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De la parquedad o el fin de los discursos

Dicen que Carlos Reutemann, alias Lole, es parco. Según confiesa, sólo habla cuando tiene algo que decir. Se muestra diferente al común de los políticos, que no ahorran palabras aunque nada tengan que decir.

De la parquedad o el fin de los discursos
22-08-2026 | 04:43

Dicen que Carlos Reutemann, alias Lole, es parco. Según confiesa, sólo habla cuando tiene algoque decir. Se muestra diferente al común de los políticos, que no ahorran palabras aunque nadatengan que decir. Parece un hombre de una sola pieza al que no le tiembla el pulso. Susantecedentes profesionales pueden ser una prueba de esta imagen. No sabemos la causa por la queSchumacher no es candidato, por ahora, a la presidencia de Alemania, ni por qué no lo fue NikiLauda en Austria o, no, no es el caso, qué decir de Fangio. El hecho es que Reutemann ha sido otracreación política de Carlos Menem.

De su gobierno provincial se dicen muchas cosas. Unos recuerdan que visitaba los hospitales enmoto, que era el que más temprano llegaba al despacho, que no emitió bonos en tiempos de Patacones.Otros señalan que fue responsable de la muerte de siete personas por represión en 2001, que lainundación que arrasó la vivienda de miles de familias se debió a obras inconclusas en un hipódromode Santa Fe, que había en su equipo funcionarios del Proceso, que nombró familiares en la CorteSuprema, que privatizó el Banco Provincia y lo entregó a los hermanos Rhom, que ya teníanantecedentes de aventuras financieras en el Uruguay, que metió a la fuerza a chaqueños en vagones ylos devolvió a su provincia.

En suma, una gestión polémica.

Reutemann, dos veces gobernador y senador desde hace años, siguió en la política con su habitualdiscreción hasta que salió a la palestra en estos meses. Habla, y estamos atentos a lo que dice.Afirma que la soja es el petróleo de su provincia y como senador está para defenderla; a las dos, ala soja y la provincia. ¿Qué más dice? Nada.

Sí, dice algo más, afirma que es peronista. Esto es muy raro. Con la irrupción de Menem en lapolítica argentina, el peronismo ha perdido identidad doctrinaria. A partir del momento en que elpresidente dos veces elegido por la mayoría de los argentinos, y ganador de la tercera elección en2003 al ser primera minoría, jefe del partido que ganó legislativas en toda la década del noventa,desde que ingresaron a las filas del justicialismo los neoliberales de la UCeDé, los represenantesde la oligarquía como los Born, con los abrazos al almirante Rojas y la economía en manos de unhombre del Proceso como Cavallo, desde ese momento peronista es todo aquel que tiene plata parallenar de afiches las paredes de la ciudad y poner avisos por televisión diciendo que esperonista.

Peronista puede ser un neoliberal, un gorila, un motonauta, un conservador, un represor de ladictadura, un desarrollista, un radical, hasta un peronista a veces puede ser peronista. Reutemanndice ser peronista porque es el partido que les gusta a los argentinos, si les gustara el PartidoHumanista, sería humanista.

No es una broma, la broma, en caso de existir, la hace la gente seria, tan seria y parca comoLole.

De todos modos, como dice Alf, no hay problema, vivimos la era del fin de los grandes relatos,bien lo subrayó el brillante filósofo J.F. Lyotard: ya no nos cobijamos bajo doctrinastotalizadoras, utopías redentoras, concepciones del mundo integradoras. Vivimos en un mundofragmentado, disperso, imprevisible, frente al cual hay que ser ágil y pragmático, es decir... nodecir nada, y hacer; o no, tampoco hacer nada.

No hay que asombrarse del éxito de esta insipidez ya que los grandes oradores de púlpito noscuraron de espanto. Alfonsín nos quiso seducir con un tercer movimiento histórico, se fue antes detiempo. Menem, con la nacionalización de las propiedades de los ingleses y con Facundo, ya sabemos.De la Rúa nos invitaba al universo ético, ya sabemos. Duhalde, con un modelo productivo que no pudoaplicar en diez años en su provincia chata y amplia porque no sabía que el mundo estaba tanglobalizado. Néstor y Cristina Kirchner, con el retorno a las fuentes del setenta, pero, nadacuaja, los grandes relatos de la argentinidad hacen agua, se nos escapan los discursos nacionales.Por eso funciona bien la industria editorial dedicada a las narraciones históricas. Se nos vuela elpresente y, por compensación, podemos inventar un pasado, rememorarlo, encontrar héroes, vestirlosa la moda de hoy, recuperar desaparecidos de hace dos siglos como Mariano Moreno, hacer de JuárezCelman un desguazador del Estado, ponerle patillas, vivir al revés.

Hoy no hace falta saber hablar en política, ni tener ideas. Las ideas dependen de las ocasiones.De las situaciones concretas. Reutemann dice que a él le gusta conversar con los chacareros y lapeonada. Ellos tampoco hablan mucho. Son hombres de pampa húmeda, como don Segundo Sombra. ¿Paraqué meterse en el mundo, que es más complicado que tobiana en celo? Las cosas siguen su curso, queel tiempo dirá: hoy llueve, mañana seca, pasado aclara.

No sé por qué, modestamente, no me convence del todo la estampa del hombre de los fierros quehabla poco y es simple. Tiene virtudes, me parece que una de las más salientes, para comenzar, essu desconfianza. Es una virtud básica en todo cínico. Si alguien está interesado en aquellafilosofía antigua que fue el cinismo de Diógenes y que M. Foucault remozó con sus últimos cursos,debería tomar en cuenta que un cínico ya no cree en casi nada ni nadie. Es lo que tan bien resumióOscar Wilde: el cínico sabe que nada tiene valor y que todo tiene su precio.

Volviendo de la cultura a la agricultura, Reutemann estaba haciéndole pata al poder de los Khasta la crisis de la soja. Si los K se ponen de acuerdo con la Mesa de Enlace, el Lole se borra delas de octubre, si la rosca sigue, sigue. Depende, veremos, total qué se pierde con esperar.

¿Si quiere ser presidente? Depende. Si la cosa no está demasiado podrida, puede ser. ¿Pero paraqué? Porque la gente se lo pide. ¿Qué gente? ¿Los chacareros? ¿Tinelli?

¿Qué cambios haría Reutemann a la política de los K? ¿Eliminar retenciones? ¿No alteraría ningúnaspecto en especial? ¿Es sólo un poco de aire fresco para un justicialismo disperso? ¿Untransitorio aglutinador? ¿Un operativo de distracción? ¿Nada? ¿La necesaria agitación que necesitala vida política cuando hay embotellamiento? Vivimos la época del fin de los grandes relatos. Ni lalibertad virginiana, ni la seguridad, ni el socialismo bolivariano, ni la guerra santa, ni elcomunismo chino, ni el peronismo secular, ni Cambalache. Pero también vivimos el fin de losinventos mediáticos. No duran ni los quince segundos de fama de Warhol. La resonancia puede serprolongada, como la luz de una estrella apagada, o el repetido sonido de un disco rayado. Pero porahora, hasta la próxima siembra, mejor buscar algo más auténtico.


*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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