•EL ASESINATO DE LOS VIOLA

Dejar caer las máscaras

Para ninguno de nosotros, ya jueces, ya abogados, este es un juicio más. Aquí se enfrentan de manera muy clara los desafíos que suele colocarnos la vida.

Dejar caer las máscaras
23-08-2026 | 23:06

Al comenzar mi informe in voce el miércoles en Tucumán, en el recurso de apelación contra lasentencia que denegara reabrir la investigación para determinar si los crímenes de Humberto y MaríaCristina Viola, asesinados brutalmente por el ERP el 1º de diciembre de 1974, eran o no de lesahumanidad, advertí que la cuestión de fondo que se debatía no era si el proceso se había clausuradoarbitrariamente sin investigación alguna; si se había negado a la pretensa querellante el derechode impulsar la investigación más allá de lo que hiciera el fiscal; si se habían desconocido a niñasque tenían tres y cinco años al momento de ser salvajemente acribilladas los derechos que elartículo tercero de la Convención de Ginebra de l949 les reconoce impidiendo atentar contra civilesen cualquier clase de conflicto armado.

La cuestión central en debate era la responsabilidad moral de los jueces para educar en laverdad, esa verdad que en la causa Viola se ha mantenido bajo presión.

Pero la verdad –como supo decirme Mario Eduardo Firmenich años atrás, al aceptar miinvitación a participar en un diálogo de reconciliación con Jorge Rafael Videla– es como uncorcho en el agua, se la puede mantener bajo presión un tiempo, pero finalmente emerge.

Hoy la gente comienza a exigir que se juzgue también a los guerrilleros.

Juan Bautista Alberdi advirtió en su hora que la justicia podía servir de instrumento del crimeny que nada lo demostraba mejor que la guerra misma.

La Cámara Federal admitió en el juicio a los comandantes que en la década del setenta, Argentinavivió una guerra revolucionaria; algunos fiscales y jueces lo niegan para no otorgar a las víctimasde la guerrilla la protección que el derecho humanitario internacional les reconoce.

No todos los miembros de los poderes públicos tienen la aguda conciencia moral de FrançoisMitterand quien, sabiéndose enfermo de cáncer, y pese al gran poder que detentaba, fue al encuentrode Jean Guitton para que le hablara de su Dios, para que le explicara qué es el juicio final.

La respuesta del eminente filósofo católico fue tan directa como lacerante: “Cesar dejustificarse, dejar caer las máscaras”.

Guitton pensaba que el juicio final no se improvisa, lo vamos preparando con nuestros actos detoda la vida, con las máscaras que podemos colocarnos para ocultar lo que verdaderamentepensamos.

No sé –dije a los miembros del tribunal– si tienen o no fe, pero sé que, como yo,habrán de enfrentar la hora inexorable de la muerte, esa hora donde estaremos a rostro descubiertoe ingresaremos en la profundidad de nuestra conciencia.

Para ninguno de nosotros, ya jueces, ya abogados, este es un juicio más. Aquí se enfrentan demanera muy clara los desafíos que suele colocarnos la vida. La opción entre la conveniencia o losvalores, la justicia o la política, el coraje o la cobardía.

Podemos actuar de dos maneras: con memoria ejemplar o con memoria literal. Los exhorto arescatar la verdad completa; los convoco a reconciliar la patria juzgando a todos los que olvidaronel sagrado valor de la vida.

Alberto Molinas, que había perdido cinco hijos que militaban en Montoneros, me dio un ejemploimborrable de lo que significa actuar con memoria ejemplar. Tenía claro cuál era su deber comopadre, como autoridad, y es por ello que en los últimos días de su vida hizo pública una carta quedecía: “Coincido totalmente en que hubo una responsabilidad de la clase política. No tomaronuna actitud clara como correspondía, no estuvieron a la altura de las circunstancias, difundieronla pedagogía de la violencia, la cual fue también proclamada en los colegios y en el púlpito. Elerror más trágico de guerrilleros, militares, políticos y educadores fue no haber respetado elvalor innato de la vida que vale por sí misma y no según lo que se piensa… Acá tenemos quesentarnos todos a hacer un mea culpa”.


*Abogado de la familia Viola en la demanda que se tramita en Tucumán.

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