualización del conocimiento. Los graduados de la Technische Hochschulealemana llegaron a sorprender y preocupar a los empresarios de la entonces principal potenciaindustrial.
El financiamiento estatal de la educación era limitado y la mayor parte del costo seguía acargo de las familias, lo cual reducía el acceso a los sectores de menores ingresos. No obstante,nuevas clases medias y burguesas hacían esfuerzos por educar a sus hijos porque tenían aprecio porla educación.
Las habilidades técnicas y los conocimientos necesarios para la nueva fase industrial estabandifundidos también en Estados Unidos. Refiriéndose a la situación de ese país, un historiadosrelata que, en el siglo XIX, “los observadores extranjeros subrayaban que el talentoindividual no quedaba limitado a los dirigentes de la industria sino que también lo compartían lostrabajadores, especialmente en Nueva Inglaterra, por lo que algunas de las razones que explicanesta competencia industrial pueden aplicarse tanto a los empresarios como a los obreros americanos.Una de ellas era, sin duda, la excelente educación que se impartía en el norte de Estados Unidos ymuy particularmente en Nueva Inglaterra.

En Estados Unidos se agregó otro ingrediente: las grandes empresas que aparecieron en el sigloXIX desarrollaron una organización científica del trabajo y de la administración de los negocios y,por lo tanto, una cultura que estimuló la incorporación de equipos de investigación científica.Tenían, además, la dotación de capital necesaria para financiarlos.
Por su rezago educativo, Gran Bretaña fue perdiendo la carrera en la acumulación deconocimientos necesarios para la economía moderna. A fines del perío­do ya estaba detrás de EstadosUnidos, Alemania y otros países europeos en nivel de alfabetización y número de estudiantesuniversitarios, y sus ingenieros tenían una preparación muy inferior a los de las universidadesestadounidenses o alemanas. Por eso, según Mokyr, el fracaso británico en ese período no fueeconómico, sino científico y tecnológico.

La nueva era del conocimiento. La disponibilidad de conocimiento tecnológico fue importantedesde el inicio del capitalismo industrial, como lo prueban las prohibiciones a la emigración detrabajadores especializados y las operaciones de espionaje industrial que realizaban los países ylas ciudades Estado ya en el siglo XVII.Pero esa importancia se acentuó a medida que seprofundizaba el avance tecnológico y científico, hasta el punto de que, en el siglo XX, elconocimiento desplazó a los recursos físicos como factor productivo fundamental. “Hoy más queen el pasado”, sostiene Vito Tanzi, ex jefe de impuestos del FMI, “el bienestar de unadeterminada área depende por lejos más del capital humano de los individuos que viven en esa áreaque cuando los recursos naturales eran más importantes. Conocimiento e información contribuyen hoy,a una parte significativa del valor agregado de muchas mercaderías que se comercian.”
Desde el punto de vista social, la inversión en educación es rentable porque aumenta laproductividad de las personas que la reciben; para los individuos y las familias, la inversión eneducación también es rentable porque las remuneraciones están positivamente asociadas al nivel deeducación.

Suplementariamente, los beneficios de la inversión en educación son relativamente mayores en lospaíses de menor desarrollo que en los de mayor desarrollo, incluso en actividades tradicionalescomo el agro. Estudios realizados para los países asiáticos encuentran que el grado de educacióninfluye en el crecimiento agrícola porque las personas más educadas tienen más capacidad paraelegir y utilizar tecnologías más modernas que las menos educadas.
Los estudios internacionales muestran una fuerte relación entre las inversiones en educacióne investigación y desarrollo tecnológico, y los indicadores de crecimiento económico y desarrollosocial. Un indicador relevante del estado de la educación es la evaluación del PISA (Programme forInternational Students Assessment –Programa Internacional para Evaluación deEstudiantes–) que lleva adelante la OCDE, la organización de países industrializados.
El Programa evalúa las habilidades de los estudiantes en 57 países del más variado nivel dedesarrollo e ingreso, en lectura, matemáticas y ciencias. Previ­si­blemente, los primeros puestosen la lista de rendimiento son ocupados por países que prestan especial atención a laeducación.

La Argentina y Brasil se encuentran en los últimos puestos del ranking, junto a países de bajodesarrollo de Oriente y Medio Oriente. En su última versión, el PISA muestra que la Argentina ocupael lugar 53 (de 56) en la escala de lectura, superando sólo a Azerbaijan, Qatar y Kyrgyzstan.Además el país sufrió un profundo retroceso en la clasificación entre 2000 y 2006. En la escala deciencia ocupa el lugar 51, después de Indonesia y antes de Brasil, y en matemáticas el puesto 52,superando nuevamente al país vecino, que está casi al fondo de la lista.
La desinversión en conocimiento de la Argentina y otros países de bajo desarrollo aumentaprogresivamente la brecha que los separa de los países de mayor crecimiento y es un factor deconsolidación del atraso.
La relación entre los esfuerzos estatales y privados en la promoción del conocimiento y eldesarrollo económico y social de las naciones aparecen en lugar prioritario en las historias decrecimiento que se presentan en los próximos capítulos.

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