Aburrido el curso electoral, salvo los relámpagos con los que adereza Néstor Kirchner lacampaña. El resto, nada. Con los caballos dispuestos, la carrera; más exactamente, la cuadrera,emocionante pero sin categoría. Final previsto y raro: no hay fracción política que reitere sutriunfo en ninguno de los cinco principales distritos (Kirchner en Buenos Aires; radicales enMendoza; el PRO en Capital; Carlos Reutemann en Santa Fe; Luis Juez en Córdoba). Obvia atomizaciónque permitirá –lo que parece común en estos tiempos– apropiaciones indebidas. Unos,para hablar como argentinos de victorias que no dan derechos y, otros, también como argentinostípicos, aprovechándose de los guarismos: el matrimonio oficial, en ese sentido, presumiráseguramente de apoyos masivos por aventajar a sus rivales en el distrito bonaerense, aunque buenaparte del país se le exprese en contra y pierda en el Congreso la hegemonía en las cámaras.
Un resultado parcial que excitará aún más el ánimo intervencionista, el “modelo”de Néstor Kirchner, quien conduce a su sector con palabras que sus más cercanos no se atreven arepetir. Por la raiz discriminatoria que manifiesta y excusándose en loables principios generales(el interes de la población, la protección de los ciudadanos) que se asemejan a regímenes yaconocidos. Un proceso de engorde propio más que de estatismo caritativo; según algunos, no en vanoel ministro Julio De Vido dijo que imponían sanciones por incumplimiento de planes a una empresa(impidieron que Edesur liquidara dividendos por 20 millones de dólares), sin distinguir entreamigos y enemigos.
Nadie le había pedido explicaciones al respecto, tal vez él asumió –con ciertaculpabilidad– que merecía la aclaración frente a una empresa que hace tiempo se piensa enestatizar y a la que se castigó con un bloqueo de 20 millones, mientras a otra más amigable (YPF)se le permitió el reparto de 660 millones de dólares –sin hablar del capítulo“amortizaciones”– unos pocos días antes. Estos avatares económicos que seavecinan parecen más entretenidos –si uno no es víctima– que la actual y aburrida etapaproceso electoral: aunque después del 28 de junio quizá se deriven litigios personales que nadiequiere ver. Ni los protagonistas.
No los une el amor
Una de las preguntas del millón (no en dólares o pesos, monedas en franco caminodevaluatorio) para el día después: ¿hasta cuándo durará la sociedad? O: ¿quién de los dos eligiráuna vía propia, lejos del otro? ¿Scioli o Kirchner? Para decirlo en brutal castellano, se advierteen el aire el zumbón sonido de una puñalada trapera o una daga florentina, si se prefiere laelegancia, a ocurrir entre la fecha del comicio y el período que se extenderá hasta la convocatoriageneral del 2011. Si bien juntos hoy paladean el anticipo de un triunfo en la provincia de BuenosAires y, también juntos, habrán de festejarlo la misma noche del 28, a la hora de cobrar losderechos de autor, ¿quién de los dos pasará por ventanilla? ¿Le corresponde a Kichner o a Scioliesa presunta victoria?
Importa develar este interrogante de boletería provincial: ambos se imaginan candidatospresidenciales por la misma fracción para dentro de dos años y, como se sabe, sólo uno de los dosingresará eventualmente en ese envase; a su vez, el estático rol que se reparten (jefe ysubordinado) desde que llegaron al poder parece ya dificil de conservar. A menos, claro, que lahistoria inminente sea una marea que arrastre al dúo.
Hoy el gobernador candidato a diputado esgrime que, gracias a él, se recuperó la rémora enla consideración popular que significaba el matrimonio Kirchner. Puede mostrar encuestas alrespecto, entre 5% y 6% adicional desde que él se incorporó como aspirante“testimonial”. Ese es el aporte Scioli, un número decisivo para ganar en Buenos Aires.Por su parte, el ex presidente venido candidato a diputado sostiene que sólo el favor del Estado(léanse obras, subsidios, promesas) que garantiza su esposa mandataria a los intendentes tambiénconvertidos en candidatos, es lo que permite revertir una tendencia negativa en los sondeos previosbonaerenses.
Por no hablar de su contribución cotidiana, embarrándose con mensajes y visitas para lacustodia del “modelo”. Ninguno de los dos, aunque discrepan en este punto fundamental,plantea diferencias; más bien se alaban y se halagan: uno, como siempre, habla “del Néstor alque siempre acompaño”; y, el otro, repentina y cariñosamente, “del Daniel que siempreme acompañó”.
