Ismael Viñas fue fundador de la revista Contorno, dirigente del Movimiento de LiberaciónNacional que apoyó la candidatura de Frondizi y más tarde fundador y dirigente de Acción Comunista.A raíz del golpe militar de 1976, Viñas marcha a un exilio del que todavía no se decide a volver.Alguna vez, durante el rodaje de un documental sobre su vida, discutimos la posibilidad de unregreso. Por aquel entonces Viñas vivía en un trailer-park en la ciudad de Aventura, al norte deMiami. En aquella película, Viñas dijo que Rodolfo Walsh había quedado atrapado en una lógicamonto-céntrica que terminó por exaltar los presuntos méritos de su sacrificio, pero que Walsh noera peronista y que la suya había sido más la muerte de un fascista que la de un revolucionario.Desde esa perspectiva profundamente crítica de los años setenta, Viñas señalaba en aquel documentalel carácter provocador de Salvador Allende, que terminó sometiendo la causa revolucionaria a lostérminos impuestos por su vanidad: “Cuando exhibís ante las masas reunidas al pie de LaMoneda el arma del Che que te regala Fidel, tenés que estar seguro de que los que están abajotienen con qué defenderse. No siendo así, estás condenando a todo un pueblo a morir bajo las botasde la dictadura por el deleite de un instante de vanidad”. Viñas le advirtió al presidentechileno sobre las consecuencias de hablar demasiado antes de tiempo, pero Allende no lo quisoescuchar. Tampoco Guevara quiso escucharlo cuando Viñas le planteó lo desatinado de la improntaboliviana: “Cuando los campesinos santacruceños te vean llegar con armas, van a pensar quevenís a sacarles la tierra que recibieron en tiempos de la reforma agraria del MNR y te van aentregar”. Para Ismael Viñas, el Che Guevara fue un necio de buena voluntad, la clase detipos que suelen comprometer a todos los que están a su alrededor.
Diez años después del rodaje de aquella película, vuelvo a encontrarme con Ismael, que ya novive en el trailer-park sino en una barriada de negros de clase media, donde se dedica a observar yescribir sobre el impacto de las políticas económicas en el capitalismo globalizado. Café pormedio, en una librería de la zona, nos dimos el gusto de hablar de presidentes y bueyesperdidos.
—¿Qué te llevó a la ruptura con Arturo Frondizi?
—Nosotros apoyamos la candidatura de Frondizi del modo en que Carta Abierta apoya hoy almatrimonio Kirchner, en otras palabras: le dimos legitimidad a la gestión política con el aval quese supone está en condiciones de prestar establishment cultural de un país. Es un recurso legítimo.Frondizi resultó ser un traidor y nosotros terminamos abriéndonos. Los Kirchner están locos ydeberían internarlos, con lo que supongo que Carta Abierta terminará tarde o temprano tomandodistancia. Pero nosotros hicimos más que darle legitimidad cultural; también organizamos la campañaque lo llevó a la presidencia, una campaña que introdujo la modernidad conceptual al panfletopolítico revolucionando la manera de hacer propaganda política. Recuerdo cabalmente un afichediseñado por Alfredo Hlito que convocaba a un encuentro un día 5 en la Plaza Once y el diseñoplanteaba, desde lo gráfico, con la inclusión del número 5 en el 11, lo que hasta entonces se decíacon la retórica conservadora, que curiosamente ahora vuelve a imponerse en el discurso de losKirchner.
—¿Tu hermano David no estaba entre los que lo apoyaron a Frondizi?
—No, David tenía sospechas fundadas y dio un paso al costado. Recuerdo que después de unade las primeras reuniones con el entonces candidato, David llega a la siguiente conclusión:“Vive en Caballito, los muebles son de Maple, tiene un retrato de la mujer colgado en lasala. Este tipo es un hijo de puta y los va a cagar”. David tenía razón, no había demasiadalógica en los argumentos que, por otra parte, eran intrínsicamente viscerales, pero tenía razón.Frondizi no cumplió con ninguno de los compromisos asumidos, ni con nosotros ni con nadie. Peoraún, se dio vuelta como un panqueque entregando el petróleo a los consorcios; claudicando lareforma agraria; cediendo ante las presiones del clero, lo que eventualmente permite a la Iglesiainstalarse cómodamente en sus proyectos universitarios; privatizando Aerolíneas Argentinas, en fin.Junto con Alcalde (Ramón), Fiorito (Susana), Rozitchner (León) y otros compañeros nos sentimostraicionados y decidimos abrirnos, y abrirnos significaba renunciar a los cargos de gobierno quehabíamos asumido a partir de la victoria electoral. A raíz de ese episodio, yo entré en unadepresión y casi pierdo la voz por completo. A raíz de esto, León (Rozitchner) sugirió que meanalizara con Alberto Fontana, un terapeuta heterodoxo al que le daban mucha pelota porentonces.
—¿El que experimentaba con ácido lisérgico?
