•la mirada DE ROBerto garcia

Cuatro por cuatro

Avanzaba la noche en una esquina de la calle Cazón, en plena Horqueta de San Isidro, mientras un vecino escribano alistaba carnes y cordero en un asador y en un horno de barro, despertando apetitos con el humo embriagante. En otra casa elegante, con piscina calefaccionada, con celosos custodios, se vivía otro ambiente gastronómico, menos familiar: llegaba un ministro (Julio De Vido), quien de tantas comidas incrementó sus índices de diabetes, también un ex gobernador cordobés (José Manuel de la Sota), poco afín –hasta ahora– con la administración oficialista.

23-08-2026 | 06:24

Avanzaba la noche en una esquina de la calle Cazón, en plena Horqueta de San Isidro, mientras unvecino escribano alistaba carnes y cordero en un asador y en un horno de barro, despertandoapetitos con el humo embriagante. En otra casa elegante, con piscina calefaccionada, con celososcustodios, se vivía otro ambiente gastronómico, menos familiar: llegaba un ministro (Julio DeVido), quien de tantas comidas incrementó sus índices de diabetes, también un ex gobernadorcordobés (José Manuel de la Sota), poco afín –hasta ahora– con la administraciónoficialista. Recibía el anfitrión: Ernesto Gutiérrez, a cargo de Aeropuertos Argentina 2000,reputado por Néstor Kirchner como el “mejor empresario” en su peculiar y transitorioranking de favoritos, ascenso que implicó el desalojo como número uno de quien antes presidía esahilera poco confiable para el ex presidente, el petrolero Carlos Bulgheroni.
A los tres convocados parece reunirlos la obra pública, al menos el aeropuerto de Córdoba. DeVido, hoy en rol de canciller militante para el universo doméstico de los Kirchner, emprendía unacercamiento con el cordobés, una de las tantas líneas que ha arrojado al mar esta semana pormandato de Néstor, sea en la política, sindicalismo o empresariado. Misión: búsqueda de apoyos paraauxiliar a Cristina en el último tránsito de su mandato. Para De Vido no hay enojos con De la Sotay lo pendiente está olvidado (además, si Néstor le dice que hay que olvidar, él olvida); elcordobés, con la misma piel de hipopótamo, puede argüir que no es lo mismo hablar con De Vido quecon Kirchner, no es el mismo enemigo. Excusa poco sutil: nadie ignora que el ministro-recluta esuna rigurosa encarnación del lado bueno y el lado malo de Néstor, si es que éste tiene sólo esosdos flancos. Gutiérrez, una celestina, a su vez se remite a unir partes sueltas, alentar eventualesexpectativas y UTEs políticas (De la Sota para presidente o vice) o institucionales (mantener lagobernabilidad para que continúen los Kirchner). De negocios pasados, ni hablar: aún lamenta elesfuerzo poco agradecido de los últimos meses, junto a la familia Werthein y la bendición delmatrimonio presidencial, que concluyó en la imposibilidad de hacerse cargo de Telecom, empresa quelos italianos se niegan a entregar y por la cual se combate en la Justicia entre otros terrenosobvios.

