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Como siempre, el que apuesta al dólar pierde

La presidenta Cristina se quejó, en su discurso en la Bolsa de Comercio, porque los argentinos preferimos ahorrar en dólares, en lugar de comprar bonos y acciones locales.

23-08-2026 | 09:43

La presidenta Cristina se quejó, en su discurso en la Bolsa de Comercio, porque los argentinospreferimos ahorrar en dólares, en lugar de comprar bonos y acciones locales.
¿Es la misma presidenta cuyo marido ahorró los fondos de la provincia de Santa Cruz en unbanco suizo? ¿Es la misma presidenta cuyo gobierno estafó a los tenedores de bonos en pesosajustables por CER manipulando los datos de inflación? ¿Es la misma presidenta cuyo gobiernoexpropió los fondos de pensión en pesos, o destruyó la rentabilidad de empresas que cotizan en laBolsa de Comercio cambiando arbitrariamente las reglas?
¿Es la misma presidenta que frena exportaciones e importaciones o fija impuestos por unasimple resolución? No, seguramente se trata de otra persona ¿Una impostora? Un argumento para uncuento de Borges o de Bioy.
El mundo parece haber tocado piso en la crisis global. Todavía no está claro si es algotransitorio o definitivo. Todavía falta pasar por el test de “quitarle la medicación”de déficits fiscales descomunales y políticas de expansión monetaria “tercermundistas”y ver si el paciente sigue el camino de la recuperación por su cuenta.
Todavía falta para que el sistema financiero retome vitalidad y que las familias, en el mundodesarrollado, recuperen relaciones de endeudamiento razonables. Pero, mientras tanto, las políticasanticíclicas han frenado la caída mundial y permitido que los precios de nuestros productos deexportación se recuperen y que China, por un lado, y Brasil, por el otro, “ayuden” consu demanda a nuestro sector externo.
Esta mejora, transitoria o definitiva del escenario internacional, sin embargo, no ha servidopara despejar incertidumbres sobre el corto plazo local y mucho menos para retomar niveles deinversión aceptables. Es cierto que es probable que también aquí en la Argentina estemos cerca detocar piso, gracias a este marco internacional y regional citado y a que, si mejoran lascondiciones climáticas, el campo recuperará nivel de actividad y volumen exportable el próximo año.
Pero, lamentablemente, la resaca del desorden fiscal preelectoral en la Nación y en lasprovincias no ha alejado las dudas sobre más expropiaciones, directas o indirectas, o más inventosimpositivos o regulatorios. El festival de subsidios continúa, ahora agravado por el populismofutbolero y el descontrol en algunas empresas estatizadas. Y, además, todo esto nos está llevando aun terreno peligroso y conocido: el del Banco Central financiando al Tesoro e, indirectamente, alas provincias.
Afortunadamente, todavía estamos ante dosis no letales de este veneno. No es lo mismo tenerque emitir el equivalente de US$ 3 mil / 4 mil millones para cerrar las cuentas públicas, que tenerque emitir US$ 10 mil / 15 mil millones. Pero este tipo de financiamiento, a través del regresivoimpuesto inflacionario, es adictivo, además de ser criminal para los sectores de ingresos fijos yde más bajos recursos.
Por lo tanto, la clave de los próximos meses, si este escenario benigno persiste y noenfrentamos una recaída global, pasa por la capacidad del Gobierno de conseguir que la evolucióndel gasto público no obligue a recurrir con mayor intensidad a la política monetaria, alendeudamiento con proveedores o receptores de reintegros o reembolsos, o a seguir reduciendo losfondos disponibles para el sector privado, en la banca oficial o en la ANSES.
Recuperar la capacidad de recurrir al crédito internacional voluntario ayudaría, en la medidaque se pudiera evitar, de esta manera, abusar de la inflación, a financiar el gasto. Pero transitareste camino –además de sus consecuencias de largo plazo, sobre el endeudamientopúblico– exige reducir, sustancialmente, la percepción de riesgo argentino que tienen losinversores, internacionales y locales.
El camino no es rápido ni fácil. Recuperar un mínimo de reputación como deudor confiable nole será fácil a la Argentina K, por lo expuesto al principio de estas líneas y porque continúaenviando señales confusas respecto de su verdadera vocación de “normalizarse”.
En síntesis, el mundo mejora, aunque, por ahora, sin confirmar una recuperación definitiva, yla Argentina puede dejar este escenario recesivo aunque en forma muy modesta. Pero el uso del BancoCentral como una caja fiscal más, si bien en dosis bajas, implica seguir caminando sobre el filo deun cuchillo, y le pone un piso a la evolución del dólar.
Y las señales poco contundentes sobre la búsqueda de la normalización crediticia difícilmentepermitan un rápido acceso genuino al crédito voluntario a tasas razonables. Ambos factores ayudan aque los argentinos, pese a los retos de la Presidenta, al igual que, en su momento, lo hizo sumarido, prefiramos defendernos ahorrando en dólares. Aunque el que apueste al dólar pierda.

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