•lecciones

De madera

Hace unos días, el azar quiso que me encontrara en la programación del canal Encuentro, que forma parte de la política formativa del Ministerio de Educación, con José Pablo Feinmann, cuya obra cinematográfica (como guionista) y narrativa (como novelista) tuve la dicha de seguir cuando era joven.

De madera
24-08-2026 | 05:25

Hace unos días, el azar quiso que me encontrara en la programación del canal Encuentro, queforma parte de la política formativa del Ministerio de Educación, con José Pablo Feinmann, cuyaobra cinematográfica (como guionista) y narrativa (como novelista) tuve la dicha de seguir cuandoera joven. Esta vez, como se trataba del programa Filosofía [aquí y ahora], me encontré con unFeinmann para mí desconocido: el profesor de Filosofía. Como me habían dicho que los cursosprivados que Feinmann dicta llenan auditorios gigantescos, me detuve a escucharlo para tratar deaprovechar sus lecciones que, ese día, versaban sobre Heidegger (filósofo sobre el que sé más bienpoco y, en general, a través de fuentes secundarias: Levinas, Foucault, Agamben, esos filósofos queamo hasta la desesperación).
No sé si Feinmann se había propuesto una síntesis de Ser y tiempo (tarea extremadamentecompleja), porque sintonicé el programa ya empezado, pero explicaba con gran brío la noción de“autenticidad” que, como se sabe, supone la asunción total y plena del ser como“ser para la muerte” (no otra sería la vía para la emancipación). El tema se me antojófrancamente excesivo para la pantalla televisiva y, por otra parte, ya superado por perspectivasposheideggerianas (por ejemplo: Deleuze), pero como me faltaba el contexto de la lección, la seguí,tomando ocasionales notas para cotejar con mis propias lecturas, sobre todo porque algunas de lasfrases que Feinmann pronunciaba (no tenía papeles en las manos y no parecía estar leyendo) sonabanextrañas a mi pobre conocimiento.
Copié en un buscador de Internet algunas de las frases que había anotado apresuradamente yencontré al instante la fuente de lo que Feinmann decía: el capítulo “El pensamientoa-valórico heideggeriano” del Prof. Cristóbal Holzapfel de la Universidad de Chile, que estácolgado en la página “Heidegger en castellano”. Holzapfel (“Manzana deMadera”) traduce öffentlichkeit como “publicidad” y Feinmann lo sigue en elerror. Porque el sentido de esa palabra, si bien se corresponde con la traducción apuntada, seacerca mucho más a “esfera pública” (el mismo desliz cometieron legiones decomentadores de Habermas). No es, por lo tanto, que Heidegger sostenga posiciones suspicaces contrala corporación mediática, a la que Feinmann bastardeaba sin desmayo a partir del ejemplo “sedice”, “se piensa” (certezas contra las cuales el individuo debe declararse enestado de alerta y rebeldía porque, como se sabe, “hay complot”), sino que, mucho másradicalmente (como conviene suponer del autor de Ser y tiempo), Heidegger declara su animadversióncontra la democracia pluralista (cfr. Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania, pág. 205).
Lo que Heidegger reprocha a la opinión pública en la democracia no es otra cosa que suprincipio estructural: el pluralismo. Es la opinión pública en democracia lo que constituye elescenario del uno (se) y por eso Heidegger se sitúa por encima de los partidos y mira con desprecioel negocio político. Conocemos algunas de las derivaciones de la política extática que Heidegger(inspirado en el conde Yorc von Wartenburg) patrocinaba, pero no se me ocurre forma alguna deaplicar esas hipótesis a la actual coyuntura argentina, como parecía deducirse del empecinamientodel Prof. Feinmann.
En todo caso, y más allá de los errores de lectura, me pareció valioso su llamamiento a lasospecha, la investigación y el sentido crítico. Yo, televidente que desconoce los vericuetosexcesivos de la alta filosofía, llegué a conclusiones no previstas por su propia lección.

También en Perfil