•la mirada DE Roberto Garcia

Cruje “el modelo”

Sin conocerse los resultados de mañana –es decir, ignorando la victoria o la derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, lo cual obligaría luego a conductas difíciles de prever–, es un secreto a voces que el gobierno de su esposa igual discute una nueva mano de pintura.

22-08-2026 | 23:58

Sin conocerse los resultados de mañana –es decir, ignorando la victoria o la derrota deNéstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, lo cual obligaría luego a conductas difíciles deprever–, es un secreto a voces que el gobierno de su esposa igual discute una nueva mano depintura. O más de una, como una casa con el frente descascarado que requiere otra imagen. A pesarde que algunos conocedores del influyente consorte aseguran que él se niega a cualquier cambio. Aunpara esos acontecimientos naturales: la refacción de paredes, el cambio de color de los cuartos, laeliminación de escamas o manchas de humedad. En rigor, nada de esto es natural para el matrimonio,ni siquiera esta función doméstica: ellos entienden que cualquier remoción en su hogar revela unfracaso, significa una rendición ante apremios ajenos, someterse al hastío o la protesta queexpresan encuestas y, con seguridad, los votos, ya que mañana resultará negativa la adhesiónciudadana a la pareja en todo el país. Y no solamente por la pérdida de mayorías en el Congreso dela Nación. Sin importar los números que brindará el escrutinio, entonces, hay que prepararse parauna eventual alteración de hombres y nombres que gente alterada puede generar a su alrededor. Sumanmás de media docena los funcionarios en una lista negra –a aplicarse entre la semana próximay la última de julio– cuyo nuevo destino será una sinecura en el exilio paga, el olvidotransitorio y la desaparición sin queja. Para algunos, aunque mermen sus ingresos, puede ser unalivio.

El disgusto
Volviendo al principio: a Kirchner (el apellido también encierra a su esposa) le disgustadespedir personal, inclusive aquellos que incurren en flagrantes equivocaciones. Nadie objetaríaesa costumbre si se aplicara sólo en su casa. Ocurre sin embargo que la pareja presidencialtransitoriamente ocupa la responsabilidad de otros. Si proceden los cambios, ellos se separan de unamparo primario que los rige, el que expresa debilidad por modificar equipos, permitir que se vayagente; a su entender político, ese reconocimiento constituye un error, la pérdida del control y laconfianza sobre el resto del elenco que los acompaña. Esos que tienen garantizado trabajo ymensualidad sin examen de eficacia. Por lo tanto, en seis años los Kirchner echaron a determinadospersonajes por obligación, forzados por inconductas o rebeldías (Gustavo Béliz, Martín Lousteau),impudicias jamás aclaradas (Felisa Miceli), mientras otros se escaparon bajo la ficción de laprudencia (Rosatti o Peirano), algunos también desorientados frente a la vida (Alberto Fernández).Casi excepcionales los cambios en la historia del matrimonio, como si fueran en ese sentido másconservadores que Francisco Franco.
Ahora, las modificaciones que se anuncian vienen con una paradoja adicional, desgraciada: losfuncionarios a desplazar, podría imaginarse, se apartan por falta de convicción del“modelo” o, en todo caso, por algún cuestionamiento sugerido al “proyecto”( aceptando en ese entrecomillado, aun con falta de respeto a la estética del lector, lainsubstancial fraseología que utiliza el kirchnerismo). Pero si uno repasa los candidatos a serexonerados, en rigor advierte que ellos son la esencia de ese “modelo”, los que mejorquizás aplicaron el “proyecto”. Podrían purgar, en todo caso, la condición de habersido los mejores alumnos, los que sin pronunciar palabra aceptan el castigo como un premio(recordar Claudio Uberti, tampoco nunca aclarado su episodio), militantes o serviles de un código yun jefe –para servirse otra vez de la jerga santacruceña– que los incluye como activoso pasivos de una banda, de una asociación y de sus reglas. Como se habla de metáforas, porsupuesto, y para no caer sólo en las despectivas, se conviene que este tipo de asociación no sólosirve para el delito, puede ser la respetuosa pertenencia a un rígido club inglés o al presupuestointelectual de una revista literaria. Uno, conociendo a los participantes, elije la categoría en laque le place ubicarlos.

