Contra el eje anti medios

Aprovechando su viaje a la Argentina para participar de la 65ª reunión anual de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), que comenzó anteayer y termina pasado mañana, vinieron a PERFIL las autoridades del principal diario de Ecuador, El Comercio, de Quito, en búsqueda de ideas para defenderse de las presiones que el gobierno de Rafael Correa ejerce sobre la prensa de su país y especialmente sobre ese diario, el mayor de Ecuador.

Contra el eje anti medios
23-08-2026 | 20:18

LA SIP EN BUENOS AIRES. Alertó que el triángulo Chávez-Correa-Kirchner hostiliza ala prensa.

Aprovechando su viaje a la Argentina para participar de la 65ª reunión anual de la SIP (SociedadInteramericana de Prensa), que comenzó anteayer y termina pasado mañana, vinieron a PERFIL lasautoridades del principal diario de Ecuador, El Comercio, de Quito, en búsqueda de ideas paradefenderse de las presiones que el gobierno de Rafael Correa ejerce sobre la prensa de su país yespecialmente sobre ese diario, el mayor de Ecuador.
Hay similitudes entre Correa y el matrimonio Kirchner en su relación con la prensa: hoy enEcuador se debate una nueva ley de medios, se aprobó una norma electoral que restringe lapublicidad política y se está organizando el sindicato de vendedores de diarios y revistas de formafuncional al gobierno. En el caso de El Comercio, se agrega una similitud entre su propietaria,Guadalupe Mantilla de Acquaviva, y la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, porque ambas sonde la misma generación, enviudaron y recibieron el diario como parte de la herencia de sus maridos.
“Dado que la oposición está muy reducida, el blanco predilecto de Correa en todos susdiscursos es la prensa. Para él hay que destruir las corporaciones como los empresarios, la banca ola partidocracia, y considera a los medios el espacio de representación de esa ideología avencer”, me dijo uno de los directivos de El Comercio.
Como en Ecuador la publicidad oficial se convirtió en una herramienta de dominación con laque el gobierno premia a adictos y castiga a críticos, El Comercio está especialmente interesado enestudiar el amparo judicial que en 2006 interpuso PERFIL, con fallo favorable de la Cámara Nacionalde Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, además del fideicomiso en contra de ladiscriminación con la publicidad oficial lanzado el mismo año.

Paralelismos. El total de la publicidad en todos los medios de Ecuador era de 250millones de dólares anuales (en Argentina es seis veces más para un producto bruto también seisveces mayor). Y Correa la hizo crecer de golpe a 300 millones de dólares, multiplicando lapublicidad oficial varias veces. Esto generó que muchos medios se acostumbraran a vivir con unaespecie de subsidio que inicialmente facilitó su existencia, pero los hizo dependientes porque,mientras esos ingresos se repetían, sus empresas se acomodaron a un nivel de gastos que las haríainviables si desapareciera la publicidad oficial o volviera a los niveles previos a la asunción deCorrea.
El relato de los directivos de El Comercio sobre este proceso de la prensa ecuatoriana no esdistinto a lo que ha sucedido en la Argentina. En nuestro país, todos los medios tradicionales–diarios, revistas, radios y canales de televisión abierta– vienen soportando la mismacrisis mundial de reducción de la publicidad y audiencias porque la aparición de nuevos medios decomunicación (Internet, televisión por cable o proliferación de radios FM) canibaliza parte de laaudiencia o de la publicidad de los medios tradicionales. Y la publicidad oficial ha venido siendoel sostén que permitió disimular ese declive.

El diario Página/12 es el más conocido ejemplo: la publicidad oficial representa más del 70% detodas sus ventas de publicidad y más del 50% de sus ingresos totales considerando lo que pagan loslectores por el precio de tapa de cada ejemplar. Una empresa, en el mejor de los casos, podríaobtener una ganancia del 15% de sus ventas y si le desapareciera el 50% de sus ingresos sin bajarlelos costos (la publicidad oficial ocupa de dos a tres páginas diarias del periódico, que ya nopuede tener menos páginas de las que tiene), pasaría a tener pérdidas totales equivalentes a másdel 30% de sus ventas actuales. Y si la publicidad oficial se redujera a los promedios históricosnormales pre Kirchner, la cuarta parte de la actual, igual Página/12 tendría resultados negativosmayores al 20% de sus ventas actuales; o sea, se haría inviable sin una fortísima reducción decostos.
El ejemplo de Página/12 es apenas uno entre –literalmente– centenas que se dan enel interior del país con radios, canales de TV y publicaciones.

Mientras los directivos de El Comercio exponían su tesis sobre que la política anti medios quese despliega en Ecuador es hija del modelo venezolano de Chávez con ramificaciones también enArgentina, incorporé a la conversación una mirada más económica y fáctica que ideológica: estosaumentos de la publicidad oficial fueron posibles por el crecimiento del valor de las materiasprimas, que generó superávits fiscales prácticamente a todos los gobiernos de América latina. Sólose puede hacer intervencionismo si el Estado cuenta con recursos. El problema es luego para qué losusa.
Una forma de usarlos es para “la guerra del opio”. Los occidentales, yespecialmente Inglaterra, utilizaron el opio como una potente arma económica para dominar a Chinadurante parte del siglo XIX. Los lugares donde se fumaba opio se llamaban adormideras, buenametáfora para la prensa porque lo que muchos gobiernos desearían que sucediese con los medios esadormecerlos. Menos institucionalmente que en Oriente, pero en Latinoamérica y con otro tipo dedrogas, los dealers también la promovieron primero gratis o a bajísimo costo, para creardependencia, y luego usaron la necesidad del otro como un instrumento de dominación.
Karl Marx utilizó la figura del opio como adormecimiento de la conciencia cuando dijo:“La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, talcomo lo es el espíritu de una situación sin espíritu. Es el opio del pueblo”.
La publicidad oficial sin controles ni medida puede ser el opio del periodismo.

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