•a proposito del crimen de mariano

Crónica de una muerte anunciada

Las estructuras sindicales mafiosas se cobraron la vida del joven Ferreyra, del PO. Ahora, el Gobierno se despega del ferroviario Pedraza. Vivir en Moyanolandia.

Crónica de una muerte anunciada
24-08-2026 | 18:52

Cristina se calzó el gorrito verde de la Unión Ferroviaria y empezó a mover sus caderas al ritmode los bombos. Los muchachos elevaban cánticos para esos dos galanes maduros que estaban, de saco ysin corbata, junto a la Presidenta: José Pedraza y Hugo Moyano. “Doña Cristina y sus dossindicalistas” no se parecían en nada a la novela de Jorge Amado. El jueves 12 de noviembredel año pasado festejaban y unidos la remodelación de la vieja sede de la UF. El clima era muchomas caliente que los 29.6º que marcaba el termómetro. Juan Belén, el metalúrgico heredero deLorenzo Miguel y, en ese momento, lugarteniente de Moyano en la CGT, había cometido sincericidioradial al fustigar a “esa zurda loca manejada desde afuera como la CTA que responde a laCuarta Internacional”. Desde el terrorismo de Estado que no se escuchaba tanto macartismo.Eran las convicciones de algunos jerarcas que luego se sumaron a las intervenciones militares delos sindicatos y que en varios casos delataron a esa militancia que los corría por izquierda ydenunciaba los grandes negociados que hacían con el Estado y los empresarios. Como ahora.

Pero hace menos de un año, la pelea no era en los trenes. Era en los subterráneos, con más omenos los mismos actores. CFK tomó el micrófono entre los dos socios en el Belgrano Cargas, los dosgremialistas que más subsidios millonarios reciben y los que se enriquecieron con la misma matrizde negocios vinculados a las obras sociales, las empresas de sus esposas e hijos y la mafia de losmedicamentos. Cristina le pidió al camionero que suspendiera un acto previsto en “apoyo delmodelo sindical” y en contra de los “intentos desestabilizadores” de quienesellos llaman “troskodelegados” o directamente “zurditos de mierda”, talcomo pudo comprobarse en estas horas en el Facebook de la Unión Ferroviaria. “Un zurdomenos”, dijo uno de los patoteros que participó en la cacería feroz que terminó con elasesinato de Mariano Ferreyra. Varios de esos perseguidores custodiados por expertos de la Federalarrojaban sus piedras al grito de “Aguanten Moyano y Cristina”. Diego Cardía, delegadode los trabajadores tercerizados, dijo ayer que no puede salir de su casa porque está amenazado yque si le pasa algo “la responsabilidad será de Cristina”.

Aquel día glorioso para Pedraza quedó reflejado en la revista El obrero ferroviario, conPresidenta chica de tapa. En la crónica aparecen más personajes que participaron del acto que hoyadquieren otra relevancia después del “Crimen contra la clase obrera”, como tituló elperiódico del Partido Obrero. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, sonreía satisfecho entonces,pero este último jueves fue el blanco de graves acusaciones en un comunicado oficial del PO:“Tomada y Noemí Rial, ex abogados de la UF, no condenan el crimen de Mariano”.

En aquella exhibición del triángulo Cristina-Moyano-Pedraza también puso su granito de arena lamano ultraderecha del titular de los ferroviarios: Juan Carlos Fernández (a) “ElGallego”, dueño y señor de todo lo que pasa en el Roca y “secretarioadministrativo” del gremio. Los militantes de izquierda y algunos peronistas no K declararonque Fernández es el que “contrata a los barrabravas que utilizan como fuerza de choque yfueron los autores materiales” de la masacre de Barracas y el que decide aumentos de sueldos,despidos y ascensos más que los propios empresarios”. Pedraza le tiene tanta confianza al“Gallego” Fernández que lo envió en su nombre al palco del Moyanazo en River, comoofrenda y presión hacia el matrimonio gobernante. Allí, Cristina también agitó sus caderas, estavez sin gorrito. Se probó la camiseta de la Juventud Sindical Peronista, sigla que expresa lapertenencia de Moyano en los 70 y, en muchos casos, fue utilizada como cobertura por grupos delperonismo fascista (el CdeO, la CNU) que no dudaron en asesinar “zurdos locos” de laJotapé o de la izquierda y colaborar con la policía criminal del comisario Alberto Villar y con laTriple A de José López Rega.

Ha corrido demasiada sangre desde aquellos crímenes y el de Mariano Ferrerya. Pero lametodología es la misma. Ha corrido mucha información desde aquel gorrito de Cristina y estacamiseta de la JSP. Políticos honrados y valientes como Graciela Ocaña y muchos diputadosopositores (nunca del oficialismo partidario ni mediático) fueron denunciando un modus operandi quela ex ministra definió como “Moyanolandia”. Anticiparon ese poder corrupto capaz dehacer cualquier cosa con tal de defender sus cuentas bancarias, que en el caso de Moyano, marchansobre ruedas y en el de Pedraza, sobre rieles. Algunos ministros y hasta la propia Cristina pidenla cabeza de Pedraza, ahora. Pero los más ortodoxos pejotistas dicen que ya entregaron la de JuanZanola, de idénticos métodos y fortuna.

Varios oficialistas se vieron obligados a tomar distancia y levantar sus banderas históricasacompañando la marcha del jueves a Plaza de Mayo. Hugo Yasky, Martín Sabbatella y Ricardo Forstercondenaron las patotas y pusieron su cuerpo en una vereda que el sindicalismo oficial y el Frentepara la Victoria prefirieron no transitar. La CGT no decretó ni siquiera un minuto de silencio. Latropa confundida que quiere huir del crimen se debate en contradicciones. ¿A quién creerle? ¿A Hebede Bonafini, que acusa a Eduardo Duhalde? ¿A Aníbal Fernández, que lo defiende? La impericiaoficial para montar sus ya tradicionales operaciones de prensa limitan con el amateurismo. LaPresidenta condenó primero el crimen y luego cargó las culpas sobre las víctimas, por su elevadacombatividad. Falta estrategia. Sobran chicanas que cargan el clima democrático de pólvorabeligerante. Eso no es gratis. Si se desata a cada rato una batalla de vida o muerte, finalmente,alguien muere. Es de manual. Sólo basta leer la historia.
El crimen de Mariano marcó un antes y un después. Ya no será tan fácil atacar y amenazar acualquiera. Los mercenarios del paraperiodismo K ya no podrán burlarse de los que hace tiempovienen denunciando sus temores de que todo termine (o comience) con un muerto.

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