•el ECONOMISTA DE LA SEMANA

Demasiados objetivos para pocos instrumentos

Más allá de sus connotaciones institucionales y políticas, el nuevo DNU que intentó apartar US$ 4.382 millones de las reservas está mostrando lo limitado de los instrumentos genuinos de que dispone el Gobierno, en contraste con una amplia gama de objetivos que se plantea.

Demasiados objetivos para pocos instrumentos
24-08-2026 | 08:06

Más allá de sus connotaciones institucionales y políticas, el nuevo DNU que intentó apartar US$4.382 millones de las reservas está mostrando lo limitado de los instrumentos genuinos de quedispone el Gobierno, en contraste con una amplia gama de objetivos que se plantea. Apelando a losdólares del Central se procuraba sostener otro año más el crecimiento del gasto público al ritmodel 30% anual, pero sin reparar en efectos colaterales negativos en materia de inflación ycompetitividad.
Cuando los agentes económicos advierten que se usan recursos extraordinarios en formarecurrente, resulta muy difícil ampliar el horizonte. No debe olvidarse que el riesgo recién habráde bajar en forma sustancial cuando los inversores, además de cobrar sus cupones, vean condicionespara reinvertir en el país.
Mientras tanto, deberían evitarse los escenarios extremos, asociados al desborde del gastopúblico y a la asfixia financiera para el cumplimiento de las obligaciones del Estado. De todosmodos, el clima político seguirá crispado, porque para cerrar los números fiscales y de deuda, sino cuenta con los dólares del DNU, el Gobierno deberá congelar (crecimiento cero) en 2010 laspartidas de subsidios y obra pública, ya que los ítems de salarios y jubilaciones subirán en formainercial un 30% interanual, existiendo además nuevos compromisos, como el “PlanHijos”.

Actividad. Los primeros datos de nivel de actividad de 2010 habían marcado lacontinuidad del proceso de recuperación iniciado en la última parte de 2009. Tanto en la industriacomo en el campo y en una amplia gama de servicios se perfilan guarismos positivos de producción yventas.
La recaudación de IVA, el impuesto más sensible al ciclo económico, había retornado alterreno positivo en términos reales en el último período, mostrando una paulatina recuperacióndespués de la recesión de 2009.
Justamente, el año pasado, lo colectado por el IVA mostró una caída del orden del 6,7% entérminos reales (utilizando para deflactar un mix de los índices de costo de vida de BaAsCity y SanLuis). Este descenso ya se había moderado en el último trimestre de 2009, pasando a -3,4%, siempreen términos reales. En el primer bimestre de 2010 la recaudación de IVA ya superó a la inflación enel orden de los 4 puntos porcentuales.
La mejora de este indicador fue precedida por el freno en la fuga de capitales, que habíaoperado desde octubre de 2009. La conexión tiene que ver con el hecho que cada dólar que deja defugarse pasa a alimentar la demanda interna y de allí su contribución a la recuperación de laeconomía y su reflejo en la recaudación de impuestos como el IVA, tan vinculados al ciclo (vergráfico al respecto)
El tema es que este comportamiento no puede extrapolarse para el resto del año, porque elcontexto internacional no está del todo consolidado y, a nivel local, el clima no es el mismo quese vivía en los últimos meses del año pasado. Por caso, en febrero habría recobrado fuerza la fugade capitales, ya que de 753,2 millones de dólares liquidados en el mercado de granos en las tresprimeras semanas, sólo un millón engrosó las reservas del Banco Central en igual período.
Tenemos entonces un indicador positivo que refleja la mejora en la demanda interna, pero unfactor explicativo (el freno en la fuga de capitales) que no se ha sostenido en el tiempo. Losdatos de marzo echarán más luz acerca de cuál es la tendencia.
En el trasfondo de esta ambivalencia de indicadores locales hay un mix de política económicaque no luce consistente: cuando la economía ya comenzó a recuperarse se intenta seguir conpolíticas fuertemente expansivas tanto en el plano fiscal como monetario.
Y, salvo momentos extraordinarios, lo recomendable es que haya un contrapeso entre ambosinstrumentos: si se aspira a crédito fluido y tasas de interés relativamente bajas, entonces lapolítica fiscal deberá ser mucho más moderada (y viceversa). De lo contrario, los resultadosesperados no se logran, porque pierden eficacia las políticas. Y no sólo eso: puede haber efectosno deseados que terminan llevando a un escenario más negativo que el del punto de partida.
Por ejemplo, si producto de las políticas que se implementan comienzan a aumentar laspresiones inflacionarias, entonces una opción a mano será la intentar que el tipo de cambio juegueel rol de ancla.
Pero eso llevará a acumular presión a futuro, aumentando los riesgos para un posteriorresurgir del fenómeno de la fuga de capitales. La otra posibilidad es una indexación generalizadade variables, pero esto tampoco abonaría un escenario sustentable en cuanto a crecimiento yempleo.