Una larga hilera
Ministros como Sergio Massa, Carlos Fernández, Graciela Ocaña, Aníbal Fernández y hasta JulioDe Vido encabezan la hilera de nominados al desempleo inminente. Otros, varios, de menor jerarquíapero de importancia clave: Ricardo Jaime y Guillermo Moreno. Cada uno con su historia, casi todoscaracterizados –de ahí la sorpresa– por una fidelidad extrema al dúo presidencial, másexactamente al mandato unipersonal del varón. Al secretario de Comercio ya lo opacaron y hasta élse clausuró la boca con un pescado, para que nadie le advierta sobre posibles excesos. Más tempranoque tarde, es público, se modificará el engendro de su INDEC, sus afrentosos números, culminaronsus 30 minutos de ególatra fama y, si todo le va bien, quizá continue como locatario estatal alfrente de una papelera privada, contaminante y endeudada, para proteger el sueldo de 600trabajadores. Casi una vuelta a la ferretería familiar luego de haber dominado, desde la revoluciónperonista de los controles, el gas, las comunicaciones, el agua, la electricidad, los supermercadosy, si le parecía conveniente, hasta el almacén de la esquina. Por fortuna para su futuro, la mujerse ha especializado en una sociedad que se dedica a los fideicomisos, y éstos parece que seperpetuarán mientras persista el kirchnerismo.
Con Jaime, la puerta de salida podría ser más traumática, menos disimulada: a ella, de laseñora presidenta hablamos, nunca le agradó el secretario de Transporte, ni aun cuando éste–con otras funciones, en otros años– supo acompañar a su marido en Santa Cruz. Esarelación entre un (nacido y criado) y un cordobés le cayó indigesta a Cristina. Tendrá sus razones.Ahora, parece, hubo un “hasta aquí llegamos” (de él, claro), generado en la informaciónperiodística de que Jaime se había aficionado como los Kirchner por viajar en aviones particularesde su casa (Córdoba) al trabajo (Capital Federal). Y no sólo disponía, casi como el matrimonio, denaves aportadas por proveedores para viajar los fines de semana a la provincia donde le queda algode familia, sino hasta de otro sofisticado jet que algunos maldicientes se lo atribuyen comopropio. La divulgación y denuncia sobre esta repentina propiedad aérea habría escandalizado a losKirchner, aunque nadie entiende cómo gente tan informada sobre hábitos y costumbres de su personal–por no hablar del resto de los ciudadanos– se haya notificado por los diarios de estanovedad; la cual, por otra parte, será de imposible averiguación por parte del juez Oyarbide–empeñoso investigador del caso, se supone, como otros empeñosos magistrados colegas–por el dédalo de sociedades offshore, norteamericanas, caribeñas, que aparecen como titulares,superpuestas, de la escritura del avión. Como si un pancho en la calle hubiera que adquirirlo conuna manifestación escrita por 45 personas. Apenas si el juez logrará la lista de quienes hanviajado con o sin Jaime en ese avión cuestionado, entre ellos Jorge Cupeiro, una lícita ycomprensible compañía: el empresario y eximio ex corredor de autos se dedica a la comercializaciónde ese tipo de aeronaves, también de helicópteros. Tema clave porque la señora mandataria,aseguran, en ocasiones utiliza los servicios de un aparato que le brinda una empresa cercana,argentinizada en el l5%, mientras su marido siempre hizo campaña con el oficial, presidencial, perocasi nunca solo: siempre estuvo acompañado por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, lo queevitaría cuestionamientos judiciales por servirse de atributos del Estado que no le corresponden.Otro caso de devaluación sería el de Jaime, si ocurre su retiro: vendría a perder el puesto por unavión de fin de semana luego de controlar rutas aéreas, terrestres, subterráneas, férreas,compañías de transporte, la frustrada negociación con los chinos para solventar la deuda externaargentina, impulsar el tren bala –y, por supuesto, su mantenimiento– y accedersemanalmente sin testigos ni jefes intermedios a Néstor Kirchner. Finalmente, si Jaime se va, no sequedará a la intemperie como al parecer le pasó a Béliz; el jefe no abandona, como eldesodorante.

