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Cuando calienta el sol

Acá estamos, en bermudas o shorts o bikinis o grandes mallas enterizas que intentan atajar la fofez, lo mofletudo de uno, el excedente, el tejido adiposo, lo liposuccionable que acarreamos con nosotros.

Cuando calienta el sol
24-08-2026 | 04:45

Acá estamos, en bermudas o shorts o bikinis o grandes mallas enterizas que intentan atajar lafofez, lo mofletudo de uno, el excedente, el tejido adiposo, lo liposuccionable que acarreamos connosotros. Señoras como del Bosco salidas a la luz, oreando por primera vez al sol toda su carne desombra, blanqueando su viudez amoratada; unas gallegas descendientes del mantón riguroso, delfaldón hasta el suelo, del cuello alto y cerrado, de los puños abrochados, ahora ya en pelotasasándose en la arena. Cuerpos como quien lleva un barril, señores médicos con un embarazo de diezmeses, encorvados, las patitas de tero, el sombrerito. Mujeres de pechos chupados, estirados haciaabajo, de la mano del responsable de semejante estrago: nenes en bombachita, como minilevantandores de pesas de medio metro de alto, nenas con la espalda negra, haciendo pozos en laorilla. Escribanos saliendo del agua con sus calvas embadurnadas de protector solar y protectorlunar. Mujeres despatarradas en la arena, como caídas desde un tercer piso, boca abajo, el corpiñodesabrochado; los límites del bronceado y la blancura invernal, urbana, oficinística. Viejostodavía apolíneos requemados, en slip, mostrándose parados con los brazos en jarra mirando elhorizonte. Maridos malhumorados bajo la sombrilla, acurrucados, protegiéndose bajo un paraguas delgran chubasco de sol, del resplandor insoportable de la vida. Ingenieros panzones varados en laarena para siempre. Arquitectos flacos costilludos, con tendones a la vista, clavículas funcionalesy rótulas. Adolescentes recién estirados con húmeros, fémures y tibias demasiado largos. Mujeresluchando ya en sus cuarenta con cuerpos cansadores que pasaron por el yoga, el tae-bo, el step, elspinning, pilates. Ninfas paradas inmóviles, esculturales en la orilla, proyectando la sombramovediza de sus personal trainers. Todo el sudor perdido para llegar hasta la gloria dorada de estapasarela de los cuerpos tan reales, indisimulables, nuevos o vencidos. Las atrofias sinceradas bajoel cielo, la escoleosis, las várices, las manchas de nacimiento, y también la histeria de lotirante, la bikini que justo, la micro bikini que apenas, la tanga que por un milímetro respeta ellímite del tabú del pubis y el pezón. La playa como momento de gloria para los orgullososposeedores de carnes acordemente distribuidas con los gustos de la época. El gran momento esperadotodo el año por la chica narigona, feúcha, pero con linda cola. Y también la playa como momentosufriente para los otros, los acomplejados, los tímidos, los pudorosos, que son su cuerpo, notienen un cuerpo sino que son fatalmente esa suma de detalles evidentes que asoma en el espejo. Laplaya como muestrario anatómico, dermatológico, caricaturesco de la bíodiversidad. Industriales depecho canoso, políticos de pechitos caídos, licenciadas en administración de empresas concicatrices de cesáreas, profesoras de matemática fumando y odiando todavía a sus alumnos sentadasen la orilla, apergaminadas, pecosas, un poco anaranjadas de tanto bronceador, y las tonalidadesdel fucsia en los recién venidos que duermen al sol, los ardores color ocaso, los elásticos delcorpiño amatambrando la espalda, encarnándose, los pliegues múltiples del jefe de personal, como unsharpei albino, y el frío del mar encogiendo las bolsas escrotales de los bañistas, los surfers,los padres de familia que levantan los brazos con el agua a la cintura y hacen pis sin mirar a laorilla.

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