Scioli exhibe una trayectoria de fidelidad común a todos sus patrones políticos: CarlosMenem, Eduardo Duhalde o Adolfo Rodríguez Saá (basta recordar que a la vera del efímero presidentepuntano, el día de su renuncia televisada a todo el país, apareció en pantalla como si a alguien leimportara ese leal testimonio del secretario de Deportes).
Con Néstor, además, aumentó esa tendencia rayana en la sumisión: nunca protestó siquiera apesar de que lo echaron de su oficina en la Casa Rosada, se tragó los embates impropios de lapropia Cristina en el Senado, también pesquisas dirigidas contra él y su familia, escraches en losdiarios oficialistas, acusaciones como presunto conspirador vicepresidencial –un viciocongénito de los perseguidos Kirchner–, desprecios públicos, privados y, por supuesto, callósu opinión cuando lo instruyeron para saltar a la provincia de Buenos Aires cuando él, desde elAbasto, sólo deseaba enfrentar a Macri en la Capital Federal. Hasta corrió un riesgo de papelespoco fundados en esa operación de traslado. Pero era vital Scioli entonces para los Kirchner;también ahora es decisivo con las “testimoniales”, las que seguramente le deben haberdisgustado como idea. Se supone que, a pesar de hacer siempre lo mismo que indican los Kirchner, yobtener ventajas de ese ejercicio, existen ciertos pruritos institucionales que le cuesta vulnerar.
Por lo tanto, si se ha vuelto casi imprescindible, ¿no le corresponderá facturar esteservicio a la familia santacruceña? Y en el 2011, cuando éstos no puedan aspirar seriamente a supropio continuismo –recordar que más de 60% del país los rechaza–, ¿depositará el dúoen Scioli la herencia? Aduce que, hasta ahora, se ha comportado como un hermano menor para recibirel legado; pero ¿lo aceptan como pariente? Díficil saberlo: nunca lo invitan a la casa, no hancompartido socialmente nada en todos estos años, hasta se diría que mínimas fricciones trivialeslos separan.
Ni hablar de gustos o conocidos: Scioli invita a los Pimpinela, al Chaqueño Palavecino,disfruta con el espectáculo, dispone de un círculo no ajeno a las fotos de los semanarios, mientraslos Kirchner guardan su hogar bajo siete llaves, no toleran invasiones, cultivan un criterioamistoso característico: en exclusivo y en calidad de oyentes, reciben cada tanto a una pareja(Hector Icazuriaga, el jefe de la SIDE, y a su mujer). Casi una política para los vínculos,incluyendo en esa conducta gregaria a los empresarios afines, con quienes alterna y discutenegocios fundamentales. Pero no los mezcla en su residencia, casi nunca compartieron un churrascoen la mesa familiar. Ni ellos van a sus casas.
Claro, puede no haber premio para Scioli a pesar de la subordinación. Hasta que lo apartendel consuelo de un segundo mandato provincial a favor de otros ambiciosos, tipo Sergio Massa, aquien Kirchner no digiere pero siempre conserva (además, dicen, le permite audacias que no toleraen otros). ¿Podría ser, tal vez, que la panacea de las cámaras de televisión para controlar losmovimientos ciudadanos –proyecto de discutible costo para mejorar la seguridad– quetanto seduce a Massa (también a gobernadores, jefes comunales, legisladores, no todos deloficialismo), también haya penetrado a Kirchner?
Peligro de fraude
Especulaciones aparte, lo cierto es que Scioli se previene de sorpresas, y en la Casa Rosadainsisten en que ha reivindicado una relación jamás perdida, aunque fue parcialmente olvidada: la deotro matrimonio, los Duhalde.
