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De entrecasa

Las señoras españolas dicen “ropa para andar por casa”. Nosotras decimos “ropa de entrecasa”. Ambas cosas son iguales nomás que diferentes, como en el chiste aquel que si usted quiere uno de estos días le cuento. Pero sugieren, según el eco profundo de las palabras, cosas distintas.

De entrecasa
24-08-2026 | 10:00

Las señoras españolas dicen “ropa para andar por casa”. Nosotras decimos “ropade entrecasa”. Ambas cosas son iguales nomás que diferentes, como en el chiste aquel que siusted quiere uno de estos días le cuento. Pero sugieren, según el eco profundo de las palabras,cosas distintas. Una ve a las señoras españolas paseando de la sala al comedor y del comedor a ladespensa, dando vueltas por su reino. Una piensa en nosotras sentadas en un sillón y mirandoalrededor, las puertas, las alfombras, la mesa, la cómoda, los floreros. Y ya que estamos ellas ynosotras pensamos en la casa, la casa así en general, no necesariamente la que habitamos. Graninvento la casa. Porque según parece pasamos del árbol a la caverna, cosa que no está nada mal, yya eso era, tironeando un poco de los significados, era, sí, una casa. Pero como no nos podíamosquedar quietos, un día descubrimos que se podía poner una caverna o algo parecido en donde antes nohabía nada. Y pusimos paredes y techos, y andando el tiempo tenemos departamentos en edificios ycasas en barrios y, ¡horror!, esas cosas horribles, inhumanas, feas y desagradables llamadas“torres”, ufff. Que no me digan que eso es civilización. Será progreso (vaya usted asaber en qué dirección), pero civilización nones. Si a mis abuelas les hubieran hablado de torres,se habrían desmayado de la impresión y eso que eran señoras de armas llevar. Claro que si leshubieran hablado de cosas más cotidianas como el microondas y les hubieran dicho que se calientauna comida o se hace una torta en veinte segundos o nueve minutos respectivamente también sehubieran impresionado. Una de ellas porque era una criolla rica que tenía cocinera, la otra porqueera una inmigrante pobre que cocinaba ella misma los platos de su Aragón natal. Buena mezcla la quellegó hasta mí. No conocí a ninguna de las dos pero me enseñaron muchas cosas, créame. Vea adóndehemos venido a parar, desde la caverna hasta mis abuelas. Y eso que no me puse los guantes paraescribir, como dicen que dijo Cortázar de ciertos escritores argentinos. Estoy con ropa deentrecasa nomás.

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