El general Carlos Toranzo Montero fue un hombre clave para lo que sobrevendría. El fue ideólogoprincipal de la transformación del ejército en fuerza de represión anticomunista, él trajo desde1.957 oficiales franceses para entrenar a militares argentinos en técnicas contrainsurgentes, enmétodos de tortura, y fue el gran introductor de la doctrina de seguridad nacional.
Toranzo Montero colocaba al ejército, definitivamente, a las órdenes de la JuntaInteramericana de Defensa, es decir del Departamento de Defensa norteamericano, y así lo informó enuna reunión de generales el 14 de marzo de 1960. Bajo su mando, la fuerza recibió una misión deinstructores norteamericanos, y oficiales argentinos empezaron a recibir entrenamiento en bases delos Estados Unidos.
En ese contexto comenzó a operar Uturuncos. En la Nochebuena de 1959, los tres policías quequedaban en la comisaría de Frías, en Santiago del Estero, dejaron las botellas de sidra cuandovieron llegar a esos hombres salidos de la noche. Poco habrán entendido al verse encañonados porarmas largas y menos habrán sabido que tenían delante de ellos a un comando guerrillero conducidopor el comandante Puma, el alias usado entonces por Félix Serravalle.
Los uturuncos, “hombres tigre” en lengua quechua, según la leyenda indígena eraninmunes a las balas y peleaban por sus hermanos de raza. Los nuevos uturuncos, no más de veinteperonistas conducidos ideológicamente por John William Cooke, instalaron campamento en el noroestetucumano, en El Calao y en el cerro de Cochuna, a unos 80 kilómetros de la capital de la provincia.
Uturuncos operó poco: incendiaron una gomería de una firma extranjera en Concepción,tirotearon un cuartel de bomberos, quemaron un depósito de granos y asaltaron un destacamentopolicial del Ferrocarril Mitre, además de la toma de la comisaría de Frías. La izquierda los aislópor completo –en verdad, la naturaleza de su actividad hacía inevitable la soledad– yel Partido Justicialista bramó contra ellos. Entretanto, la persecución policial se hizo implacabley Uturuncos decidió disolverse.
De esa experiencia guerrillera hay pocos datos de filiación conocidos.
En verdad, Uturuncos formó parte de las diferencias entre Cooke y el general Miguel AngelIñíguez, jefe de la Central de Operaciones de la Resistencia Peronista (CORP), del cual dependía elMovimiento Ortodoxo Peronista Independiente, conducido por el coronel Federico Gentiluomo. Unaprofusa red de organizaciones menores estaba coordinada por esos organismos, mientras un sistema deenlace había dividido al país en zonas o teatros de operaciones. En ese racimo de agrupamientoshabía de todo, e incluía grupos como la filonazi Alianza Libertadora Nacionalista.
Uturuncos fue un intento de Cooke y del capitán Aparicio Suárez por empezar a trabajarindependientemente de Iñíguez, a quien veían involucrado en trenzas y acuerdos para acceder acargos y beneficios varios. Por lo demás, la CORP era el única encargada de conseguir armamentocada vez que se preparaba una operación. Uturuncos, por tanto, tuvo el propósito de romper esadependencia respecto de los militares peronistas.
Aquella veintena de guerrilleros procedía básicamente de la militancia urbana, sobre todouniversitaria, y su heterogeneidad la indica el hecho de que había tantos miembros de la AlianzaLibertadora como del Partido Socialista de la Revolución Nacional, orientado por Jorge AbelardoRamos. Esperaban incorporar más tarde otros 150 efectivos que jamás llegaron y levantar en armas atodo el norte argentino.
La conducción justicialista utilizó en principio a Uturuncos para presionar al gobierno (elpropio Perón lo hizo), pero rápidamente los abandonó y, por último, los declaró representantes de“ideologías extrañas a la tradición cristiana de nuestro movimiento”.
El 10 de enero de 1960 el campamento guerrillero amaneció rodeado por centenares de policías,quienes sólo encontraron y detuvieron a tres militantes. El resto se había dispersado hacia laciudad de Tucumán o cruzado la frontera boliviana. Así terminó la primera experiencia guerrilleraperonista, pero en ella empieza a anunciarse un futuro alucinante.
En ese mismo 1960, en noviembre, militares peronistas al mando del general Iñíguez atacaronel Regimiento 11 de Infantería, en Rosario. El fuego de ametralladoras fue intenso y allí quedaronlos primeros muertos y los heridos iniciales del combate: el soldado Osorio, el capitán Mackinlay yel sargento primero Guillermo Valdez murieron en defensa de la guardia antes de que el puestoquedara en poder de los atacantes y el grueso de la tropa se replegara hacia el interior delregimiento, hacia el casino de oficiales donde lograron instalar una base de fuego al mando deljefe de la unidad, coronel Navas. Aproximadamente a la 1,20 empezó el ataque al casino, pero laembestida fue rechazada y en esa acción cayó el segundo jefe del comando rebelde, coronel Barredo.A las dos, la defensa había logrado reorganizarse, y a las 2,10 la guardia quedó nuevamente enmanos de los mandos del cuartel. Los atacantes se reagruparon como pudieron en distintos puntos dela unidad y, pocos minutos después, Iñíguez huyó con otros oficiales en un par de coches aunque elcombate continuaría hasta pasadas las siete de la mañana.