—El mismo. Era una época muy curiosa. La experiencia con ácido puede ser muy desagradable,depende de las circunstancias y la compañía. Recuerdo un episodio, una alucinación en la que yoformaba parte de una tribu. Conmigo estaban Alcalde, Rozitchner, seguramente Susana (Fiorito), creoque Noé Jitrik. Todos éramos parte de esa tribu que adoraba una serpiente tótem. Sacá tus propiasconclusiones.
—En eso ando…
—Un día me cita Fontana en un café porque quería consultarme como abogado, no comopaciente. Me pareció raro. Fontana se sienta y me dice que tiene ganas de darle una trompada a sumujer en el estómago y cree que es porque todavía está enamorado de su ex, que ahora vive con otrotipo en un departamento por el cual él sigue pagando las cuotas de la hipoteca. Me dijo que sesentía perdido, que no sabía qué hacer. Ante las circunstancias no tuve más remedio que prestarlealgunas consideraciones legales, entre las que recuerdo haberle mencionado que ni se le ocurrierapegarle una trompada a la mujer, tras lo cual le comuniqué que no podía seguir yendo a la consultacon él porque consideraba que si bien yo andaba deprimido él estaba completamente loco.
—¿Por ese tiempo se funda el Movimiento de Liberación Nacional?
—Poco tiempo después. Pasada la depresión, la mía y la de otros a raíz del fiascoFrondizi, decidimos armar un partido y de ahí surge el MLN, al que cariñosamente alguien apodóMalena, como el tango. Yo era por entonces un pequeño burgués, nacionalista e izquierdoide quecreía en la posibilidad de una izquierda nacional e independiente de las estrategias de laURSS.
—¿Funcionó?
—Digamos que el partido se edificó y tuvo mucha concertación y decisivo apoyo de la clasemedia.
—¿Pero?
—Pero había dos problemas para la construcción del socialismo como nosotros lo habíamosentendido hasta entonces, y cuando nos dimos cuenta, ya era demasiado tarde. Por un lado, el campoargentino no era feudal, ni siquiera semifeudal, sino capitalista, algo que describí detalladamenteen Tierra y clase obrera. El peón de campo era (sigue siendo) un asalariado, lo que constituye unestadio superior de las relaciones entre el capital y el trabajo. Por el otro, las condiciones noestaban dadas para la liberación colonial, porque la Argentina, como lo había anticipado Lenin, noera colonia, ni siquiera semicolonia. De los dos pilares fundamentales sobre los que deberíaconstruirse el discurso revolucionario de la época, no había ni uno en pie. ¿Qué sentido tenía unmovimiento de “liberación” nacional no habiendo de quién liberarse a la vista?
—No lo sé.
—Nosotros tampoco, y lo planteamos en el seno del partido junto con otros compañeros, quepor su propia cuenta habían estado llegando a los mismos cuestionamientos. Por esta razón, nosalejaron de la Conducción Nacional del partido, relegándonos a las bases.
—¿Del partido que vos habías fundado?
—¡Era un partido democrático! ¿Qué pretendés?
—¿Y entonces?
—Tres cuartos de lo mismo había pasado en la estructura del PRT-ERP, del cual escinde ungrupo que se autodenomina Orientación Socialista y que va a terminar, termina, juntándose connosotros en lo que convenimos en llamar Acción Comunista. Ellos tenían mucho dinero que provenía desecuestros, nosotros no teníamos plata. Pero al poco tiempo conseguimos acumular un buen capitalcon algunas operaciones de falsificación de dinero, que tuvieron resultados extraordinarios.
—¿Se parecían a la monedad de uso corriente?
—No se parecían, eran moneda de uso corriente, eran indistinguibles, perfectos. Yo nuncaestuve de acuerdo en los secuestros como forma legítima de capitalización en una organizaciónrevolucionaria y la falsificación monetaria era una alternativa mucho más a la altura de misrequerimientos.
—¿Cuáles eran los objetivos de Acción Comunista?
—La toma del poder a largo plazo. Suscribíamos a la idea de lucha armada, pero éramoscuidadosos en ese sentido, porque teníamos una dimensión clara de lo que representaba el poder delenemigo, es decir: las Fuerzas Armadas. Al respecto recuerdo una discusión con Ernesto (Che), quetendía a simplificar éste como muchos otros temas. El Che no tenía una idea formada del alcance delpoderío de los ejércitos regionales. ¿Sabés lo que me dijo en esa oportunidad?: que “laizquierda sólo sirve para hacer purgas después de la revolución”. Ernesto estaba muyconfundido y no había forma de hacerlo entrar en razón porque no escuchaba. Su madre, Celia,militaba en nuestras filas en Acción Comunista.
Después de la charla nos fuimos a buscar ofertas de libros en las mesas de saldo, una actividadque reúne a espíritus afines. En el trayecto aproveché para sacarle fotos una vez más, diez añosdespués, y él me habló de ciertas memorias sobre su padre (Memoria) que acaba de publicar y deAcerca de la globalización, un ensayo pragmático que abunda en reflexiones en torno a los recursosen tiempos en que el socialismo ha dejado de ser una utopía para volver al tablero de diseño.





