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Cómo mirar distinto el mismo mundo

24-08-2026 | 14:27

No voy a decir nada demasiado original (si es que hay alguien ahí que piense aún que laoriginalidad existe): quien quiera dedicarse a filmar documentales no debería hacerlo sin antesver, una y otra vez, los de Werner Herzog. Sobre todo tres de los que realizó a lo largo de estadécada: The White Diamond (2004), Grizzly Man (2005) y Encounters at the end of the world (2007).Es más: creo que en las carreras de periodismo debería existir algo así como una cátedra Herzog.Porque lo que hace en ellos el director alemán merece formar parte de la tradición del mejorperiodismo narrativo. Sólo que a las palabras (las suyas, las de los entrevistados), Herzog lasacompaña con imágenes de una belleza extraña, inasible, cuyo origen puede estar o no en este mundo.Los seres humanos y sobre todo la naturaleza se transforman cuando pasan filtrados por la lente desu cámara.

Hay un talento evidente de parte de Herzog para ver siempre lo extraordinario en lo ordinario,pero también existe un gran trabajo de planificación, de producción previa: no debe ser sencilloencontrar semejantes historias, tantos buenos personajes. En The White Diamond, Herzog nos cuentala vida de un físico inglés, Graham Dorrington, que está construyendo un dirigible personal parasobrevolar los bosques y las cascadas de Guyana. Dorrington tiene un secreto que lo atormenta, yHerzog se distrae retratando a los personajes secundarios, filmando pájaros y cataratas,discutiendo con él mientras espera pacientemente que el inglés se decida a exponer su historiaoculta. En Encounters at the end of the world, tal vez el film que contiene las imágenes naturalesmás asombrosas, Herzog viaja a una base estadounidense en la Antártida. “No voy a hacer unapelícula más de pingüinos”, le advierte a la gente que lo contrató. Y se traslada al borde deun volcán, se sumerge en aguas congeladas, surca lagos de hielo y cuando, sí, se cruza con unacolonia de pingüinos, se detiene en una escena conmovedora: la del animal que se separa de sumanada y camina desorientado por la nieve hacia una muerte segura. Pero es sin dudas en Grizzly Mandonde Herzog da cuenta de todo su talento, a través de la historia de Timothy Treadwell, unecologista y documentalista fanático de los osos que vive al borde de la locura y la muerte (dehecho, apenas comienza la película nos enteramos de que efectivamente Treadwell murió, dos añosantes, por el ataque de un oso).

En cada una de las películas Herzog se permite llevar el arte de narrar historias reales a sulímite: discute con los entrevistados, nunca hace concesiones, los escucha pero también les formulapreguntas incómodas, reflexiona, opina y editorializa, se desvía del argumento central fascinadopor los relatos y las digresiones que surgen de la sorpresa y la improvisación. Siempre estádispuesto a escuchar una buena historia, a filmar lo que a otros les parecería intrascendente, y sepermite contradecir, aconsejar, guiar e incluso sentir compasión por sus personajes. Herzog seconvierte así en un cronista hipermoderno. Uno que desconfía, que mira de reojo, que se fascina yal mismo tiempo se fastidia con sus historias y personajes, y que mientras ejerce su oficio sepermite, al mismo tiempo, dudar de él y de cualquier tipo de verdad absoluta.

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