Existe una sensación de que al desplazarse de la escena Néstor Kirchner las aguas se calman.Hasta la Presidenta en su conferencia de prensa podía crear un ambiente agradable por más que sepiense que las preguntas parecían filtradas. Pero el clima que creaba el ex presidente a imitacióndel chavismo llevaba las cosas y los ánimos a un alto voltaje. Esta vez no le dio resultado.
Todos los que quisieron reproducir la gesta de los setenta en la que se confrontaban losmilitantes de la liberación nacional contra cipayos y fascistas, ésta vez perdieron. Pero loshermeneutas del kirchnerismo no van a cambiar por ahora. Aseguran que éste es el triunfo de laSociedad Rural, de la nueva derecha, de los intereses de las grandes empresas mediáticas y de losresurrectos del noventa.
El problema es que si la tensión nacional fuera la obra de una sola persona, el remedio estaríaa la vista. Es posible que el asunto sea más complejo. El lema de que el Gobierno“hace” mientras la oposición habla, y que había que votarlos por todo lo que faltahacer, tampoco dio resultado. La mayoría estima que lo que falta hacer, mejor que lo haga otro, yque todo lo que se hizo no es de por sí bueno.
En la provincia de Buenos Aires ganar con el 34% contra 32% no le da resto a nadie a pesar deque lo que asombra es que un nuevo allegado a la política le gane a un aparato oficialista bieninstalado. Pasa en el mundo moderno. Dinero, imagen, más disconformidad con los que gobiernan, armaun combo que puede ser transitoriamente exitoso.
La desocupación creciente, la fuga de capitales, los problemas de financiamiento, la inflación,las retenciones, los controles de precios, el incremento de la oferta de bienes y las relacionescon el mundo, conforman una agenda bien complicada que no tiene respuesta en prospecto alguno.
Si se piensa que el Gobierno durante seis años hizo todo mal y que hay que hacer todo al revés,mostraría que la clase política no aprende nada, porque es lo que siempre se hizo y fue para peor.Cuando se dice clase política no me refiero a los profesionales de la misma sino a los queconstruyen lo que se conoce por mundo de la opinión pública.
La asociación entre política y humildad es algo desconocido en nuestra cultura, y no sólo entrelos miembros de este Gobierno.
Hay que constatar que vivimos un momento de confusión política que no ayudará a mejorar lasituación económica que posiblemente se agrave en el contexto internacional. El personalgubernamental que estaba da un paso atrás, sin irse, pero sin fuerza. Los que llegan no estarán enlos próximos seis meses. Además vienen fragmentados.
En el justicialismo, Macri, Reutemann y Scioli toman la posta y la vacante dejada por NéstorKirchner. Que sean gente de diálogo suena bien, pero no llena el canasto que necesita ideas ademásde intenciones. En la Coalición se yergue Cobos, que es un ex kirchnerista, vicepresidente enejercicio de este Gobierno que condena y que parece dominar un escenario a disposición por lostraspiés de Carrió y Binner.
En PRO está Macri que retrocedió fuerte en la Ciudad de Buenos Aires y que no tiene estructuranacional, por lo que dependerá de otros.
“Está bueno” –como dicen los de PRO– lo de Solanas en nuestra Ciudad. Loestá porque pone en escena un tema a discutir, me refiero al rol del Estado. Pino Solanas le haagregado un par de referencias republicanas a su discurso cuando habla de ética, Estado moderno,mejora de la calidad institucional, todo esto a pesar de los afiches en los que se lo ve junto aChávez.
Un amigo de izquierda pregunta asustado si ahora van a privatizar todo. Ayer, otros decían quese iba a estatizar todo. Hay fantasmas que insisten en merodear y hechizan a los ciudadanos. Lacultura política parece embrujada.
Solanas habla de propiedades del Estado, de la energía y la flota mercante entre otrosdispositivos estratégicos que deberían pasar a manos del Estado. Señala algo importante, que lasempresas no deben estar como en el pasado manipuladas por un gobierno. Es decir que separa gobiernode Estado, con lo que nos remite al único problema importante, que no es fantasmal sino que tienecuerpo: quién controla y quiénes controlan a los controladores. Traducido quiere decir combatir lacorrupción, vigilancia sobre las contrataciones y la necesidad de buen servicio, eficiencia yproductividad.
Lo que exige una reforma del Estado que no termina en el eslogan de que el control debe estar enmanos de los trabajadores, entidad masiva de valor sólo nominal y que no anula la necesidad deespecialistas, delegados y estructuras de control jerárquicas sin estar burocratizadas.
En síntesis, Solanas debe darle contenido nuevo a una necesidad vieja que no se compensa conreferencias a Savio, Mosconi y Carrillo, cuando no Perón, quien es justamente el que confundióEstado con gobierno.
En Santa Fe perdimos por un pelito. Personalizó la cuestión por mi adhesión a la políticasocialista de Hermes Binner, desde mi punto de vista quien mejor representa luego de ejercer juntoa sus compañeros casi veinte años de políticas municipales y ahora provinciales, la realidad delideario expresado por Pino Solanas. Un Estado trasparente, eficiente, amigable, con preocupaciónsocial y participativo.
El problema es que los del Frente Progresista santafesino en los dos años que les queda no sólotienen que concretar con la escasa financiación que existe en el mundo y la recesión nacional, lasobras en salud, educación e infraestructura que ya comenzaron, sino también deben convencer a supueblo de que el socialismo no es un derivado rosarino de clase media sino una cultura popular alservicio de las necesidades de la gente más pobre.
La Presidenta habló de un escenario político tripartito. Ve a un justicialismo y al AcuerdoCívico con fuerzas parejas y en el medio, a PRO al que le adjudica menor fuerza nacional. Porsupuesto que esto no fue del agrado de De Narváez, que pretende eregirse como el gran vencedor dela jornada. No acepta la invitación a sumarse a un PJ comandado por Scioli en momentos en que loconsidera su derrotado.
Lo mejor que puede suceder es que la Presidenta luego de dos años asuma la presidencia y le désu tono propio. Situación complicada de resolver cuando su marido es un ex presidente y un hombreque no sabe ni puede vivir sin la obsesión del poder. Pero quizás, al darse cuenta CristinaFernández de que Néstor Kirchner ya no manda a la tropa, que no maneja el aparato, ni lasrelaciones con la CGT, los intendentes, la UIA, y las organizaciones sociales, y que ya no son elapoyo de un gobierno que hasta hoy él dirigía, y si toma conciencia de que se necesitan nuevosinterlocutores políticos y un clima más adecuado para enfrentar las graves dificultades que seavecinan, entonces, las elecciones sirvieron para algo.
*Filósofo. (www.tomasabraham.com.ar)







