Cuestión de tiempo

El ingeniero Mauricio Macri, nuestro jefe de Gobierno, vive sabidamente en el pecado.

Cuestión de tiempo
23-08-2026 | 23:04

El ingeniero Mauricio Macri, nuestro jefe de Gobierno, vive sabidamente en el pecado. Porempezar es rico, por lo que más fácil será que pase un camello por el ojo de una aguja y no queentre él en el reino de los cielos. Su fortuna ha condenado su alma, aunque dicha fortuna no lahaya ganado con el sudor de su frente, que suda tan sólo en situaciones de nervios (tampoco esemandato acató de las Sagradas Escrituras: no ganó con su sudor su pan). Pero es pecador nosolamente por eso, sino también, y sobre todo, porque se ha divorciado, cosa que está tremendamenteprohibida: lo que Dios ha unido, el hombre no debe separar. Y él, el hombre, separó a IsabelMenditeguy, o bien se separó de ella; incurrió también con eso en pecado concreto y certero,propició también con eso un destino de ardor en las llamas implacables del infierno.

Habrá pensado en estas cosas, o en otras muy parecidas, el benemérito cardenal Jorge Bergoglio,cuando lo vio acercarse el otro día. Los hombres rectos, y él no puede sino serlo, distinguensiempre a los pecadores. Macri cruzó la calle al trote: la sede de su poder, que es apenas el quelos ciudadanos de Buenos Aires le confirieron transitoriamente, dista unos treinta o cuarentametros de la sede del poder de Bergoglio, que es divino y perenne, eterno y trascendental,inmaterial y celeste. Macri acudió con paso presto: se había armado lío y quería arreglarlo pronto.Lo propio de los jefes no es ir, sino hacer venir; pero a veces hay que admitir una excepción a laregla, y éste era el caso. La ofuscación del cardenal ameritaba tal diligencia.

Imagino al padre Bergoglio pispeando tras los visillos para espiar la llegada del jefe deGobierno de la Ciudad, a sabiendas de que con él espiar es proceder admitido. Esperaba otra cosa deeste señor, de este político; por lo pronto que apelara, dado su cargo, el fallo judicial que en sujurisdicción daba vía libre a un casamiento aberrante y nefando: boda de señor con señor. Mauriciolo defraudó, dejó hacer, no intervino para nada. Habrá pensado también el cardenal, ecuánime yceremonioso, que al fin de cuentas hay pecados y pecados, y los de Macri no eran tan graves: lafortuna y los divorcios son pecados negociables. No tenía por qué enlodarse validando perversionesde esta clase.

“Hay que hacer saltar el continuum de la historia”, proponía Walter Benjamin, y conesto se diría que en efecto ha saltado. Pero de una manera bien rara, porque un pedazo de medioevoparece haberse incrustado en pleno 2009. El cardenal Bergoglio considera que la unión matrimonial,aunque sea civil y no religiosa, de dama con dama o de caballero con caballero, hará colapsar elorden social de Occidente. Coincide raramente en este parecer con algunos teóricos recalcitrantesde ciertas líneas de estudios queer que pensaban algo semejante: que con dicha clase de vínculos,aunque no en un matrimonio, se pondría en crisis esta sociedad por entero, su orden primigenio, supropio sistema de valores. Pero no es así, no es para tanto. El mundo es ancho y enorme, y hay detodo en la viña del Señor: gente que se quiere así y gente que se quiere asá. Macri razonó tambiénde este modo y Bergoglio lo recibe en su santa sede para hacerle saber que no esperaba una posturade esta especie por parte de un jefe de Gobierno tan atildado y conservador.

Lo que sucede es que Macri puede ser un conservador, pero un conservador contemporáneo: unconservador de esta era, un conservador de estos siglos. Su viaje a pie hasta la oficina deenfrente le habrá resultado por eso un viaje en el tiempo, además de serlo en el espacio; un viajeal pasado como esos que acontecían en aquella vieja serie con un túnel alucinatorio, una especie deruleta cronológica que permitía trasladarse hasta otras épocas, a veces muy remotas. Es cuestión detiempo, efectivamente, es pura cuestión de tiempo; por eso Axel Freyre, que es uno de los novios deeste casorio sin novia, ha dicho bien: “Podrán demorar la boda, pero no cancelarla”.Porque es una cuestión de tiempo, nada más. Alguna vez la Santa Iglesia pedirá perdón por estascosas que hace. Eso sí, hay que tener paciencia; por ahora van por Galileo Galilei y por GiordanoBruno, y el caso de Darwin están empezando a considerarlo poquito a poco. Las disculpas quecorrespondan por meterse a decidir quién tiene que querer a quién, de qué modo y por cuánto tiempo,la recibirán tal vez nuestros choznos, si es que no unos parientes tan alejados que ni el nombrepara designarlos existe.

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