A 1.100 km de Buenos Aires, tres intervenciones de esa mujer retratan de manera impagable elclima y voltaje de las cosas que pasan en el país.
En la primera estampa, ella se aproxima hasta el final del avión, donde viajan unos 15periodistas “subidos” para que cubran la visita presidencial a Quito y Ecuador. Losmira y dice, a modo de saludo: “Veo a muchos que nunca había visto acá, ¡qué bien, quéplurales que estamos!”.
En la segunda, ella está dirigiéndose a los presidentes sudamericanos congregados en Ecuador, yasegura, aludiendo a los Estados Unidos: “No podemos permitir que, además de que nos hayanexportado la crisis económica y la gripe A, ahora también nos planteen una situación beligerante ennuestra región”.
La tercera estampa es ya proverbial, nueva bolilla en el curso interminable de enseñanza deperiodismo a periodistas. Comenta ella que el mensaje del papa Benedicto sobre la pobreza en laArgentina fue pésimamente manejado por los medios y se ofusca por los modos de los diarios paratitular sus notas. Ama analizar a los medios, ella, que detesta a los diarios, a los que, si no lospuede comprar, los ataca con virulencia. Luego confiesa: “Si a mí no me atrapa el título, nosigo, no leo la nota”.
Contemplar y paladear la Argentina desde la multiétnica Oberá, en la bella Misiones,semblanteando el lado brasileño del otro lado del hoy caudaloso y enrojecido río Uruguay, se mepresenta, una vez más, como ocasión de privilegio. A 75 minutos de vuelo de Buenos Aires por laestatizada y siempre groseramente impuntual Aerolíneas Argentinas, las gotas de sabiduríapresidencial me resultan inefables y muy elocuentes testimonios.
“Estamos” plurales, pero no lo somos. Dice ella. La delicia de una reflexiónfreudiana con aderezo de Lacan es inexorable: el lenguaje es un poderoso trépano de la verdadesencial, sobre todo al evidenciar la realidad profunda. En su tic sobreactuado y espinosamente“sincero”, la Presidenta saluda el retorno del periodismo al Tango 01 como producto desu magnanimidad imperial. Hay que admitirlo, no miente. Lo manifiesta: hoy los dejamos venir unrato con nosotros, pero no se confundan, no somos, sucede que, apenas, “estamos”plurales.
Luego, la admisión descomunal: los perversos, pérfidos, poderosos y destituyentes Estados Unidosno sólo nos exportaron la crisis económica, sino que nos inyectaron la gripe A. La Presidenta esuna muchacha peronista: la Argentina cortó su transporte aéreo comercial con México, acusándolo deenfermar a los argentinos, pero, 90 días más tarde, resulta que los exportadores verdaderos de lapeste eran los yanquis.
Eso explica por qué, cuando en 2003 Néstor Kirchner fue recibido en la Casa Blanca por George W.Bush y éste le comentó la aparición de gobiernos de izquierda en la región (Vázquez, Lula,Bachelet), el argentino le aclaró sin titubear: no se confunda señor Bush, nosotros somosperonistas. Por eso, a los Estados Unidos se pudo seguir volando desde Ezeiza, pero a México no,aunque los exportadores del mal absoluto sean los denostados, pero súper envidiadosnorteamericanos. Antes de asumir la Presidencia en mayo de 2003, los ya entonces millonariosKirchner no conocían Europa, pero sin embargo ya eran duchos en Miami.
Las caradureces de las que son capaces los militantes del poder en vigencia son infinitas. Dosejemplos de reciente cosecha televisiva iluminan el asunto.
La noche del martes último en Le doy mi palabra, el diputado cegetista Héctor Recalde proclamódesde el vamos el hondo sacrificio que implicaba para él sentarse a responderles a periodistas comonosotros. “No crea que es fácil venir aquí a hablar con ustedes” se lamentó, antes deque se encendieran las cámaras.
¿Es que esa noche “estaría” plural? Tal vez, pero dos de sus respuestas a mispreguntas fueron de campeonato mundial. La primera fue sobre el formidable incremento patrimonialde los Kirchner, que hace por lo menos 18 años son empleados públicos (municipales, provinciales ynacionales), pero cuyos bienes son ya de una dimensión de obscenidad recalcitrante. La mirada delimpertérrito Recalde, abogado de sindicatos y trabajadores: no nos gusta igualar para abajo sinopara arriba, me hace muy feliz que la gente progrese en su vida, y si su patrimonio aumenta es porque los Kirchner lo han sabido preservar e incrementar.
¿El fenomenal caso de los jefes vitalicios de los sindicatos peronistas, muchos de los cualesson dueños eternos de sus conducciones, al frente de las cuales están hace casi treinta años?Recalde se remojó la cara en cemento y me aclaró: “Bueno, mire, si los trabajadores loseligen, ¿quién soy yo para negarles esa representatividad?”.
Eso, pues, formidable, y por ahora invencible frescura para decir lo que nece-siten, perogestionar cómo y desde dónde les convenga, en perfecta compartimen-tación con las“convicciones” pregonadas para seguir anestesiando almas bellas y progresistas.
Paradigma de esta brecha descomunal entre palabrerío y efectividades operativas es el casolastimoso de Alberto Fernández, que después de siete años largos como ladero y bombero todoservicio de Néstor Kirchner, ahora se siente como Trotsky perseguido por los esbirros sedientos desangre del stalinismo.
¿Quién puede creerle algo a un personaje que luego de gerenciar las operaciones más truculentas,aúlla en la intemperie, quejándose de la dureza inclemente de Kirchner? ¿Es que el hombre quepresentó como un triunfo la adquisición de Borocotó y celebró las defenestraciones de Béliz,Lavagna y Bielsa tiene legitimidad para diseminar sus lamentos doloridos ante los tradicionalesmétodos de un kirchnerismo del que él fue prácticamente gestor y aprovechador prominente durantetantos años? No, no la tiene, pero sí es capaz de perpetrar episodios de hipocresía agraviantes,como si nadie tuviera memoria, como si el tiempo no existiera, como si la entera sociedad masticaravidrio con deleite. Esto que pasa: infinita impunidad, Grondona y Cristina, Bonafini y la AFA, daleque va.
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