•Timerman, Rico y Bonafini

Cuestión de fe

Cuestión de fe
24-08-2026 | 16:10

El hecho de que los grupos políticos sean sectarios es una pauta normal de los comportamientospartidistas. Es muy raro encontrar una asociación cuya meta sea la conquista del poder que nodivida a los individuos entre los míos y los otros, los leales y los traidores, los amigos y losenemigos. Pero hay matices.
La construcción de una fuerza política puede adoptar diferentes modalidades. En su libroOrígenes del totalitarismo, Hannah Arendt describe el sistema de anillos concéntricos de lospartidos totalitarios que van desde un movimiento centrífugo que parte de un núcleo duro demilitantes a círculos de afiliados, publicistas, adherentes, simpatizantes, y candidatos a serintegrados en algún momento a la organización. A este dispositivo imantado de atracción lecorresponde el de repulsión que traza una cadena que va desde los enemigos, a los adversarios, losconsiderados peligrosos, los sospechosos, los poco confiables, los ambiguos y los blandos.
No todo, entonces, se reduce a denunciar listas negras o a reciclar teorías como las de CarlSchmidtt para observar el modo en que se administra la libertad de expresión y la diversidad depuntos de vista en nuestro medio cultural.

El peronismo se ha caracterizado por incluir una pluralidad de posiciones políticas que vandesde el neoliberalismo, al estatismo, el montonerismo, el socialismo revolucionario, el fascismo,el franquismo, el keynesianismo, y a contar con figuras como Aldo Rico, Héctor Timerman y Hebe deBonafini. Lo que hasta ahora no había integrado a su visión de la militancia política es lametodología del partido comunista argentino. Ese bolchevismo staliniano, hoy anacrónico ysublimado, ha sido revitalizado en una nueva fe por el kirchnerismo.
El mundo cultural kirchnerista, desde Carta Abierta a Página/12, se ha convencido de que sonparte de una cruzada moral que les exige una lealtad ya no peronista, que hemos visto que esvariopinta, sino una fidelidad religiosa hacia un gobierno pragmático que negocia de acuerdo a unaestrategia flexible, con aliados en todas las esferas, respondiendo a intereses que están en lasantípodas de la sociedad, variando el rumbo según las circunstancias y estableciendo alianzas quese rompen o se recomponen por los dictados de la coyuntura y las necesidades del poder.

La táctica de esta corporación de intelectuales, periodistas y gente de la cultura es soslayarlas contradicciones que perciben y los incomoda, descargando sus cartuchos a una oposición pococreíble, decadente y sin futuro de poder. Para evitarse preguntas que los interpele en su credo,insisten en hacerse una fiesta con Macri y Carrió. Les da terror quedarse en el medio, sinliturgia, sin la vestimenta de ser resistentes al sistema, sin poder citar a Benjamin, Gramsci yLaclau, y sin poder juntarse con la clase obrera, es decir Moyano, los pobres, o D’Elía, ylos derechos humanos. Sienten que el infierno los espera si se atreven a dudar, tomar distancia yasumir una actitud crítica sin banderas. Tanta necesidad tenían de plasmarse una identidad, deacercarse a los movimientos sociales, de sentir que nuevamente se subieron al carro de la historiaque, una vez ahí arriba, no quieren que los saque nadie ni que les vengan con historias acontracorriente de su nueva devoción.

Es muy rara esta situación entre una cúpula gobernante que calcula cada paso que da, que acumulapoder sin ningún escrúpulo, que flota en antecedentes que así lo confirman, y una orden claustralque protege principios igualitarios, emancipatorios, con la letra de un canon de progresíainviolable que se hace llamar con el extraño nombre de “modelo”.
Estoy en La Paz, Bolivia, en unas jornadas de filosofía y arte y he conversado conintelectuales, músicos, gente de cine, de la educación. La impresión que recibo del país es el deuna confrontación permanente, un conflicto que apunta a las raíces de la nacionalidad, en donde sepone en tela de juicio los principios mismos del Estado y en el que los viejos mecanismos del poderno han desaparecido, desde el narcotráfico a la corrupción policial.

En medio de todo esto la figura popular de Evo Morales, que trata de gobernar un país en el quela centralización que estima necesaria choca con reivindicaciones de autonomía de pueblosoriginarios, que son más de treinta, reclamos regionales, luchas entre ciudades y municipios por ladistribución de los ingresos fiscales. Estos hombres de la cultura con los que he hablado, hombresy mujeres comprometidos con su quehacer, con espíritu de sacrificio, con el afán de crear y haceralgo con sus vidas en un medio de carencias extremas, me han trasmitido sus simpatías por Evo,otros sus dudas, algunos su crítica, pero no tienen esa mirada socarrona, canchera y soberbia delmuchacho kirchnerista. Saben que viven en un medio explosivo a la vez que muy difícil de alterar.No fueron corriendo a la tienda de objetos perdidos a comprarse un juguete bolivariano.Piensan.País fracturado, sin una cultura dominante, mezcla entre arcaísmo y modernidad, hoy vive deuna retórica indigenista que a veces no tiene mucho que ver con las aspiraciones de los pueblosoriginarios. Se enfrentan con un dilema que los encierra. Por un lado una civilización europea quele dio al hombre blanco, al dueño del estaño y de la coca, el dinero y el poder, sometiendo así ala mayoría de la población india. Las estructuras políticas que ampararon esta dominación no sedistinguen de la misma. El Poder Legislativo, el Judicial, el económico, que han gobernado en todala historia boliviana, son manifestaciones de una misma civilización opresora: la sociedadcolonial. Frente a esto se yergue una reivindicación de raíces que no logran ser una, ya que elquechua, el aimara, el guaraní, son idiomas, y es muy difícil si no imposible distinguir a unaimara de un coya si no hablan. No son etnias con fisionomía distintiva, y muchos a los queconsulté tampoco los distinguen. La búsqueda de formas de organización en sociedades precolombinas,en donde la esclavitud y los sacrificios humanos eran parte de su cosmovisión, hace algo máscomplicado el paradigma cultural para los que pretenden reducirlo al amor a la tierra, a la diosaPachamama, a formas primitivas de organización económica y a una sociedad compuesta por pequeñosgrupos horizontales con la jefatura de un anciano.

¿Hasta dónde se puede ir para atrás? ¿Cómo se puede plasmar un proyecto político para salir dela miseria sin el desarrollo de las fuerzas productivas, es decir de la ciencia y de la tecnología,y crear las instituciones para que esta explosión de inteligencia sea posible? El bilingüismo notiene por qué ser un obstáculo para que la modernidad no sea sólo un cuco, pero, como me decía elcineasta boliviano Marcos Loayza, director de la varias veces premiada película Cuestión de fe, losaimaras quieren estudiar chino. ¿No inglés?, le pregunté; no, me respondió: chino.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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