•aPOLOGIA DEL DELITO

Dar una mano

Alguien se acuerda de Mario Fendrich? Hace unos años, trabajando en una revista de esta misma editorial, tuve que escribir sobre el caso del subtesorero del Banco Nación de Santa Fe, que luego de trabajar durante años en la sucursal de la zona, entró en la caja y hurtó unos tres millones de pesos.

Dar una mano
28-07-2026 | 13:17

Alguien se acuerda de Mario Fendrich?
Hace unos años, trabajando en una revista de esta misma editorial, tuve que escribir sobre elcaso del subtesorero del Banco Nación de Santa Fe, que luego de trabajar durante años en lasucursal de la zona, entró en la caja y hurtó unos tres millones de pesos.
Tratando de ser original a toda costa, ya que no me sale ser moderno, en mi nota refritébuena parte de la información que circulaba en los diarios y agregué un rasgo de mi propia cosecha:calculando grosso modo su sueldo de subtesorero lo multipliqué por la cantidad de meses y de añosque le habría costado hacerse de la misma suma que hurtó con un limpio golpe de mano. Daba cerca deciento sesenta años.
Por supuesto, las cosas empiezan a interesarnos luego de que creemos haber acabado con ellas.
Tras la nota, tras la amable reconvención del director del medio (“¡Qué eleganteapología del delito escribiste!”), empecé a leer en serio sobre la vida de Fendrich antes desu hurto.
Se había convertido en un personaje por derecho propio. Supe que tenía un matrimonio no muygrato pero contaba con barra de amigos, se hacía sus asaditos, navegaba el Paraná, acampaba enislas, se le atribuían gratas amistades del sexo opuesto.
Lo que me atrapaba era un interrogante: ¿por qué alguien que parecía tener una vidasatisfactoria se arriesgaba a perderlo todo?
Entretanto, Fendrich estaba prófugo, aparecía, se entregaba, iba preso, era juzgado, pagabasu delito en la cárcel.
Hipótesis: la suma era mayor, en el banco se guardaba además la plata negra del juegoclandestino de Rosario, Fendrich había estado escondido en Paraguay, contratado custodia, gastadotodo su dinero, sobornado a la Policía para que no lo mexicaneara y asesinara, y a los del ServicioPenitenciario para tener un buen pasar en la cárcel.
Una vida de novela, como cuando las novelas eran de verdad. Así que escribí un guión de cinecon el asunto, la película la filmó Sergio Belloti (se llama Tesoro mío y se encuentra en suvideopirata de confianza, señora). Años más tarde, Fendrich salió de la cárcel, volvió a su pueblo:al parecer, está separado de su esposa, se convirtió en pintor de obra, trabaja con los hijos.
Un periodista que fue a hacerle una nota me contó que Fendrich lo invitó a pescar y al río ya comer asado, y que estaba enojado porque en el film se lo mostraba como un hombre infiel. Lemandé a decir que se tranquilizara, que él había cumplido un sueño de muchos argentinos y que supersonaje –interpretado por Gabriel Goity– también, porque había intimado con EddaBustamante y Victoria Onetto.
Ahora bien, pasados los años, la pregunta sigue presente: ¿por qué hizo lo que hizo esehombre? ¿Por dinero? ¿Realmente alguien puede creer que esa suma de peripecias que termina conbrocha gorda se construye para quedarse al fin del camino con una suma equis que no tendrá tiemponi posibilidades de gastar? No. El paraíso de algunos es el infierno de los otros. Yo, trabajandode periodista, imaginaba como dichosa esa vida de bancario despreocupado y casi feliz, mientras queél, posiblemente, durante cada una de sus horas de contar plata ajena soñaba con una vida deaventuras. Quizá, cumplido su sueño, y obtenida toda la satisfacción que anhelaba, Fendrich seresignó a continuar como antes, con la excepción de que, donde había una calculadora, ahora hay unabrocha gorda.
Puedo creer que sé lo que piensa: que en cada mano de cal, en cada trazo que su mano vaextendiendo en un infinito de paredes sucesivas, Fendrich encontró la serenidad perdida. Vuelto unhito del pasado su momento más delictivo y glorioso, convertido ya, por efecto del olvidocolectivo, en encarnación jubilada de una épica que ya no encuentra admiradores (la de los héroesde la rebelión contra la rutina, que exaltaban las películas de los años 60), el hombre blanquea suvida.

*Periodista y escritor.

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