•conductas

Democracia y plebiscito

Hay libros que de tan clásicos ya nadie lee. En La emboscadura (1951), también conocido en castellano como Tratado del rebelde, Ernst Jünger agrega una figura (el Emboscado) a las otras dos que, en su perspectiva, sostienen la fantasmagoría política de nuestro tiempo, el Trabajador y el Soldado Desconocido.

Democracia y plebiscito
22-08-2026 | 08:13

Hay libros que de tan clásicos ya nadie lee. En La emboscadura (1951), también conocido encastellano como Tratado del rebelde, Ernst Jünger agrega una figura (el Emboscado) a las otras dosque, en su perspectiva, sostienen la fantasmagoría política de nuestro tiempo, el Trabajador y elSoldado Desconocido. Como es sabido, el “sumario” del libro titula sus diferentescapítulos de tal modo que se arma una frase: “Las preguntas que se nos hacen vansimplificándose y exacerbándose. Llevan a disyuntivas, como lo muestran las elecciones. La libertadde ‘decir no’ es restringida sistemáticamente. Está destinada a dejar patente lasuperioridad de quien hace las preguntas y se ha convertido en un riesgo que se asume en un sitiotácticamente equivocado” (etc.).

Jünger analiza los grandes cambios que han afectado a los procesos eleccionarios de la políticamoderna: “Al aproximarse a nosotros con sus cuestiones, lo que de nosotros aguardan no es queaportemos una contribución a la verdad objetiva; más aún, ni siquiera aguardan que contribuyamos ala solución de los problemas. A lo que esos poderes conceden valor no es a nuestra solución, sino anuestra contestación a las preguntas que nos hacen”.

De ese modo, la consulta se aproxima al cuestionario, y la interrogación, al interrogatorio.

Si, en su origen, la papeleta del voto tiene como objetivo verificar relaciones numéricas yevaluarlas, averiguar qué es lo que el votante quiere, el proceso electoral se orientaba a que esavoluntad del votante pudiera expresarse con limpieza, sin sujeción a influencias ajenas (comocorresponde a un acto de soberanía popular).

Jünger se refiere a la pérdida de esa seguridad, de esa libertad y de esa soberanía, señalandoque al votante se le exige ahora que genere unos documentos que están calculados para provocar suruina. “¿Por qué, pues, votar, es decir, elegir, en una situación en que ya no quedaelección?”, se pregunta Jünger.

El votante se ve confrontado a una pregunta tal, que resulta recomendable contestarla en elsentido deseado por quien la hizo, y ello por motivos aplastantes. Pero la verdadera dificultadestá en que al mismo tiempo debe conservarse la ilusión de libertad.

Subrepticiamente, dice Jünger, se reemplazan las elecciones libres por los plesbicitos.

En los sitios donde el plebiscito se disfraza con la modalidad de las elecciones libres seconcederá valor a mantener secreto su verdadero carácter plesbicitario.

La Dictadura pretende de ese modo aducir una demostración no solamente de que se apoya en lamayoría, sino de que el aplauso de ésta tiene al mismo tiempo sus raíces en la libre voluntad decada cual. El arte del caudillaje no consiste sólo en plantear bien la pregunta, sino, a la vez, enescenificarla bien. La puesta en escena tiene la misión de presentar el proceso como un coroavasallador, que mueve a terror y admiración.

Ese fue el motivo, piensa Jünger, de que fracasaran todas las numerosas tentativas de retornar ala República en la época de los césares de Roma. De repente, aquella población (obsesionada por eltemor a los tiranos) que había fundado la República se precipitó a la servidumbre y otorgó a unsoberano el poder institucional más ilimitado que podía concebirse. Los republicanos habíansucumbido en la guerra civil o bien habían salido de ella tan cambiados que ya no sabían cómo nipara qué resistir a la Dictadura.

“La emboscadura, en cuanto conducta libre en la catástrofe, es independiente de lasfachadas político-técnicas y de sus agrupaciones.”

También en Perfil