Uno de los componentes primarios del funcionamiento de los medios masivos de comunicación es elmanejo de los silencios. No digo de los temas, porque el control al que aquí se hace referencia noes el de la alternancia y la prioridad de los temas, sino de su supresión.
Llama la atención que aquello que era un debate abierto hace poco tiempo, hasta comenzada lacrisis con el campo en marzo de 2008, haya desaparecido de los grandes medios. Existía una polémicaacerca de los efectos del monocultivo de la soja y de sus consecuencias en una diversidad deámbitos, tanto naturales como sociales.
Ahora nadie discute sobre la conveniencia de sembrar soja hasta en las banquinas de las rutas.Es un tema soslayado, olvidado, anacrónico. Los problemas de la desertificación y la erosión de lossuelos, de la tala indiscriminada de los bosques, de la desaparición de producciones tradicionalescomo la carne y la leche o el trigo, el de la expulsión de la mano de obra –mucho másextensiva en otras producciones rurales como la lechera, y muy reducida en la producción desoja– han sido corridos del escenario.
El Gobierno a veces recurre al problema, pero como es parte de todos los chanchullos que inventasemanalmente en su lucha contra los sectores agrarios, se pierde en el maremágnum de argumentosencimados.
Por lo visto nos morimos sin el monocultivo. Sin soja a raudales en los silos, sin el porotototalmente desgravado, parece que el país se va a pique. Si el Gobierno accediera al pedido de laMesa de Enlace –retenciones cero para la soja–, dicen que la economía volvería acrecer, las industrias metalmecánicas a reiniciar con intensidad actividades paralizadas y a tomarpersonal recientemente despedido o suspendido, los pueblos del interior de nuevo a florecer, y lasprovincias a apaciguarse.
Es probable que todo esto sea otra gran mentira. El país está en crisis y seguirá en crisis,porque no todo es soja, una gran parte es política, la de siempre, la suicida. La responsabilidadde esto no es sólo del Gobierno. No será la primera vez que por estos callejones sin salida en elque se meten personajes enloquecidos y acelerados, la carrera termine en donde terminan estospasajes urbanos, en el choque contra un muro. Resultado: el país nuevamente en el hospital.
En mayo de 2006 fui orador de un congreso de la Federación Agraria cuando Buzzi era amigo delgobierno. Me pidieron en los pasillos que no fuera muy duro con los K.
De todos modos, mi crítica al gobierno era puntual, ya que descreo de las oposiciones en nuestropaís porque por lo general son incapaces de gobernar. Me refería a la necesidad en la Argentina deun control sobre los manejos de los fondos públicos, de la urgencia de construir un Estadomedianamente confiable, que esa confianza partía de la transparencia del uso de los dineros que seextraen del trabajo social, y que, finalmente, hasta que no asumiera el poder constitucional unpersonal gubernamental que representara esta realidad de honestidad a la vez que de eficiencia, nila sociedad ni los ciudadanos mejorarían colectivamente mientras exista un Estado corrupto.
Desde ese punto de vista, me parecía que entre Menem y Kirchner había una línea decontinuidad.
El público compuesto por pequeños productores dedicados a las actividades más diversas,horticultores, productores de frutas, de la industria láctea, etc., se expresaron y, entre otrascosas, decían que si había algo que realmente no les preocupaba era el tema de las retenciones a lasoja. Por el contrario, recuerdo que decía uno del sur: “Mejor que cobren retenciones a losgrandes y que esa plata la redistribuyan en créditos para nosotros”.
La verdad es que el tema de las retenciones a la soja no parecía preocuparles lo más mínimo alos representantes de la Federación Agraria ahí reunidos, mientras Buzzi no se sentía muy a gustocon mis críticas al uso y abuso de los fondos públicos de parte del gobierno de Kirchner.
Y ahora cambio de tema. Hablemos de algo más complejo que la astrofísica, hagamos un posgrado encomunicación para estar a la altura del asunto, me refiero a la Ley de Radiodifusión.
Desde mi punto de vista, la cuestión nada tiene que ver con la libertad de prensa ni con lacaptura de las mentes de los argentinos. A mí, Clarín nunca me engañó, pero no porque sea un granvivo ni un ilustrado en estado de alerta, sino porque los diarios no engañan a nadie. Los lectoreseligen los diarios de acuerdo con lo que los entretiene, según su opción política, aspiracióncultural y medio social. El señor que toma su lágrima en La Biela lee La Nación, mientras en uncafé de Villa Lugano no se ven diarios en la mesa como en Starbucks. El futbolero va a Clarín a vercuántos puntos le puso Pagani a Montenegro, el porteño setentista compra Página/12, mi familia leePERFIL, y el noventa por ciento de la gente no lee los diarios.
Tampoco la tele engaña, la tele cautiva, pero sólo hipnotiza cuando estamos sentados en casa omientras pinchamos un raviol. Los medios pueden hacer una campaña estruendosa sobre la inseguridad,hablar de Susana Giménez veinte horas por día, montar una operación clamor sobre la pena de muerte,y juntan apenas la mitad de la gente en Plaza de Mayo que un recital de Los Piojos, y con resto afavor del grupo.
La Ley de Radiodifusión es un asunto de dinero y de poder, pero nada tiene que ver con nuestracapacidad o interés informativo. Por eso es un negocio, podrán reducir poder económico a unos,entregárselo a otros, aumentar frecuencias, licitar lo que fuere, pero no nos usen a nosotros, alos clientes, a los ciudadanos, como cebo para los negocios del poder. Oficialismo y oposicion sedisputan nuestra protección en nombre de la libertad; en vano, pueden descansar, no la perderemospor un cambio de bolsillos.
Hace tiempo que la información hay que buscarla y aprender a leerla. El problema de los sistemascomunicacionales y de la recepción de la información que circula en la actualidad debe ser parte deuna política educacional. Buscar, cotejar, diversificar, pensar, multiplicar, eso ya podríamoshacerlo, hace rato que tenemos los recursos técnicos y culturales para estudiar la información.
La lectura de la actualidad debería ser una asignatura imprescindible del sistema escolar. Tanimportante como la enseñanza de la historia. Requiere profesores con coraje intelectual, sin perezani esclerosis ideológica.
No se trata sólo de semiótica sino de filosofía, de los dilemas de la acción y de laargumentación en las tensiones entre la verdad y el poder.
Ninguna ley frenará el poder de los medios ni ningún predicador nos hará creer que unobservatorio o un grupo de asesores o burócratas vestidos de progresistas nos garantizarán elpluralismo. La garantía del pluralismo está en nosotros, los lectores.
*Filósofo. www.tomasabraham.com.ar







