•MATRIMONIO homosexual

De la revolución al progresismo

24-08-2026 | 15:27

París. Fue Raymon Aron, el gran politólogo, quien siguió atentamente los pasos de la revoluciónsocialcomunista que moría en Francia. El socialismo duro de los años 30, todavía menchevique, conun sentido marxista tan fuerte como el de los comunistas, empezó a transformarse en las primerassocialdemocracias. Estas se definieron por causa de los errores soviéticos, como la invasión deChecoslovaquia en 1968 y por el estallido de mayo del 68 en París, como expresión clara de unageneración juvenil que no respetaba a De Gaulle ni a la sombría ortodoxia y dependencia del PC deFrancia y la CGT. Lo cierto es que después del intento de Berlinguer en 1974, Raymond Aron podríaconfirmar que los socialismos, con mucha retórica y disimulo, comprendían que el vencedor del grandesafío del siglo XX entre Este y Oeste era el capitalismo. Las socialdemocracias fueron las formasemergentes de eso que Aron llamó “los socialismos rendidos” (entre la evidencia deldominante capitalismo). La URSS no había alcanzado a Estados Unidos en la batalla estratégica ni enla del bienestar. Pese al esfuerzo de Kruschev con su fracasado intento de consumismo a la rusa.Los socialismos europeos renuncian a la concepción revolucionaria marxista. Las figuras centralesde esta transformación fueron Willy Brandt, Felipe González, Helmut Schmidt y Mitterand. De lavieja sustancia revolucionaria del socialismo de Pietro Nenni o de Léon Blum no quedaron rastros.Se acepta el campo del capitalismo liberal. A partir de la caída del muro de Berlín, Rusia renunciaa su ideología. El movimiento de mayo del 68, pese a su inviabilidad política, demostró que losproblemas de la sociedad exigían respuestas más allá del encuadramiento exclusivopolíticoeconómico. Aquí nace la pasión progresista por cambiar tradiciones y costumbres. Las ONGsde todo tipo, que van desde los homosexuales hasta las mujeres golpeadas o las minorías étnicas,ingresan con fuerza en los diálogos y confrontaciones de la sociedad occidental como un campoparalelo al de la política tradicional.

Los socialismos, “rendidos” a la evidencia del triunfo productivo y estratégico delcapitalismo, encontrarán en las batallas del progresismo un campo de acción tan original comomarginal.
Las energías revolucionarias se travisten en una guerra costumbrista. El espacio mayor deconducción estratégica y de modificaciones sustanciales y del comando de “este”capitalismo enfermo tiene a las socialdemocracias como observadoras. Vemos hoy al centro derecha deSarkozy, Angela Merkel, Berlusconi y del Partido Popular de España intentando consolidar laseconomías europeas y defendiendo sus intereses europeos propiciando reformas macroeconómicassustanciales.
Los partidos inocuos, desactivados, impulsan cambios que muchas veces no son sentidos por lospueblos, aunque son muy importantes, pero que exigen un sereno y meditado análisis para que lasmodificaciones no sean traumáticas para los niveles culturales vigentes.

Argentina no escapa a este proceso. El reciente debate sobre el matrimonio homosexual tuvo elcarácter de algo decisivo. El país siguió en vilo la votación. Es un país que se deja emocionar porel actualismo de lo marginal, pero sin el debate dramático que merecen temas como la educación, elhambre, la criminalidad o el simple horror de no saber movilizarse ante la realidad de 12 millonesde conciudadanos sin agua potable y 23 millones sin cloacas. Creemos que nos modernizamos con elprogresismo costumbrista y, al mismo tiempo, seguimos cayendo en todos los niveles, al punto de serun país lleno de dones y cualidades pero que no encuentra energías para salir de su decadencia.Necesitamos una gran política nacional.
Los homosexuales necesitaban normas de convivencia. Pero era innecesario el exceso: el Senadoaprobó, a contrapueblo, un cambio semántico al desnaturalizar la palabra “matrimonio” ysacrificarla como si se tratase de un juego de simple travestismo una concesión al fetichismo.
En realidad, el matrimonio, matriz de la procreación, tiene la fuerza ontogenética,biológica, de su verdad natural. Una modificación del Código Civil no toca la esencia de lascosas.

*Escritor y diplomático.

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