Debates y rebates

Debates y rebates
24-08-2026 | 16:29

En los últimos tiempos, se ha venido formando un club de escritores damnificados por BeatrizSarlo. Recorridos por un inocultable dolor, atravesados por un sufrimiento silencioso, habitadospor un rencor abrumador, vuelven una y otra vez sobre el terrible escarnio al que fueron sometidos.Según parece, en los años 80 y parte de los 90, en la cátedra de la que era titular, Sarlo habríacometido una serie de delitos, en especial uno gravísimo: no elegirlos como objeto de estudio.Hagamos un breve racconto de los hechos, o al menos, de los que ahora recuerdo. El escritor S. (meahorro dar nombres por razones de la más elemental piedad) la acusa de haber maltratado a Sorianoen el transcurso de una conferencia pública. La imputación se demuestra falsa, desmentida por laorganizadora del evento. Más tarde, el escritor F., defendiendo al escritor S., e invocando supalmarés en el mercado (“Tengo treinta libros publicados… uno de 814 páginas, todasescritas por mí”) la acusa de publicar sólo rejuntes de artículos. Pero sobre todo, lainculpa de no haber hecho algo: “Jamás escribió sobre nosotros”. Más cerca en eltiempo, el escritor M. declara: “El reconocimiento de Saer significó la exclusión del restode su generación. La señora Sarlo sólo habló de Saer en las cátedras de literatura argentina y senegó a hablar de Cortázar hasta el ochenta y pico” (no hace falta aclarar que el escritor M.pertenece a la generación de Saer). Y para finalizar –por ahora–, la propia Sarlo hacesu descargo en un blog: “Enseñé a Borges, a Cortázar (siempre), y grave error de juicio,también dos novelas del propio M. (…) no tuve la audacia estética de enseñar sólo a Borges oa Saer”.

¡Pues, qué pena! El error de M. reside en suponer que una cátedra, es decir, un espacio depensamiento crítico, debe ser fiel a la lógica de un supermercado: todos los productos deben estarexhibidos en la góndola. A veces, parece que S., F. o M., antes que discutir sobre literatura,estuvieran protestando frente a la Secretaría de Defensa del Consumidor… Ocurre que no dejade llamarme la atención, todavía hoy, hasta qué punto nuestros best sellers de izquierda, nuestrosescritores progresistas de mercado, sueñan, rezan y se ilusionan con ser reconocidos por laacademia. Viven bajo la superstición de que allí pasa algo interesante, creencia que, salvo porunos pocos textos agudos (como los de Sarlo) es evidentemente errónea. Es desolador el déficit depensamiento crítico proveniente del ámbito universitario desde el 83 al presente.
Pero si Sarlo no escribió demasiado sobre Soriano, o sobre S., F. o M., es simplemente poruna buena razón: porque le interesa la literatura. En cambio, se puede leer los textos de Sarlobajo el modo de la inatención a la obra de Libertella y la incomodidad frente a la de Aira,Zelarayán y muchos otros autores de los que me ocupo en Literatura de izquierda.

Por decirlo en una frase: con herramientas tomadas de la sociología de la literatura, de losestudios culturales y de cierto ensayismo a lo Barthes y Benjamin, a Sarlo le interesangeneralmente los escritores que, desde la vanguardia, desembocan en un tardo-modernismo ilustrado;y en la forma en que esa operación repiensa el realismo, como Saer y Sebald, por ejemplo. Allíreside su límite, no en Soriano (hablo de literatura, claro. De política prefiero no hacerlo: comolo demuestra su propia historia, Sarlo suele estar equivocada).
¿Es esto una defensa de Sarlo? ¿La necesita, acaso? Tan sólo escribo como el lectordescentrado que soy, sin ninguna red detrás (o sin ninguna otra red que la biblioteca que estádetrás de mí). Nunca quise estudiar letras, también por una buena razón: porque me gusta laliteratura. Y los debates con ideas, no con resentimiento e ignorancia.

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