El domingo 13 de noviembre, un allanamiento en la calle Itaquí 6676, en Villa Lugano, dio porresultado el secuestro de una cantidad de explosivos, armas y municiones. El procedimiento estuvo acargo de la temida división de Coordinación Federal de la PFA, por orden del Consejo Especial deGuerra Nº 1. En esa dirección de Lugano funcionaba una fiambrería, en un local alquilado desdehacía años por José Malianuk.
En la fiambrería de Malianuk había gelignita, envuelta en papel engrasado para preservarla dela humedad, además de cajas con municiones y cargas de las llamadas “cucaracha”–unas bolsitas de polietileno duro relleno con explosivos–, que se usaban para atentarcontra vías ferroviarias y podían dispararse con morteros. Se encontraron granadas caseras, hechascon un caparazón metálico relleno con gelignita, a la que se añadían tuercas de contención,espoletas y alambres preparados especialmente para cumplir la función de detonadores.
Coordinación Federal secuestró también, según el propio parte policial, caños de hierro de ¾,de 25, 45 y 80 centímetros de largo, en los cuales se introducía gelignita cristalizada: he ahí,literalmente, los denominados “caños”. En el mismo procedimiento se incautaron cables,resortes, rollos de mecha, gelignita cristalizada y en bruto, fulminato de mercurio y ampollas conácido, además de cachiporras fabricadas con resortes gruesos a los que se soldaba una munición deacero en uno de sus extremos. El listado resulta interesante porque ésas eran, más o menos, lasarmas empleadas por la resistencia.
Poco antes se había allanado una fábrica clandestina de explosivos en Las Heras 1282, enRamos Mejía, un galpón perteneciente a dos hermanos de apellido Maidana.
Entre los detenidos durante y después de esos procedimientos figuraba Diego Claudio Francia,a quien apodaban El Francés; éste, según el diario La Nación “respondía a directivas delgeneral Iñíguez”.
Sin embargo, Francia estaba vinculado con operaciones provistas por el arsenal secuestrado enla fiambrería de Malianuk y, de acuerdo con ese mismo diario, entre tales operaciones figurabanrobos para adquirir armas y medicamentos destinados a Tucumán, a Uturuncos. Por ejemplo, en ellocal de Malianuk había paquetes de algodón de un kilo cada uno, antibióticos y pomadas contrainfecciones. Esto es: todo indica que ni Malianuk, ni Francia ni Eduardo Fernández Rojo–asociado con los anteriores y buscado intensamente por la policía– respondían al mandode Iñíguez sino, por el contrario, al de John William Cooke y el capitán Aparicio Suárez.
El Regimiento11 era una guarnición de 900 efectivo, con cuatro tanques Sherman y otros tresblindados livianos. Poco antes de comenzado el ataque, a las 0.10 de la madrugada, estalló unabomba en Murguiondo 678, Villa Alsina, donde vivía Daniel Caián, un dentista militar. A las 0.24volaron las vías del Ferrocarril Roca a la altura del kilómetro 10, entre Lanús y Remedios deEscalada, y enseguida otro tramo a cinco cuadras de la estación Lanús. El servicio de trenes quedóinterrumpido. A las 0.40 se produjo un nuevo ataque con bombas, ahora en Alsina 274, Avellaneda,donde funcionaba el comando de la II Región Militar. A la 1.10, otro atentado dejó inútil la cámarasubterránea de conexiones de Teléfonos del Estado en Pavón y Urquiza, Lanús. Todas esas acciones,claro está, apuntaban a respaldar a los atacantes del Regimiento 11.
Simultáneamente, un grupo de militares y civiles peronistas, a la una de la mañana, atacabacuarteles, puestos policiales e instalaciones petroleras en Tartagal, Vespucio y General Mosconi,en Salta. Allí, los combates se estirarían hasta cerca del mediodía.
En Tartagal, a las cinco de la mañana, el teniente coronel Eduardo Escudé logró ocupar elbatallón Monte Escuela, y desde esa unidad proclamó su lealtad al mando del general Iñíguez. A las6.20 estaban ocupados por rebeldes todos los edificios públicos de esa ciudad y a las 10.30continuaba tomado el campamento Vespucio por un comando dirigido por el ex diputado peronista TomásRyan. Esa posición fue recuperada por el gobierno pasadas las 11.
A las 17.30, en Buenos Aires, pedían asilo en la embajada uruguaya el coronel Rubén Berazay,el mayor César Quiroga y el capitán Oscar Quiroga. Al mismo tiempo, había 30 civiles detenidos y seencontraban prófugos Iñíguez y el teniente coronel Aníbal César López, junto con el capitán Campos.Otros tres oficiales estaban presos. Entretanto, en Salta quedaban apresados Escudé, Ryan, LidoroAvila, el suboficial Luis Clavel y una decena de civiles. Entre los militares detenidos en Rosariose encontraba el capitán en actividad Roberto Sánchez, alumno de la Escuela Superior de Guerra. Encuanto al coronel Barredo, muerto en combate dentro del R11, durante el gobierno peronista habíasido agregado militar en la embajada argentina en Francia y, luego, ayudante de campo delsecretario general del Ejército, general Humberto Sosa Molina.
De todos estos hechos, queda para el análisis un dato clave: no hubo en lugar alguno del paísun solo paro, una sola movilización, una sola manifestación de respaldo obrero a la acción de losmilitares peronistas.
Fue por entonces que comenzó la verdadera prehistoria de Montoneros.
*Periodista y escritor.