Gordos y Mesa de Enlace
El De Vido todoterreno llevaba una semana proficua en comidas y encuentros: para unir, porejemplo, a los “gordos” con Hugo Moyano en laCGT, mejorando los salarios de las cúpulasgremiales que provienen de las obras sociales. No es lo único: también ha intentado convencer aempresarios de distintos rubros para que no hagan causa común con la agropecuaria Mesa de Enlace ensus protestas y vuelvan a las alfombras rojas de los despachos oficiales, como en otros tiempos.Para recuperar adhesiones, promete cambios en el Gobierno, asegura que se le plantó a Néstor conlos datos de la realidad que Olivos no quiere observar y que le explica lo que el santacruceño seniega a escuchar de otros sobre el rumbo económico. Además, dice que le reclama avales para laconducción de Amado Boudou y hasta se erige como una voz disonante en la planicie oficial. ¿No fuiyo quien hizo renunciar a Ricardo Jaime de Transporte? ¿No soy yo quien promovió el alejamiento deGuillermo Moreno, a pesar de que Cristina dijo: “Moreno soy yo”? Y, si no lo puedosacar, suspira, al menos quizá pueda apartarlo de la Secretaría de Comercio –también decualquier posible interferencia en el INDEC– para hundirlo en la silenciosa área deComunicaciones, quizá para disgusto especial del Grupo Clarín (ya jaqueado hoy con el tema de lastransmisiones del fútbol, que los Kirchner desean –a través de Julio Grondona– sólo enCanal 7). Guiña el ojo con esta movida, y del que se fue (Jaime) y del que tambalea (Moreno) nisiquiera recuerda que eran funcionarios de su jurisdicción, que presuntamente respondían a susórdenes. Nadie más apto que De la Sota como interlocutor para comprender que en la política seentra y se sale, se gana y se pierde, los colaboradores o amigos son de ocasión, como en elvanidoso mundo del espectáculo.
Si con dinero ya calmó al gremialismo, De Vido avanza con señuelos semejantes ante lasdistintas cámaras empresarias (industria, comercio, construcción, bancos, la Bolsa, etc.), hoymenos dispuestas a enredarse en los reclamos del campo, atentos a que ese sector asumió una campañademasiado agresiva para sus gustos. Ocurre que, además de la grasa oficial para disipar ciertoschirridos empresarios, muchos se afectaron con la ofensa de Biolcati, Llambías, Buzzi y De Angeli,quienes con un discurso sectario, monocolor (empapado de ira por la provocación del Gobierno con elengaño constante) se proclamaron ganadores de la última elección, protagonistas exclusivos deldesarrollo argentino, únicos luchadores contra el autoritarismo. Ni siquiera agradecieron, piensanalgunos, las manifestaciones comprometedoras y solidarias que a su favor demostró el resto de losempresarios. De ese parcial agravio pasan a otra inquietud: no les parece aleccionador que losdirigentes agropecuarios merodeen el Congreso, espiando diputados y senadores como si fueran laSIDE, para descubrir y denunciar si la muchachada legislativa responde o no a lo que demanda elagro. Lo sospechan exagerado, casi una forma de kirchnerismo al revés, esa existista petulanciaargentina que se propaga, enfermiza, concediéndole razón a un conocido refrán: “Sólo lahermosura no se contagia”.
El ministro se postula, sin decirlo, como una alternativa contemporizadora en la obcecaciónoficial, sufriente miembro de un equipo al que desde las alturas acusan de medroso. Aunque poralguna razón les permiten sobrevivir. En esas diferencias internas, ninguno ignora que elimplacable –en su escritorio, claro– Carlos Zanini se despacha a menudo transmitiendomohines o mensajes de la mandataria (y de El, naturalmente), como la sensación de asco que a estegrupo le provocó la conferencia de prensa protagonizada por Aníbal Fernández, Amado Boudou y DéboraGiorgi –la misma que en simultáneo irritó al campo, lo que revela la intemperancia einsalubridad que reina en la Argentina–, según la señora mandataria demasiado blanda, casihumillante, frente a la hostilidad de la Mesa de Enlace. No trepida De Vido en ubicarse en esegremio de mentecatos si a través de esa función consigue aislar los intereses del campo del restode los empresarios y, luego, con esa demostración quirúrgica, entregarles el agro en bandeja a losfamélicos Kirchner. Más que una pelea de métodos entre pingüinos, lo que De Vido encabeza es elpremeditado dualismo oficial tan característico de su jefe, quien predica como única salidainstitucional el transversalismo, la nueva política, el progresismo, el fin de los aparatos y, almismo tiempo, le cede al intendente Mario Ishii el picaporte de su puerta. Y, si es necesario, lallave de la caja.
A De la Sota le susurró el ministro la inexistencia de rencores, lo mismo que extiende a losempresarios con los que come y digiere, garantizándoles en las reuniones que Néstor no les endosael epíteto de “traidores” que supo cultivar antes y después de los comicios, y que porsupuesto el Gobierno nada tiene que ver con ciertas persecuciones personales que aparecen en laprensa (en la más adicta al Gobierno, claro). Como si Jorge Brito y Héctor Méndez hubieran perdidola memoria, por ejemplo, u otro menos conspicuo titular de una cámara olvidase que por objetar tresveces a la administración cristinista –luego de haber sido un felpudo de ella–, en losúltimos meses tuvo ninguneos escandalosos, dos de sus padrillos resultaron heridos una madrugada enun stud (rememorando, modestamente, alegorías de Mario Puzzo) y él mismo padeció una visitaimpensada de elegantes y fornidos señores, en su casa, en la cual hicieron destrozos, pintaron lasparedes, golpearon a su mujer y, como señal de intimidación, no le robaron nada. Si alguien deseael nombre, puede preguntar. Advertencias, como la última del bar Pepino, en San Isidro, hace unsábado, donde una camioneta depositó temprano 100 ejemplares de este medio, PERFIL, para serrepartidos gratuitamente: en esos ejemplares se incluía la declaración ante la Justicia de doshabitués del lugar, implicando al renunciado Ricardo Jaime en el affaire del avión. O sea que elpasado reciente ha sido, en algunos aspectos, una equivocación. O un accidente, diría De Vido. Másde Puzzo y su novelesca.

