•mas voces se suman a la polemica

Cuando las estrellas hablan de política

El autor sostiene que si los políticos se hicieran más cargo de la inseguridad y la pobreza, los famosos hablarían de otra cosa. Morales vs. los K. Alberto F, contra Mirtha y Susana.

Cuando las estrellas hablan de política
23-08-2026 | 21:05

Las estrellas de la televisión, los conductores de programas masivos, personas de muy altavisibilidad, suelen tener desarrollada su sensibilidad al clima de opinión. Administrar un altorating en la TV requiere una sintonía aguda con el público, al menos con vastas porciones de él.Esas personas captan el sentir de su público y eventualmente hablan de eso. ¿Son por eso líderes deopinión en temas ajenos a los que tratan habitualmente? Que un comentarista político influya enalguna medida en la opinión pública con sus propias opiniones es algo esperable; no es tan obvioque quienes se destacan por otras capacidades influyan en el público cuando opinan sobre política.
Sí debería esperarse, en cambio, que los políticos influyeran en las opiniones de muchagente. Sin embargo, tal vez sorprendentemente, no influyen tanto.
En el mundo del espectáculo el nivel de reconocimiento que alcanzan algunas personas tiende air asociado a su imagen positiva. Hay una causa simple: si una figura de la TV no gusta, el mercadotiende a hacerla a un lado, y si desaparece de la pantalla por un tiempo su nivel de reconocimientobaja. En la política no sucede lo mismo. En nuestro país, la relación entre el grado deconocimiento y la imagen positiva de los políticos es asombrosamente negativa: a más conocimiento,peor imagen. Eso explica la popularidad de la gente que actúa en la televisión, que contrasta conla baja estima que está generando la actuación en la política.
Dicho eso, parece que algunos dirigentes políticos esperan que los personajes televisivos noabran la boca para hablar de temas de interés político. Desde el Gobierno se enojan porque algunasestrellas dicen algunas cosas que piensan. Ya antes, algunos políticos de distinto signo que elactual gobierno se enojaron por la intrusión mediática en los asuntos de la política.
Hay que reconocer, además, que la política se ha vuelto parte del mundo del espectáculo y hasalido del mundo de los ‘asuntos serios’ que interesan a mucha gente. ¿Qué mejorentonces, para un constructor de entretenimientos televisivos, que incorporar la política a supropio mundo y potenciarla como espectáculo? Eso molesta a algunos políticos; otros expresanmalestar cuando los comediantes se ocupan de asuntos de índole política con una seriedad ajena a lacomedia. De pronto, no es que hacen bien lo que entretiene sino que hablan seriamente de las cosasde la política que a la gente le preocupan.
Es posible que –como tantos ciudadanos menos visibles– estos personajes de latelevisión estén bastante cansados o afectados por lo que sucede a su alrededor, que encuentren quepocos políticos se hacen cargo de esas cosas y que aun menos se sienten responsables, ante susvotantes, de todo lo que no anda bien; y por eso se decidan a hablar. Es posible que si máspolíticos hablasen de esas mismas cosas, menos estrellas televisivas estarían movidas a hacerlo y,eventualmente, algunas de ellas elegirían apoyar a algún político que expresa lo que piensan.
Y, en última instancia, ¿por qué no habrían de hablar las estrellas televisivas? Sonciudadanos como todos, tienen una tribuna a su disposición, gozan de alta estima, muchísima genteestá expuesta a lo que dicen, y creen oportuno opinar haciendo uso de la libertad de expresión dela que todos disponemos pero que solamente algunos –precisamente, personas como ellas–pueden usar para potenciar el alcance de lo que dicen.
Ahora, ¿significa eso que influyen, en el sentido estricto de que lo que dicen modificaopiniones que no serían las mismas si ellos no hablasen? En absoluto. Juzgar a la opinión públicacomo algo tan volátil y tan prensa-dependiente que sólo los comunicadores mediáticos puedentransformar es simplificar la realidad, es menospreciar al ciudadano que forma sus opiniones en sucabeza y no sólo en sus oídos. Además, si fuera cierto que la opinión pública es amalgamadasolamente por los medios de prensa, los políticos deberían sentirse tentados a abandonar su oficio.No habría evidencia más contundente de su fracaso.
Gran parte de lo que se dice en este mundo cae en dos categorías: o es irrelevante o sirve alpropósito de producir catarsis o lograr identificación en quienes escuchan algo que ya piensan yles hace bien escucharlo. Posiblemente cuando un Tinelli, una Legrand o una Giménez dicen lo quepiensan, produzcan ese efecto catártico. Es improbable que caiga en la irrelevancia –en todocaso, si ése fuera su destino inicial, los mismos políticos se ocupan de ponerlo de relieve yterminan tornándolo relevante–. También es improbable que lo que esa gente dice modifique ladistribución de las opiniones en la sociedad.

Rector de la Universidad Torcuato Di Tella

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