•EFECTOS DE LA CRISIS?

Confrontación social y falta de diálogo

Es perceptible en la Argentina de estos días un fuerte nivel de crispación y confrontación social, que enturbia cualquier proyección sobre el futuro y transforma el diálogo y el consenso –dos atributos nodales para alcanzar la madurez de una sociedad– en prácticas en desuso.

Confrontación social y falta de diálogo
22-08-2026 | 07:00

Es perceptible en la Argentina de estos días un fuerte nivel de crispación y confrontaciónsocial, que enturbia cualquier proyección sobre el futuro y transforma el diálogo y el consenso–dos atributos nodales para alcanzar la madurez de una sociedad– en prácticas endesuso.

La realidad concreta, lo que sucede diariamente, lo confirma. Son las posturas y actitudes tanirreductibles como cambiantes, según la conveniencia personal o electoral, que se advierten en laclase política: en vez de actuar como mediadora de los conflictos y pujas sectoriales, y con elEstado, no hace más que azuzarlos con argumentos reversibles.

Muchos dirigentes, que no encuentran la forma de construir una alternativa no sólo seria, sinoya creíble, ejercen una confrontación tan destructiva que hasta termina desdibujando los defectosdel adversario que dicen combatir.

La desmemoria y la impunidad no son sólo una rémora que deviene para algunos en unarelativización o desconocimiento del genocidio de la dictadura. Ha calado también en la concienciade la sociedad civil y su dirigencia, que no se hacen cargo del pasado, no hacen autocrítica y noparten del entendimiento de que los fracasos institucionales han sido responsabilidad de todos, ode toda la clase dirigente argentina, en las últimas décadas.

Ciertamente, no se trata de vivir en el pasado, que lleva a paralizar, sino apostar al futuro,que tiende a movilizar. Pero no es menos cierto que muchos de los que hoy se rasgan las vestidurascon actitudes que sólo buscan repercusión en los medios de comunicación deben comprender que loesencial es cumplir con el legado que nos impone el voto de la gente.

Pero hoy la crispación y la confrontación parecen haber invadido a toda la sociedad, incluso ala farándula. La responsabilidad primaria nos cabe, sí, a la clase política; pero también a los queignoran la ventaja del diálogo y la construcción de consensos. También cabe hacer cargos contraciertos medios de comunicación que especulan o medran con el dolor de la gente, sacudida por elflagelo de la inseguridad y su inédito nivel de violencia y salvajismo.

Algunos atribuyen estas conductas al efecto de la crisis. Sobre esto me permito señalar que laArgentina viene de un proceso en el que objetivamente se han mejorado las condiciones de vida de lapoblación. Estamos aún lejos de una sociedad justa, pero no se puede desconocer lo que hemosavanzado desde la explosión de la crisis de 2001. Si en una situación objetivamente mejor a la dehace unos años nos movemos con este nivel de agresión, tengo el temor de qué puede llegar a pasarcuando los efectos de la crisis actual, que esperamos que no sean excesivamente dramáticos, sehagan sentir sobre nuestra sociedad.

Es la hora de actuar con responsabilidad y compromiso, de cara a la gente y al futuro. Es lahora de un discurso y de actitudes serias y responsables y además esperanzadoras. La gente necesitasentirse conducida por dirigentes serenos, preocupados y ocupados en la suerte de los másvulnerables.

Reconstruyamos el diálogo, redescubramos nuestra identidad como nación, resaltando nuestrascoincidencias y el enorme potencial que podemos alcanzar cuando ponemos todo nuestro esfuerzo enpos de un objetivo común. Recordemos que ningún sector de la nación tiene futuro si permaneceaislado del resto. Repensemos el movimiento nacional como único instrumento posible para alcanzarlos objetivos que la gente, sobre todo los más pobres y necesitados, se merecen.

Como siempre, vamos a salir adelante. Pero no es necesario pagar tan duro costo, al queparecemos condenados los argentinos, por la crispación, la mezquindad y la falta de grandeza yconsenso de sus dirigentes. Nada bueno puede esperarse del todo o nada, que generalmente termina ennada. La nación profunda, esa que no aparece en los medios, pero que lucha con su esfuerzo anónimopor un futuro mejor, nos lo va a agradecer.


*Gobernador de la provincia de Chubut.

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