Fantasías
El raid del ministro implicó, en la semana, entrevistas no sólo con titulares de diversascámaras. También pasó dos horas con Ignacio de Mendiguren, del dividido elenco de la UIA, quien lemanifestó comprensión, voluntad de apoyo y ningún tipo de trato con lo que el Gobierno consideraelementos destituyentes (De Mendiguren también se había visto con Eduardo Duhalde en su casa deLomas, esta vez por seis horas, a quien le renovó su lealtad, la voluntad de apoyo y su comprensiónante cualquier iniciativa que éste decida auspiciar). No importa el interlocutor: el mensajesiempre es el mismo, intrínseca cualidad del “vasco” De Mendiguren, quien –si lepreguntan por las dos entrevistas– dictaminará que en estos casos vale tomar en cuenta eltiempo dedicado a ambas, como si él fuera un jefe de Estado. O sea, fue más importante la deDuhalde. Es de suponer que el apellido bonaerense debe haber ocupado parte del diálogo De Vido-Dela Sota, finalmente el regresado despierta al menos curiosidad por su activa agenda, mostrándosecon artículos en los diarios –duda de aparecer personalmente debido a que las encuestas noprecisamente lo favorecen–, tiene comunión diaria con el arrepentido Alberto Fernández, secruza cálidamente con Daniel Scioli y, a pesar de esta relación recuperada, estimula a Felipe Soláen sus nuevos objetivos: ya éste blanqueó su intención de postularse en 2011 a la gobernación deBuenos Aires, con lo cual la bullente sociedad con Francisco de Narváez pronto entrará en crisis.No son traiciones, es la política. Por otra parte, Duhalde guarda más de un rencor con el Coloradode Narváez –considera que éste lo ignoró, a la hora del reparto, antes de las elecciones,aunque se llevó el 33% de los cargos–, la relación quedó trunca y ni tapándose la narizacompañará a otro aspirante manifiesto a la gobernación como Aníbal Fernández, en obvia carrerahacia La Plata –seguramente dirá: “Me preparé para ese cargo toda lavida”–, quien se imagina que desde la actual Jefatura de Gabinete pegará el gran salto.Descuenta, claro, el éxito del kirchnerismo en los próximos meses. A Néstor le encanta que lossuyos demuestren tan fantasiosa ambición, le hace sentir bien pensar que todavía tiene un futuro.
Se reconoce que de esos movimientos de Duhalde, el que más enojo provoca es su vínculo conAlberto Fernández, ahora un confidente psicoanalítico, como antes lo fue de Néstor. Para él,artífice de los grandes destinos, se abre un mundo: si presume que hizo presidentes a Néstor y aCristina, debe pensar que esa tarea personal la puede repetir con Duhalde. Tanto en las filasbonaerenses del caudillo como en los despachos de la Rosada, esos encuentros semanales generandisturbios. Más entre los pingüinos como De Vido o Zanini –capaces de olvidar sus rencillaspor el odio común al Fernández de Argentinos Juniors– y, especialmente, en el ánimo delmatrimonio oficial. Ya no quedan fragancias del ex jefe de Gabinete en esos circuitos, acaban dedespedir a Marcela Losardo en Justicia (socia del Alberto y de Alberto Iribarne en un estudio delobby hasta que Néstor alcanzó la Presidencia) y en vías de telegrama colacionado se encuentraNicolás Trotta, uno de los pocos imberbes que el kirchnerismo inventó como rama juvenil en suprimera etapa. Quien está bien informado sospecha que además de privarlo de contactos en la CasaRosada, al ubicuo Fernández quizá le espere un recordatorio judicial –ya que sus juecesamigos seguramente también dejarán de ser amigos– por su responsabilidad con funcionarioscuestionados (Picolotti, Capaccioli) y, de paso, surgirá algún aide-mémoire periodístico sobre supaso por el Bapro, en tiempos prósperos cuando colaboraba con Duhalde.
Es notable el amor que provoca en espíritus de todo tipo el nombre del Alberto. Seríainapropiado utilizar el argumento de los años de plomo: por algo será.

