Finalmente, lo logró. Néstor Kirchner consiguió que sus opositores –de la política o deotros géneros– se contagiaran de una condición que lo caracteriza: la voluntad de daño queacompaña a muchos de sus actos. Se verifica esta singular contaminación casi tardíamente, luego deque el santacruceño atravesara siete años de protagonismo en el gobierno, en los cuales creyó queese elemento peculiar de su naturaleza contribuyó a sostenerlo. Así también lo han entendido susmedrosos adláteres, quienes por la preservación del modelo justificaron acciones de dudosoescrúpulo bajo el argumento “con el poder no se jode”; mientras, el arco de temerososrivales, ante el desprejuicio de ciertas acciones, apenas si atinaba a defenderse señalando, comomáxima denuncia de una conducta en ocasiones impropia, la fábula del escorpión. Sea por hartazgo,acercamiento al proceso electoral o cambio en las condiciones metereológicas de la política, se haninvertido los roles y en el Congreso, por ejemplo, el propósito del castigo al oficialismo ahoraprioriza decisiones (¿o cómo hay que entender el reclamo repentino del 82% para los jubilados, unos20 mil millones de pesos, por parte de quienes siempre pregonaron el equilibrio fiscal y ahoraparecen no medir el impacto del incremento en la economía pública?), se guía por cierta venganzapara arrancarle al oficilismo lo que más le duele, lo que se niega a conceder. Sin contemplacionesy hasta con placer, si pueden, aunque el designio del daño –en el caso de lasjubilaciones– se completa con la idea de impedirle al Gobierno el uso arbitrario, para supropaganda y conveniencia, de unos 30 mil millones que no figuran en el presupuesto por la subainflacionaria, sin hablar de los 23 mil millones que obtendría por las “ganancias” delBanco Central. El ojo en las elecciones, también.
A su vez, en otros ámbitos anida el mismo espíritu dañino: así se explica la cotidianahumillación de denunciar al Gobierno como una fábrica de corruptelas. Si se suma a esa cohorte deimpulsos casi persecutorios una pérdida progresiva del miedo que paralizaba a otros sectores, sedescubre la persistencia de una temperatura tan alta y radicalizada que, de no mermar, augura a lolargo del año el inevitable estallido de algún caño.
Demasiada literatura, tal vez, para distinguir un objetivo ya manifiesto y contrario a losKirchner en la oposición, el “tenemos un plan” que se podría resumir en tres puntos:
l) Propiciar todo tipo de acuerdos que impidan, en las elecciones del 2011, la continuidaddel kirchnerismo. Sea para que no alcance guarismos determinantes en la primera vuelta o paratumbarlo en la segunda.
2) Acumular la mayor cantidad de elementos judiciales que, hacia esa fecha o antes, habilitela convocatoria a tribunales de aquellos que rodean al matrimonio, y al matrimonio mismo si fueraposible, por presuntas infracciones o delitos.
3) La revisión y desmadejamiento de grupos económicos o empresas que prosperaron en losúltimos años, beneficiados en apariencia por su afinidad al oficialismo y a los favores quepudieran desprenderse de esa relación.
No sólo los periodistas conocen estas iniciativas cupulares de distintos centros deoposición; también el Gobierno que revela cierto nerviosismo ante la abundancia de datos alrespecto. Y trastorna a un Néstor que, por episodios pasados, lo menos que desea es sulfurarse. Porlo tanto, si uno se detiene en el primer punto de la planificada trilogía, asiste a una obviedad:las expresiones opuestas al Gobierno se recojen todos los días, se consagran inclusive eninimaginables ententes en el Parlamento, las que se reúnen también frente a la inquietud de que losaparten del público, del conocimiento, en la próxima campaña electoral, por el dominio creciente yexclusivo del aparato publicitario gubernamental, el cual –si le alcanza– pretenderáinaugurar innúmeras obras públicas en la pira bautismal.
Si hay analogías con otras administraciones en este aspecto, no ocurre lo mismo con el empeñode la oposición por responsabilizar judicialmente a la actual gestión por favoritismo en subsidios,fusiones, concesiones, ventas, compras o intervenciones. Por no hablar de las imputacionestributarias y el revuelto gramajo dedicado a los patrimonios personales. El afán inquisidor serecuesta en ciertos medios de comunicación, pero sería ingenuo separar este aluvión diario de otrosdirigentes que aspiran a generar un amplio mani pulite. Quienes observan como lenta a la Justiciaen ciertos procedimientos, imaginan algún grado de aceleración hacia fin de año o en el 2011. Loúnico cierto es la existencia de una voluminosa hilera de causas, algunas latentes, otras enapariencia dormidas, ninguna con “cosa juzgada”, casi todas ad referéndum de la veletaque sople el viento.
En cuanto al tercer punto, de asociación deliberada con el segundo, reconoce nombres yapellidos, historias y declaraciones juradas, capitales, manifestación de bienes y procedencias.Apunta esa inicial pesquisa a una primera línea empresaria que estarían “flojos depapeles” de acuerdo a la jerga de los vendedores de autos. Para completar esta investigación,se imagina otra adicional sobre connotadas personas físicas, grupos y compañías de orden nacionalque se han acoplado a ciertos emprendimientos, los encabezaron o participan en otros con vínculoestrecho a la venia gubernamental. Rubros a considerar en esa búsqueda de irregularidades: energíaen sus distintas áreas, transporte, obras públicas, juego, comunicaciones, pesca, entre otros.
El sentido final de estos ítems, soñados para unos y pesadillas para otros, es que si através de las urnas se desaloja al kirchnerismo, el mero acto electoral de la victoria no anulaotras construcciones de poder que acaparó ese núcleo político.
Sólo los distraídos podrían no identificar a quienes proponen estos cambios y revisiones, delmismo modo que tampoco demanda sutileza encasillar a cada uno de los personajes que agrupa elcontroversial mapa económico atribuido al kirchnerismo. De ahí que al margen de las circunstanciasdesfavorables que hoy padece el Gobierno endosándole responsabilidades a Héctor Magnetto sobretodas las culpas sufridas y a sufrir, se renovó en las últimas horas la ofensiva sobre éste y loque representa: desde la elección del juez Oyarbide para que considere –lo que podríaimplicar prisión– el delito de lesa humanidad en el traspaso accionario de Papel Prensa entiempo de los militares (que incluye a los directorios de entonces de esas compañías), a lasdenuncias por lavado de dinero del medio periodístico (tarea que, quizás para disimular, incluyótambién a un banco y a un grupo constructor), sin olvidar en esa retahíla podas al negocio delcable y limitaciones en radio y TV. Liquidar en suma a Magnetto, como si fuera un único culpable delas penurias o un modelo ejemplificador a tomar en cuenta por otros hacia el futuro.