Aprovechando para este 28 en principio, quizá, la frustración que en la pareja bonaerenseprodujo el abrupto desamor de Francisco de Narváez. De paso, los Kirchner toman nota de que Sciolibebe en cualquier fuente. Aunque el bebedero Duhalde hoy cubra exangües reclamos de sed. Pero, enesta elección, nada es insignificante (menos cuando la diferencia de las encuestas era másestrecha). Y, como se sabe, Duhalde se resintió con De Narváez porque éste aceptó prescindir de laslistas a una multitud de los suyos. Por omisión, conveniencia o presunta autonomía, De Narváez seacopló a sus socios electorales (Mauricio Macri y Felipe Solá) y a sus consejeros políticos ypublicistas, para descargar parte de la mochila duhaldista antes de los comicios: entonces,desecharon punteros a granel y, para colmo, hicieron trascender que la sola mención de esos nombrespostergados, indeseables, provocaba rechazo y descontento popular. Como si los habitantes de laavenida Santa Fe pensaran igual que los de la avenida Cristianía. Hasta volcaron al abismo a tresmujeres que sugirió Hilda “Chiche” Duhalde (una de ellas, íntima amiga, a quien algunavez dejó en el ministerio y de la cual sólo los especialistas recuerdan el nombre), dañoirreparable al orgullo de la esposa de un ex hombre fuerte. Si Duhalde se ofendió por el parcialapartamiento de sus huestes, y de él mismo, en su casa hirvió más la indignación; hasta debiódramatizar su afrenta, como sucede con la mayoría de los hombres –salvo en el respetable casode Néstor Kirchner–, miembros de la escuela del trifonismo más explícito cuando padecen elmartilleo de sus sisebutas.
Con retraso, De Narváez trató de recuperar lo entregado. Pero Duhalde ya desertaba delescenario sin escándalo, para no volver a involucrarse, frío, con la recurrente excusa de losviajes comprometidos. Una salida menor, podría colegirse, si no fuera que el 28, además de votar,hay que contar los votos en la provincia de Buenos Aires, misión para la cual el remanente delaparato duhaldista –separado por De Narvaez & Cía– garantizaba cierta experiencia.No casualmente el avezado Néstor ya reclutó –desde su ascenso al poder– a una granparte de estos expertos en llenado y vaciado de urnas.
Para medir la incidencia laboral de estos hombres, un dato: en el ámbito bonaerense seregistra una de las concurrencias más notables los días de votación, casi una extrañeza es esapasión democrática en el distrito. Más bien se tiende a imaginar a los ciudadanos desposeídos oindigentes con indiferencia o desidia frente al compromiso del voto, sobre todo si se lo comparacon el aparente interés que el proceso electoral parece despertar en otras circunscripciones(Capital, por ejemplo). Pero esa impresión es falsa o los números demuestran lo contrario: enBuenos Aires no son sólo muchos los anotados en el padrón, también son muchos los que votan.
Este peculiar fenómeno, entre uno de los tantos que se viven en las elecciones, genera másde una duda sobre la transparencia comicial, ya que un documento falso, imperceptible en sufalsedad, se consigue –dicen– por menos de 300 pesos. De ahí que De Narváez, quizápensando en que podrían votar los que están inscriptos aun cuando no vayan a votar, se preocupaahora para recuperar a los experimentados de Duhalde que faciliten un control más exigente delcomicio. Aun las promesas de amor eterno no salvan el perjuicio ocasionado.
El miedo de Kirchner
Y algunos imaginan que, para cubrir ese dolor de ausencia en Duhalde, más de un bálsamo lellegó desde la orilla de Scioli. Ya no importa si se reunieron o si se enviaron cartas en botellaslanzadas al río; interesa el primer saldo: entre ellos se han olvidado mínúsculos episodios decontroversia (nadie, por otra parte, le arrancará a Duhalde una opinión contra Scioli) y existe lapromesa mutua de volver a jugar al ajedrez, ciencia deportiva que los reunía antaño. Mássignificativa es la información de que ambos comparten una iniciativa común sobre la producción yel trabajo, estudios en los que se especializa una fundación duhaldista de la que Scioli ahora noparece estar lejos. Una afinidad, en suma, que en el futuro puede mejorar cuando los hombres queDuhalde colocó en la distribuidora de De Narvaez por toda la provincia –una formaciónpolítica que no habrá sido la soñada, pero tampoco es desdeñable– se terminen inclinandohacia el poder constituido de Scioli. Habrá que esperar. Conjeturas políticas, alianzastransitorias, adhesiones imperfectas que habrán de despertar tensión en un atento observador: elKirchner que nada ignora, aunque disponer de la información tampoco garantiza que no ocurranciertos acontecimientos. Y quien se pensaba solitario en la cola de la boletería entre el 28 dejunio y el 2011, con el número premiado, sin voluntad de pagar o reconocer nada como es sucostumbre, empieza a deshojar lo más pérfido de la política. Temiendo, claro, un codazo.