Parte de la religión
Ese líder grupal, como se sabe, también emprendió hace tiempo una aventura religiosa, casi deapostolado o cruzada: decidió convertir a quienes provenían o se formaron en institutos nocreyentes en el Estado, como la UCeDé. El primer ejemplo fue Massa, ahora le siguen RicardoEchegaray y Amado Boudou, todos admiradores de Alsogaray. Con el actual jefe de Gabinete, laexperiencia no es satisfactoria, él mismo pretende despedirse, integra el lote o el loteo deministros en zozobra. Así lo confesó el propio Massa, desahuciado en su momento por Kirchner–no por la “Presidentaaa”–, convencido de que no quiere reiterarse en elescarnio sufrido y sujeto a las recomendaciones de aquellos que no son simpatizantes del exmandatario y lo frecuentan. Con alguien habló para decir que, después de julio, él no sigue en elcargo. Y habrá que creerle, finalmente es un sensible que vive pensando en contratar o hacercontratar cámaras de TV para que haya más seguridad en las calles, los baños, las ciudades, lospueblos, el país y, si es posible, hasta en Naciones Unidas. No es el único con esa devoción en eloficialismo, también abundan sensibles en la oposición. Si deja el hueco, perfilado para sucederloaparece Echegaray –otro de los reconvertidos a la religión–, quien jamás imaginó desdela oscuridad de la Aduana que podría trepar a la Jefatura de Gabinete. Si otros manifiestan en sudeclive una devaluación prodigiosa (Moreno, Jaime), por el contrario Echegaray indicaría un ascensometeórico, impensado: es que el kirchnerismo hace milagros. Más precisamente el jefe, quientransforma a un réprobo en elegido y hoy le confía la mayor cantidad de controles (justo a quien,presuntamente, se educó pensando en un paraíso de falta de controles), de la Aduana a la AFIP, sinolvidar institutos subalternos como la ONCCA (a propósito, ya le deben haber sugerido a Echegarayun sistema de control empresario que diseña Brasil que envidiría la ex Unión Soviética). Lo mismoaplica Kirchner a otro réprobo del liberalismo, Boudou, en la vidriera de los elegidos parareemplazar a Carlos Fernández en Economía, tal vez no sólo para ponerse el traje azul sino tambiénpara otorgarle una voz al Ministerio. Por su parte, la Hormiguita Ocaña, mutada al dengue o alvirus de la gripe, está condenada por una CGT –y Hugo Moyano– que pidió su retiro.Verdaderos oráculos: las pandemias demuestran que, en ese ministerio, como cabeza por lo menos,debe figurar un médico. Nadie se atiende del corazón con una profesora de historia.

Una soga filosa
Parece dudoso que, de pronto, el Gobierno se desprenda de dos Fernández. Pero, si alguna veztuvo tres, bien puede quedarse sin ese noble apellido en el Gabinete, en ocasiones mal interpretadopor sus legatarios. Además del titular de Economía, la sombra de la soga flamea sobre Aníbal, el deJusticia, tan dócil para declarar lo que Kirchner desea –y, además, hasta hacerlo másagresivo– que más de uno se asombra por ese posible corrimiento rumoreado. Pero, tal vez,tanta inflación oficialista empiece a operar en su contra, los mundos –judicial,policial– en los que trisca podrían sufrir también algunos cambios. Su salida, sin embargo,no dejaría tan estupefactos a los que escucharon otra versión: el epílogo ministerial de Julio DeVido, hoy alejado de ciertas decisiones, convocado sólo para emergencias, útil en el tráfico conlos intendentes y hasta en operaciones para programas de TV. Evidente es su distancia de Kirchner,la subida de algún colaborador inmediato en la preferencia del ex mandatario, quien –como sesabe– ha sido el único sostén del arquitecto populista: ella nunca le prodigó simpatía y,antes de asumir, hasta pensó en suplantarlo por el susurro constante de Alberto Fernández, quienpropalaba sospechas sobre la gestión del colega (notables las performances de aquel jefe deGabinete ya renunciado, ya que algunos colaboradores no fueron inmaculados y él hoy escribe, comosi fuera Carlos Ruckauf en el exterior, sobre la ética institucional cuando en su escritorio seforjó la operación Borocotó).

El inquieto
De Vido, cuentan, se inquieta por las causas judiciales que lo sobrevuelan, aunque ha sidofavorecido en una, hace pocos días, por enriquecimiento ilícito; igual él entiende que hay ciertafuria de imputaciones en distintos fueros que le impiden trabajar. No serían esas acusaciones, sinembargo, las que lo hacen titilar en su relación con Kirchner, más bien hoy se presenta como uncuerdo para distintos sectores mientras se desentiende de las opiniones de un jefe que no exhibe lamisma cordura. Casi una insolencia para la doctrina Kirchner. Nadie lo imaginaba afuera de lafamilia, tal vez ni Cristina, pero nunca abundaron como hoy tantas especies sobre su continuidad.Afortunadamente, también él, como Moreno, tiene una esposa experta que se ha especializado enfideicomisos, palabra nutriente dentro del kirchnerismo, con lo cual sin angustias económicaspodría dedicarse a sus pájaros. Si le toca partir.
Dilema para los Kirchner este de los cambios a partir de la próxima semana, confirmadosentonces los números de la elección que ellos mismo convirtieron en decisiva. Un episodio comicialen el que los principales competidores se contradicen a sí mismos (Kirchner convocó a la Plaza y sedesdijo porque pensó en el cajón de Herminio Iglesias: Francisco de Narváez se pronunció porestatizar empresas, ¿pensando en Canal 2 y en su predio de la Rural?), sin importarles demasiado laopinión que generan al respecto. Por esa gente quizás, Barack Obama no considera –y loexpone– a la Argentina como un país importante en la región y, como delegada embajadora,envía a una dama para el juego de las semejanzas. Es una mujer, como Cristina, política comoCristina, luchadora por los derechos humanos como Cristina. No tiene demasiadas luces–dicen–, al contrario de Cristina.

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