Gasto. Como hipótesis de trabajo puede considerarse que el objetivo para el gastopúblico en 2010 era sostener la variación en el 30% interanual. La recaudación, que ha mejorado enforma significativa, de todos modos apunta a un crecimiento de 23% anual, por lo que, para unapolítica fiscal expansiva, se requería de financiamiento extra. Dado que los mercados siguencerrados para la Argentina, la opción más atrayente son, evidentemente, las reservas del BancoCentral.
Por el lado monetario, mientras las expectativas de inflación medidas por la Universidad DiTella treparon al 25% anual, la tasa de interés por depósitos se ubica en el 9% anual promedio.
¿Cómo lograr que los depósitos bancarios se mantengan e incluso aumenten mes a mes? Elinstrumento parece ser, por el momento, contener el precio del dólar por debajo de los 3,90 pesos,de modo que los ahorristas perciban que, si bien están perdiendo contra la inflación, por lo menosle están “ganando” a la variación del tipo de cambio.
Esta estrategia parece estar apoyada en la convicción de que el superávit comercial habrá demantenerse cercano a los US$ 15 mil millones, debido al plus que la soja aportará a las cuentasrécord.
El problema está en que una política de “dólar quieto” con salarios que apuntan aactualizarse al 20% anual puede afectar la competitividad del sector industrial en forma acelerada.En el cuarto trimestre de 2009, el costo laboral unitario en dólares se ubicó en un nivel 92,8 parauna base 100 en el quinquenio 1997/2001. Aun suponiendo un avance importante de la productividad en2010, del orden de 3,4% anual, un tipo de cambio que se ubique en $ 4,12 o por debajo haría que, afin de este año, el costo laboral unitario en dólares supere el índice promedio del quinquenio1997/01, es decir, los guarismos pre-devaluación. Por supuesto que el precio del dólar puedesuperar esa cota, pero, en un contexto de política fiscal y monetaria expansiva, ¿qué sucederá conlas expectativas de inflación?
En el segundo semestre de 2007 la economía argentina vivió una situación parecida, pero conuna diferencia importante: había menos vencimientos de deuda y todavía se ostentaba superávitprimario, lo que le puso un techo a la suba del riesgo país, que pasó de 200 a 400 puntos básicosentre principios y fin de 2007.
Las tasas de interés por plazos fijos se situaban en torno al 9% anual, en un contexto en elque la inflación medida por oficinas provinciales traspasaba el umbral del 20% interanual, en buenamedida consecuencia de una aceleración del gasto público que, de subir 28,8% en 2006, llegó a un44,3% de variación en 2007.
Hasta 2006 fue posible mantener tasas de interés bajas en pesos (política monetariaexpansiva) porque el mix se completaba con una política fiscal moderada, con ingresos y gastossubiendo a similar ritmo y un superávit primario que se sostenía por encima de 3% del PBI. Además,subsistía “colchón cambiario”, es decir, había consenso acerca de que el precio deldólar en el mercado era superior al tipo de cambio de equilibrio, mientras que la inflación todavíaera de un dígito.
En 2010 no es posible lograr “todos los objetivos a la vez” y habrá que decidircuáles serán las prioridades. Lo más recomendable parecería ser optar por el apoyo a los factoresgenuinos de la recuperación de la economía, tanto en la industria como en el campo y los servicios,con un mix más consistente entre las políticas monetaria y fiscal, que sirva de plataforma paraampliar el horizonte de los agentes económicos. El hecho que el costo laboral unitario de laindustria medido en dólares se aproxime a los niveles de 2001 ilustra hasta qué punto estánlimitadas las opciones por el lado de los precios relativos, aumentando el riesgo de la indexacióngeneralizada si es que se pretende “forzar la marcha” en variables nominales.

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