•estudios superiores

Crisis de los universales

Si no lo hicieron, lean, por favor, el artículo de Alieto Guadagni en el diario La Nación del martes 9 de febrero, sobre la situación de las universidades nacionales en nuestro país. La eficacia institucional, medida en términos de la proporción ingresantes/graduados, es tres veces mayor en las universidades públicas de Chile y Brasil (me limito a nuestros vecinos más inmediatos) que en las nuestras.

24-08-2026 | 06:14

Si no lo hicieron, lean, por favor, el artículo de Alieto Guadagni en el diario La Nación delmartes 9 de febrero, sobre la situación de las universidades nacionales en nuestro país. Laeficacia institucional, medida en términos de la proporción ingresantes/graduados, es tres vecesmayor en las universidades públicas de Chile y Brasil (me limito a nuestros vecinos más inmediatos)que en las nuestras: nosotros conseguimos que se gradúen apenas 22 de cada cien alumnos y, encualquiera de esos dos países llegan a más de sesenta. “Nuestro nivel de graduación, diceGuadagni, es uno de los más bajos del mundo”. Y cuanto menos graduados hay cada cienestudiantes, tanto más le cuesta al Estado cada graduado.
En verdad, estos datos no tienen nada que deba sorprender: nuestros vecinos nos superanampliamente en gestión de la economía y en calidad institucional; ¿por qué razón las cosas seríandiferentes en relación con la educación pública?
Guadagni plantea varios otros problemas de primera importancia y explica cómo se los encaraen Brasil y en Chile (la importancia de los esfuerzos para mejorar la educación primaria ysecundaria; el sistema de becas para estudiantes de bajos recursos; las modalidades de evaluaciónde los candidatos al ingreso a la universidad; el hacer públicos los datos de performancecomparativa de las diferentes universidades, mecanismo que incita a mejorar el nivel de calidad dela enseñanza –y que nuestra reciente Ley de Educación prohíbe–, pero me limitaré a lacuestión crucial del ingreso.
A lo largo de toda su historia, el ingreso a las universidades en Occidente ha sido unprivilegio de los sectores más favorecidos de la sociedad y todas las variables de la dinámicasocial convergen para producir ese resultado. En este contexto, el famoso principio del“ingreso irrestricto” a una universidad supuestamente “abierta a todos” esuna broma de mal gusto, una hipocresía que no modifica absolutamente nada de esa situaciónmacroeconómica y macrosocial, y sólo sirve de muletilla para perpetuar, en el ámbito encapsulado dela universidad nacional, el mercado ideológico de una cierta seudo izquierda.
De lo que se trata es de disociar lo más posible las condiciones que son necesarias paraobtener un buen resultado en el examen de ingreso del perfil socioeconómico de los que se presentana rendirlo. El hábito de la lectura; el nivel de calidad de las escuelas a las que se haconcurrido; el ambiente familiar, más o menos propicio al estudio y las rutinas de relación con losdemás son algunas de las muchas variables que están asociadas al nivel socioeconómico. Pero, que yosepa, la inteligencia no y, en muchos casos, las condiciones desfavorables de vida puede estimularsu ejercicio. Por lo tanto, lo que hay que hacer es discutir a fondo las modalidades de selección.Negarse a todo mecanismo de selección es simplemente una manera irresponsable de ignorar elproblema.
Pero hay otra cuestión, tal vez aún más general y complicada. Porque no es que esauniversidad histórica, destinada a los sectores altos y medios de la sociedad, esté funcionandocorrectamente. Por el contrario: está en crisis. Este sentimiento de crisis, bajo distintas formasy en distintos contextos, está lejos de ser simplemente local, a pesar de los mejores resultados denuestros vecinos. Creo que una de las principales razones es que la presión del mercado sobre lasinstituciones universitarias es cada vez mayor. En América latina, el triángulo de las tensionesentre el mercado de trabajo y las universidades públicas y privadas es a este respecto, cada vezmás perverso y los respectivos roles de unas y otras cada vez más inciertos. En la Unión Europea,el afán de uniformización está destruyendo lo que hacía la riqueza de esa región del mundo: ladiversidad local y nacional de las instituciones universitarias.
El razonamiento en términos de resultados es, pues, necesario pero insuficiente. La lógicainstrumental del mercado busca, de manera cada vez más obstinada, transformar las universidades endispositivos de producción de sujetos perfectamente calibrados para el mundo crecientementecomplejo, de la actividad profesional. En ese proceso, la universidad corre el riesgo de perder unode sus rasgos históricos fundamentales, que acompañó (contradictoriamente, así son las cosas) sucarácter de institución para los “privilegiados”: ser esa única institución de lasociedad capitalista capaz de generar un espacio de producción de conocimientos, es decir, unespacio que tiene como condición irreductible la libertad intelectual. Hoy, en Argentina, respectode la cuestión central de cómo garantizar esa condición, la distinción entre universidades públicasy universidades privadas no tiene ningún interés. Y pensar que el carácter “público” deuna universidad puede ayudarla a preservar ese espacio de libertad, es una ingenuidad.

*Profesor plenario. Universidad de San Andrés.

También en Perfil