Una vez más, los estudiantes se vuelcan a las calles para protestar. Esta vez el detonante fueel mal estado de los edificios escolares y, en el caso del Nacional Buenos Aires, el tema de ladirección del colegio. La primera reacción del Gobierno de la Ciudad fue denunciar una movidapolítica; aun más lejos en esa dirección fue el Gobierno nacional, que intentó en un principiocapitalizar políticamente la movilización estudiantil, hasta que los estudiantes proclamaron agritos que también están en contra de él y se guardó prudentemente a silencio. Está claro que hay“política” en la movilización estudiantil, pero no está tan claro de qué política setrata. Y posiblemente hay otras cosas –entre ellas, el mal estado de los edificios escolares,desde luego.
Así quedaron definidos dos planos diferentes de estas movilizaciones estudiantiles: los motivospuntuales de la protesta y los móviles políticos por detrás de esos temas puntuales. Por otraparte, en gran parte de la sociedad, por razones políticas o por otras razones, inclusiveestéticas, a bastante gente le molesta ver a los estudiantes en la calle, agitando consignas ysimplemente protestando. La valoración de la protesta como método es un tercer plano. Frase común:“Aunque puedan tener alguna razón, no comparto la metodología”.
Los motivos de la protesta son, como casi todo, discutibles. Es posible que si los colegiosestuvieran mejor de cómo están, los estudiantes habrían encontrado eventualmente otros motivos paraprotestar. Eso no quita que el Gobierno debería ocuparse con mayor celo del estado de los colegios;pero, sin duda, hay muchas otras cosas por las cuales protestar y no siempre hay alguien que lohace.
En el plano político, a menudo sucede que la política se apropia de los hechos imprimiéndoles unsentido que no es el buscado por los actores que los desencadenaron.
Estos estudiantes piensan que están actuando en nombre de ideales de izquierda, muy deizquierda, más específicamente revestidos de retórica trotskista. Pero la interpretación más comúnno es que estamos ante un renacer de las ideas revolucionarias en la juventud sino un hechopolítico de cortísimo alcance.
Los estudiantes protestando son una imagen que casi cualquier sociedad del mundo ha conocido.Si alguien no recuerda lo que eran las calles de Buenos Aires en tiempos de la confrontación entre“laicos” y “libres”, o París en 1968, o las calles de Santiago al inicio dela gestión de Bachelet, o si ignora los relatos del derrocamiento de Yrigoyen con la FUBA en lacalle (a favor del golpe), o Córdoba, durante la reforma universitaria en 1918, aquí está un relatode una escena de Oxford, a fines del siglo XII, que tomo casi al azar de Internet: “Hacia lasnueve de la mañana, bandas de universitarios desfilaban por las calles en formación militar. Si losoficiales universitarios no pudieron refrenarlos, el alcalde fue igualmente incapaz de contenerlos.La gran campana de San Martín sonó dando la voz de alarma; los cuernos de buey también se hacíanoír en las calles; se enviaban mensajeros al interior para reclutar campesinos aliados. Losacadémicos, que llegaban a tres mil en total, iniciaron su ataque simultáneamente en variosbarrios. Destruyeron depósitos de especias, cuchillería y otros. Armados con arcos y flechas,espadas y escudos, hondas y piedras, cayeron sobre sus oponentes. Mataron a tres e hirieron acincuenta o más. Una de las bandas tomó posición en High Street, entre las iglesias de Santa Maríay Todos los Santos, y atacó la casa de un tal Edward Hales. Este Hales era un antiguo enemigo delos académicos”.
Los mismos que se indignan porque los estudiantes protestan apoyaron, y posiblemente asistieron,a las manifestaciones a favor del agro en 2007, no se molestan cuando los agricultores cortan lasrutas (hace dos años era tan difícil ir a Rosario como ahora, por causa de los obreros de ParanáMetal), tal vez algunos simpatizaron con Gualeguaychú, tal vez más de uno, si le toca vivir en laavenida Pueyrredón en Buenos Aires, acompañó la protesta por el cambio de mano… La protestaes un tema aparte, pero no son los estudiantes secundarios porteños quienes la inventaron.
Hay otro plano relativo a los motivos de los estudiantes. Posiblemente sus intenciones no seagotan en la reparación de los edificios escolares, y piensan en cambio que están sumándose a unacorriente histórica que transformará el mundo. ¿Quien podría no entenderlos, si alguna vez hapasado por algo así? Hay una demanda insatisfecha de ideales políticos capaces de darle sentido ala vida. La oferta, hoy, es pobrísima. Creo que éste es un problema serio.
He oído decir que los estudiantes acusan al gobierno de Macri de “bonapartista”.Y al de Cristina también. O sea, los equiparan (en ese punto, muestran cierta sofisticaciónanalítica). Ahora, haciendo honor al pensamiento de Trotsky o al de Marx, esta aplicación de lanoción de “bonapartismo” a esos dos gobiernos es, por decir lo menos, insólita. Estosestudiantes, presumo, tal vez no leyeron ni a Trotsky ni a Marx. Protestan como se protestó entodas las épocas; pero hay dudas sobre si saben por qué protestan.
*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.