Se dobla, no se rompe
Esa imagen airada en tantos y en De Vido en particular, a la hora de nombrar a esteFernández, sin embargo desaparece cuando el ministro se reparte en almuerzos y cenas: reparador,abierto, flexible, en estos encuentros De Vido sabe que si pagó en la CGT (plata, obviamente), alas entidades empresarias también deberá adornarlas. Con zanahorias en el pescante o con cargos,igual que a los políticos (¿o para qué se reúne con De la Sota?).
No sólo se superan las heridas con medicación, desinfectantes y ungüentos, se requierenpociones de estricta prescripción.
A los banqueros, vía Boudou, se les aseguró que “las dos partes ganarán” en lavuelta al crédito voluntario, mientras a los industriales se les prometió asumir el caso de las ARTque lleva seis años sin solución y que tal vez puedan revisar la pretensión sindical por impregnaraún más el fuero laboral con sus intereses, designando jueces que son abogados de gremios (aluden,como ejemplo, a Héctor Recalde, el diputado abogado de Moyano que colocó a su hijo al frente deAerolíneas Argentinas junto a La Cámpora y que ubicaría, tal vez, a su esposa como magistrada, almargen de los valores que ella demuestre). Demasiados premios, en apariencia. Con la prosperidad deestos reclamos, las organizaciones empresarias reconocerán entonces ciertas demandas del agro, perono harán migas exageradas con la Mesa de Enlace, mantendrán distancia con el terceto de AEA(Clarín, Techint y Arcor) y bien podrían integrarse al complejo administrativo de la ANSES, aún nosaben si en calidad de vicarios o cómplices. Es el sueño oficial.
Son en suma, los empresarios, parte del sindicalismo, de los políticos progresistas y dealgunos del peronismo disidente en el Congreso quienes, luego de percibir cargos, concesiones ypermisos, pueden entender –con la piel tan curtida como De la Sota– que desde cadalugar les corresponde contribuir a que la gestión de Cristina no caiga en desafueros en lospróximos dos años y medio que le restan. Aun cuando viaje a Venezuela justo cuando los EstadosUnidos están por definir a este país como “narco Estado”. Sólo se trata de olvidar yque los ciudadanos paguen.

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