•el presupuesto social

De la pobreza extrema a la hipocresía extrema

Preguntonta: ¿alcanzan $ 130.000 millones para aliviar el problema de la pobreza extrema en la Argentina? Es probable que no. Pero $ 130.000 millones es mucha plata, aun para mí. Y $ 130.000 millones es el monto transferido en los últimos seis años por el Gobierno nacional al sector privado.

21-08-2026 | 23:56

Preguntonta: ¿alcanzan $ 130.000 millones para aliviar el problema de la pobreza extrema en laArgentina? Es probable que no. Pero $ 130.000 millones es mucha plata, aun para mí.

Y $ 130.000 millones es el monto transferido en los últimos seis años por el Gobierno nacionalal sector privado. Obviamente, este es sólo un rubro del Presupuesto, al que volveré en un minuto.Esta cifra, no incluye los pagos de salarios, jubilaciones, obras públicas, salud, etc. Tampocoincluye el gasto provincial y municipal. Es decir, no incluye lo que cualquiera de nosotrosllamaría “gasto público total”, que está en niveles históricos récord, aproximadamenteun tercio del PBI argentino.

Resulta claro, a estas alturas, que si después de seis años de crecimiento “allaChina” y de una participación creciente del sector público en ese crecimiento, los problemasde pobreza extrema aún persisten, la solución requiere algo más que plata y vocación.

Vuelvo, entonces, a esos $ 130.000 millones acumulados en estos años, exclusivamente comotransferencias directas al sector privado, en la forma de subsidios, planes de ayuda, rebajas enlos precios de ciertos bienes y servicios.

¿Quiénes han sido los receptores de esos fondos? Es cierto que una parte de ese dinero sedestinó a los planes de ayuda social del Gobierno nacional y otra a mantener bajos los costos deservicios que utilizan los pobres –principalmente transporte público–. Pero no es menoscierto que el crecimiento más explosivo de este rubro estuvo ligado a la maraña de subsidiosdestinados a evitar aumentos en la electricidad y gas residencial, en los combustibles que utilizanlos autos particulares, en especial los combustibles “premium”, los peajes en las rutasy ciertos alimentos, sin discriminar entre pobres y ricos.

Por supuesto que los fondos necesarios para cubrir estas transferencias surgieron de larecaudación de impuestos. El IVA, y la inflación, que pagan relativamente más los pobres, y losimpuestos a la exportación, que pagan productores ricos y productores pobres.

Como reconoció el propio Gobierno nacional en las voces de la Presidenta y sus ministros másimportantes, los exorbitantes aumentos de la electricidad y el gas anunciados y observados en losúltimos meses obedecen al hecho de que “…los pobres no pueden seguir subsidiando a losque más tienen…”. A confesión de parte, relevo de pruebas, dicen mis amigos abogados(¡sí!, algunos tengo).

Esta descripción se agrava si se analiza el esquema “federal” del reparto delcrecimiento de la economía de los últimos años. En efecto, una parte importante de ese crecimientose originó en un extraordinario cambio de precios relativos a favor de las producciones regionalesen general, y de la agropecuaria en particular.

Sin embargo, el Gobierno nacional interfirió fuertemente en la forma en que tal mejora de losprecios internacionales se difundió en las provincias. Primero, afectó la producción de lácteos ycarnes, petróleo, gas, impidiendo el aprovechamiento pleno de ese boom de precios en las provinciasproductoras. No sólo subsidió directamente el consumo, sino que, además, prohibió exportaciones yfijó precios máximos para el mercado interno.

Segundo, y a través de las retenciones a la exportación, le restó capacidad de recaudación a losgobiernos provinciales. Las retenciones no se comparten con las provincias en forma automática, yreducen la base del el impuesto a las ganancias que sí se coparticipa, y la base imponible deimpuestos provinciales.

Tercero, al concentrar políticamente el gasto en el Conurbano bonaerense, con los recursosrestados a las provincias, se mantiene el círculo vicioso de la pobreza extrema. Con menos recursospara educación y salud en las provincias, la gente emigra hacia “dónde está la salida”,en el Gran Buenos Aires, provocando hacinamiento, congestión, necesidades de másinfraestructura.

Cuarto, sin inversión en rutas adecuadas y habiendo destruido el mercado de aerotransportecomercial, los costos de flete y las dificultades para el turismo receptivo también conspiraroncontra una mejora en el bienestar de la población del interior del país.

Y, por último, la falta de reforma política, en serio, para ir a la “nuevapolítica”, mantuvo, también en las provincias, salvo honrosas excepciones, la organizaciónfeudal de dependencia casi total de la discrecionalidad política de intendentes y gobernadores.

En síntesis, si en estos años, con un crecimiento económico impulsado desde el interior del paíshacia los grandes centros urbanos, gracias a la demanda mundial, y con una apropiación del Estadode una parte importante de los fondos originados por ese crecimiento (el gasto público totalaumentó 10% del PBI en cinco años), no pudimos solucionar los problemas de pobreza extrema, da todala impresión de que se necesita una reforma institucional seria, y no sólo discursos y lamentos. Unpaso inicial podría ser sincerarnos como sociedad y, al menos, limitar la hipocresía extrema.

También en Perfil