| POLITICIDAD. Magdalena, Sabato, Hadad, Rico, D’Elía, Ahmadinejad, Zelaya yHugo Chávez. |
En la contratapa de ayer, titulada “Contra-traición”, se detalló la gran cantidad deenemigos o adversarios del Gobierno que fueron sus aliados. Los principales referentes delradicalismo y del peronismo disidente (Cobos y Solá), sumados a la mayor empresa de medios(Clarín). En los últimos dos años, también pasaron a la categoría de traidores los principalescolaboradores de la administración económica (Alberto Fernández, Sergio Massa, Martín Lousteau yMartín Redrado). Y en el pasado, lo mismo sucedió con Lavagna y Duhalde, y en tiempos máspretéritos, con el vicegobernador de Kirchner en Santa Cruz (Eduardo Arnold) y su sucesor comogobernador (Sergio Acevedo), quienes acaban de denunciar al kirchnerismo de ser corrupto. Quienacusa a tantos de traición, ¿será también él traidor?
En esta columna se pone foco en otra forma de contradicción: personas mutuamente fieles conel Gobierno pero que nunca tendrían que haber sido aliadas porque debieron haber resultadoexcluyentes ideológicamente.
Un reflejo anecdótico: la semana pasada el ex presidente bajó especialmente a la Cámara deDiputados para votar a favor de los derechos de los homosexuales pero, al mismo tiempo, tiene deprincipal “vocero atacante” a Luis D’Elía, quien defiende a Mahmud Ahmadinejad,el más homofóbico de los jefes de Estado.
Medios sin fin. El campo donde las contradicciones del Gobierno se hacencontrastantes es el de la economía. Pero donde éstas cobran mayor peso es en la revisión de ladictadura. Desde el canal de televisión público, el kirchnerismo le reprochó al diario Claríneditoriales elogiosos de la dictadura, mientras que el canal de noticias aliado del Gobierno es elde Daniel Hadad, ex vocero de los carapintadas.
La propia cabeza de los carapintadas –quienes se levantaron para que terminaran losjuicios contra los ex represores–, Aldo Rico, fue aliado del kirchnerismo hasta hace poco, alpunto que su hija integró la lista de diputados oficialistas en las elecciones donde CristinaKirchner fue votada presidenta.
De estas personas ni siquiera cabe el análisis sobre su comportamiento entre 1976 y 1983,porque en la propia democracia siguieron reivindicando el espíritu de la dictadura y oponiéndose alos juicios a los ex represores.
¿Qué lógica tiene denostar a Magdalena y haber sido aliado de Aldo Rico? ¿No es la forma másretrógrada posible la de haber seguido apoyando a los ex represores en plena democracia? Fueron loscarapintadas los que extorsionaron a Alfonsín hasta obtener las leyes de Obediencia Debida y PuntoFinal.
El túnel. Pero la contradicción continúa. Ahora desean agregar a la lista depersonas “censurables” por su actuación en la dictadura nada menos que a ErnestoSabato. Como preámbulo de una nueva andanada, viene circulando por Internet un texto acusatorio deSabato porque en mayo de 1976 fue a almorzar con Videla junto con otros escritores, como Borges, yhabría declarado en un reportaje a la revista alemana Geo –en 1978– que “lainmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder.Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos”. La acusaciónle achaca haber sido “un entusiasta propagandista de la operación política del Mundial’78 y de la Guerra de Malvinas y aconsejaba a los exiliados que no contribuyeran a la campañaantiargentina”.
¿Por qué será que a los más visibles mentores de la Conadep –Magdalena y Sabato–les fabrican un pasado falaz al omitir todos sus enfrentamientos con la dictadura?
Quizás ayude verlo desde fuera de la Argentina. Chávez y Zelaya, el depuesto presidente deHonduras, merecen todo el respeto por haber sido elegidos por sus pueblos, así como también elapoyo ante cualquier intento o concreción de golpe de Estado en su contra. Pero con ese mismoespíritu en defensa de la institucionalidad, no debería resultar un amigo tan cercano alguien comoChávez, que intentó un golpe contra un gobierno democrático (en 1992, cuando presidía VenezuelaCarlos Andrés Pérez), sin importar las causas que lo motivaran. En ese episodio se emparenta conRico.
Arqueología del poder. Giorgio Agamben, en la trilogía de ensayos sobre el homosacer, explica cómo derecha o izquierda, o estatismo y privatismo económico, son categorizacionespolíticas cada vez más indiscernibles y progresivamente más mezcladas en todos los regímenes. Laoposición política es entre democracia y totalitarismo. Porque en la medida en que sistemasdemocráticos tienden al autoritarismo, “el nazismo y el fascismo continúan absolutamenteactuales”. Sobre la deformación de los sistemas democráticos dice: “Su aporía consisteen poner la libertad y felicidad del hombre allí donde está su servidumbre”.
Desde una perspectiva de autopoiésis del poder (lo que se reproduce a sí mismo), podría habermás empatía K con aquellos que tomaron las armas, aunque de signo ideológico contrario, que condemócratas como Magdalena y Sabato a quienes –precisamente– no le perdonan su pacifismoy haberse sentido también horrorizados por la violencia de la guerrilla.
Lo que no es una contradicción es la desaparición de la frontera entre medios y fines. Todoes uso.





